Tribuna

Una hoja de ruta para Europa y España

Desde el Tratado de Roma en 1957, los periodos durante los cuales la integración europea ha avanzado han coincidido con el crecimiento económico de sus principales integrantes. Inversamente, si sus miembros están sumidos en la recesión o estanflación, la profundización en la integración económica y política europea se estanca. La media de crecimiento de los miembros de la UE en 2015 fue del 1,9%, tasa aparentemente baja pero más sólida si se considera que la de la economía internacional fue del 3,1%, China no alcanzó el 7% y muchos emergentes (Rusia, Brasil, Turquía, Sudáfrica) se hallan en recesión o pagan su excesiva dependencia de la exportación de materias primas (agrícolas y metales) e hidrocarburos y la entrada de inversiones no productivas.

España fue campeona en crecimiento entre las grandes economías desarrolladas en 2015. En el tercer trimestre, nuestro PIB aumentó a una tasa anual del 3,4% y la cifra final para 2015 será superior al 3,1%. El débil euro y la subida de tipos por parte de la Reserva Federal a inicios de diciembre continuarán estimulando las exportaciones de la eurozona y las españolas, que en los tres primeros trimestres de 2015 han aumentado un 4,4%. El BCE mantendrá su política expansiva mediante la compra de bonos en el mercado secundario para combatir la deflación y fomentar el crecimiento de los 19 países que comparten el euro.

La crisis de la eurozona ya es historia. Los inversores ya no apuestan contra los periféricos a pesar del triunfo de la izquierda en Portugal y la necesidad de otorgar un tercer paquete a Grecia. En este contexto económico positivo, los líderes europeos pueden y deben aprovechar una extraordinaria ventana de oportunidad política. Después de las españolas, discurrirán años hasta que Francia (junio 2017), Alemania (octubre 2017), Italia (2018), Polonia (2019) y Reino Unido (2020) deban celebrar elecciones generales. Los presupuestos de la UE están asimismo fijados hasta 2020, evitando difíciles negociaciones sobre las prioridades de inversión de la UE hasta el tramo final de la actual perspectiva financiera (2014-2020).

Esperemos que Cameron no pida más devolución de competencias que las que la UE puede otorgar y consiga ganar el referéndum para mantener a Reino Unido en la UE. Esperemos también que la población española no desbarate su propio esfuerzo de haber permitido mediante una devaluación interna la creación de un millón de empleos entre julio de 2014 y finales de año y mantenga una actitud positiva. Asimismo, el Gobierno, en el presupuesto para 2016, ha podido incrementar las inversiones, reducir impuestos, devolver las pagas a los funcionarios e incrementar las pensiones, porque nuestra prima de riesgo apenas supera los 100 puntos y pagamos un porcentaje inferior (1,70%) al de Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Singapur o Corea para colocar nuestro bono a diez años.

Con un panorama político y económico despejado, los líderes europeos deben hacer frente a los retos planteados por la inmigración, el terrorismo, el envejecimiento de la población, la competitividad y la seguridad energética. Algunos de dichos retos se pueden superar precisamente porque están relacionados con nuestros desafíos. De una manera ordenada y asegurando que no presentan un riesgo, los 800.000 sirios que ya se encuentran en territorio europeo deben ser acogidos por los países con menores tasas de paro y mayor envejecimiento de sus poblaciones –Alemania y los septentrionales–. Además de aportar una mano de obra cualificada y rejuvenecer la población, nuestra generosidad con los inmigrantes sirios será valorada en el mundo musulmán.

La cumbre sobre el clima de París consiguió un acuerdo que obliga por primera vez a los países emergentes, así como a los desarrollados, a reducciones obligatorias de sus emisiones de gases invernadero. La UE debe seguir apostando por un crecimiento sostenible e invirtiendo en las energías renovables, en la eficiencia energética y las tecnologías verdes que crean empleo y potencian nuestra competitividad y seguridad energética. Pero nuestras empresas deben continuar compitiendo en un mundo que no comparte nuestra pasión por evitar el cambio climático. Por ello, debemos construir más centrales nucleares y explotar el gas y el petróleo de esquisto que han convertido a Estados Unidos en el primer productor mundial de gas natural y petróleo en 2015.

Los reactores nucleares con tecnología occidental nunca han padecido un accidente con víctimas mortales, con la excepción de Fukushima, que está situada sobre una falla sísmica. La conclusión del Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión con Estados Unidos establecería un mercado único transatlántico e incrementaría el empleo y la competitividad. Los atentados del Estado Islámico obligan a ahondar en la colaboración policial y de seguridad europeas. Podemos asimismo contribuir a financiar un plan Marshall para el mundo árabe. Con una aportación de 5.000 millones de euros por parte de cada integrante del G20 contaríamos con una cantidad equivalente al PIB de Eslovaquia para proyectos en infraestructura, energía y formación que beneficien a nuestras empresas y ofrezcan una visión alternativa a los jóvenes vulnerables de radicalización.

Alexandre Muns es Profesor EAE Business School