Tribuna

'Casablanca' es puerto seguro

El 6 de octubre, el Tribunal de Justicia Europeo (TJE) publicó su decisión sobre el caso C-352/14. Entre sus conclusiones dentro de la decisión prejudicial relativa al procedimiento de Max Schrems contra el Comisionado de Protección de Datos de Irlanda, estaba la declaración como no válida de la decisión 2000/520, el llamado Acuerdo de Puerto Seguro entre Estados Unidos y la Unión Europea. Para muchos expertos y activistas de los derechos de los ciudadanos, la decisión del TJE no ha sido una sorpresa. Aún más, se ha comparado la reacción de sorpresa con la decisión del tribunal de muchos funcionarios europeos y estadounidenses con esa escena memorable de Casablanca, cuando el capitán Renault expresa su conmoción cuando le comunican la existencia de juegos de azar en el café de Rick.

El Acuerdo de Puerto Seguro fue diseñado como puente imaginativo entre las diferentes culturas al respecto del manejo de los datos personales en ambos lados del Atlántico. En el lado europeo, es considerado como una cuestión relacionada con los derechos ciudadanos. En el lado estadounidense, el manejo de datos personales forma parte de las relaciones comerciales y se relaciona con los derechos del consumidor. La autocertificación del cumplimiento de las garantías europeas de protección de datos por las empresas americanas pareció la solución ideal. El caso Snowden situó las cargas explosivas y el puente ha sido volado con la decisión del TJE. Ganamos en garantías de nuestros derechos, pero es el momento de analizar las consecuencias económicas en ambas riberas del Atlántico.

Como se esperaba, EE UU ha mostrado su enfado con la decisión del TJE. La Embajada norteamericana en Bruselas ya había publicado la semana anterior una declaración inusual sobre el dictamen previo a la decisión del abogado general del tribunal. La embajada advertía del “daño importante a la protección de los derechos individuales y el libre flujo de la información que se produciría si se siguiera la opinión del abogado general”. La molestia de EE UU es fácil de entender. El libre flujo de datos es uno de los pilares de la economía estadounidense, sustentado sobre la base de que el país es el vórtice de los servicios digitales. El análisis de la OCDE de los sitios de internet más importantes del mundo sugiere que los servicios basados en datos se concentran de forma desproporcionada en EE UU, que alberga a más del 50% de todos los hosts alojados en dominios principales en el área OCDE. Por su parte, RJMetrics ha estimado que más del 55% de los científicos de datos del mundo se encuentran en EE UU. La decisión del TJE podría introducir un cambio radical en el escenario de la economía de datos, que podría llevar a una importante migración de infraestructuras tecnológicas y puestos de trabajo de EE UU a la UE. Proveer los servicios digitales desde suelo europeo podría proporcionar a las tecnológicas americanas una manera menos gravosa de mantenerse dentro del cumplimiento de la normativa de protección de datos europea.

Podría parecer que las consecuencias de la decisión del TJE son solo positivas para Europa. Sin embargo, no hay que precipitarse en las conclusiones. Entre 2008 y 2012, la capacidad de los cables de comunicaciones submarinos entre EE UU y Europa creció a una tasa promedio anual de 19%. El aumento de los obstáculos para este intercambio de datos con la aplicación de la decisión del TJE podría tener grandes consecuencias también para la maltrecha economía europea. De acuerdo con el Ecipe, en un escenario extremo sin flujo de datos personales hacia dentro o fuera de la UE, la economía europea perdería un 1,1% del PIB. Existe el riesgo de que la actividad económica derivada del flujo de datos entre EE UU y la UE pueda emigrar a la cuenca del Pacífico. El recientemente acordado TPP entre EE UU y varios Estados del Pacífico incluye medidas para promover el libre flujo de datos.

La decisión del TJE ha creado un escenario perjudicial tanto para EE UU como la UE. Sin embargo, puede haber sentado también las bases de una gran oportunidad. Después de años de vivir en la ficción de un acuerdo ya es hora de salir fuera de Matrix y llegar a una solución real. El nuevo acuerdo debe ser respetuoso con los principios compartidos de los derechos humanos, pero al mismo tiempo apoyar la innovación y el comercio basado en las tecnologías digitales. Volviendo a Casablanca, esto no debe ser el final de la historia, sino el comienzo de una hermosa amistad.

Emilio García García es expresidente de ASTIC

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