La firma vasca opera en 64 países

Un paseo en bicicleta que ya dura 175 años

Como otras empresas de Eibar, comenzó fabricando armas

Hoy es uno de los productores más reconocidos en el mundo de este vehículo

Un paseo en bicicleta que ya dura 175 años

La cuenca del río Deba fue testigo de lo que, a finales del siglo XIX y primeros años del XX, fue un auténtico apogeo de la industria de armas de la zona. Éibar, hoy un municipio guipuzcoano de menos de 30.000 habitantes, fue su centro neurálgico, y una referencia en esta industria a nivel nacional y europeo por su organización y seriedad. Muchas fueron las empresas que surgieron. Entre ellas, la que en 1840 formaron Juan Manuel, Mateo, y Casimiro Orbea Murua: Orbea Hermanos.

En un pequeño taller, rodeada de otros negocios armeros, Orbea Hermanos fue creciendo año a año, intentando diferenciarse de su competencia. Su estrategia se basó en importar patentes de otros países y en dotar a sus productos de un valor añadido, como el pulimiento. En 1860, el taller ya era una empresa con el letrero Orbea Hermanos a la entrada. Y en 1895, ya eran medio centenar los trabajadores contratados, con una producción anual de 80.000 pistolas, en la que se considera la primera fábrica de Éibar. Ese año, la gestión pasa a la segunda generación de la familia, tras el fallecimiento de todos los fundadores. Pero el crecimiento siguió.

En 1906 ya eran 406 los empleados, y la tasa de exportación, del 90%. Con el fin de reforzar el crecimiento, Orbea se inicia en la producción de cartuchos, y abre una planta en Argentina que llegó a producir más de 36 millones de cartuchos al año.

Cronología

1840. Juan Manuel, Mateo y Casimiro Orbea abren un taller dedicado a la producción de armas cortas en Eibar, localidad que durante la época fue uno de los grandes núcleos de esta industria en España. El Gobierno era su principal cliente

1860. El taller ya toma forma de empresa, la más importante del sector armero en Eibar. Las instalaciones amplían su tamaño y también el número de trabajadores. En la puerta de la fábrica, se puede ver por fin el letrero que daba nombre a la compañía: Orbea Hermanos.

1895. La siguiente generación de la familia se hace cargo del negocio. Ese año, Orbea Hermanos produce 80.000 pistolas y tiene en nómina a cincuenta personas. Ya es, propiamente, una fábrica, la primera de Eibar.

1916. La Primera Guerra Mundial provoca un crecimiento rápido y sin precedentes en la empresa. La plantilla supera las 1.000 personas y la fábrica llega a exportar más de 700.000 armas al año. Sin embargo, el fin del conflicto hace caer la demanda aún con mayor rapidez a como creció.

1930. La empresa cambia su nombre a Orbea y Cía. y deja de producir armas. Comienza su etapa como fabricante de bicicletas, que le genera un importante éxito en sus primeros años de andadura. Al finalizar la Guerra Civil, había recuperado su tamaño en cuanto a personal, dando empleo a más de 1.000 personas, que producían alrededor de 50.000 bicicletas.

1969. El descenso de la demanda durante la década de los años 60 pone a la empresa al borde de la quiebra. Los trabajadores deciden formar una cooperativa y hacerse con el control del negocio. Esteban Orbea, hasta entonces responsable de la compañía y último miembro de la familia fundadora, permite seguir usando el apellido. En 1971, la empresa es absorbida por Mondragón.

1985. Perico Delgado gana la Vuelta a España con el equipo ciclista Orbea.

1997. La empresa decide transformar su producto, y hacerlo más innovador para atraer demanda exterior. Se lanza a  EE UU, Japón y Australia. La expansión, 18 años después, ha llegado a 64 países.

Los años previos y posterior explosión de la I Guerra Mundial supuso un gran incremento de producción para la empresa, con más de 725.000 pistolas exportadas en 1916. La plantilla superó las 1.000 personas y fue necesario levantar un nuevo pabellón para poder soportar el nivel de producción. Pero el fin del conflicto puso a prueba una Orbea sobredimensionada.

En los años posteriores, siguió fabricando armas, además de equipos industriales de la época, como fresadoras o prensas. En 1924 fabricó 40.000 armas, la mitad que en 1895.

Esa cantidad se reduce paulatinamente, y se plantea relanzar la actividad de la compañía, aprovechando su especialización con el hierro y los metales. En 1930 se convierte en Orbea y Cía. y comienza la fabricación de bicicletas, que promociona dando nombre a un equipo ciclista. Y con éxito. A la conclusión de la guerra, Orbea vuelve a contar con un millar de empleados, y ya fabricaba cerca de 50.000 bicicletas, fruto de la demanda de un país empobrecido que buscaba medios de transporte baratos y que le hicieran sentir libre. Dio un paso en su expansión con la fabricación del ciclomotor Velosolex, pero la caída de la demanda en los años 60 lleva a la empresa a una situación crítica.

Esteban Orbea estaba entonces al mando. Era el último miembro de la familia fundadora, y tenía sobre él la presión de un posible cierre que dejase en la calle a sus 1.500 trabajadores. Éstos tomaron la iniciativa y formaron una cooperativa, y pidieron permiso para seguir utilizando el nombre de Orbea.

Empieza una nueva era para la empresa, que en 1971 entra a formar parte del grupo Mondragón, y en 1975 deja Éibar, donde había permanecido desde 1840, para trasladarse a Mallabia. Los siguientes no fueron buenos años para Orbea. La crisis del petróleo también le golpeó, y los empleos se eliminaron al mismo ritmo que caían las ventas. A principios de los 80 quedaban 200 personas. Durante esos años, la estrategia de negocio estuvo basada en la supervivencia. Comercializaba modelos de gamas medias y bajas, y en su gran mayoría en el mercado español, pese a que en el resto del mundo las ventas seguían al alza y comenzaba el fenómeno de la bicicleta de montaña. También se centró en la creación del equipo ciclista que llevaba su nombre, y que contó con figuras de la época como Perico Delgado.

La posterior aparición de Miguel Indurain, ganando cinco Tour de Francia y dos Giro de Italia, supuso un boom ciclista en España. Las ventas de bicicletas se triplicaron, y Orbea, siguiendo la misma estrategia, encontró su sitio. Pero la retirada de Indurain a finales de 1996 coincidió con el descenso de más de la mitad del mercado. Orbea se asomaba al precipicio, por lo que tenía que tomar decisiones: seguir el mismo plan o decantarse por un producto de valor añadido y atractivo para el mercado exterior. Apostaron por la segunda, y acertaron.

Con un importante esfuerzo inversor, Orbea se lanzó a las gamas medias y alta, tanto en bicis de carretera como de montaña, innovadoras en su composición y producción, y unificando sus marcas en una, la matriz. Producto de ese proceso fue la Orbea Orca, elaborada con fibra de carbono. A nivel internacional, se lanzó de forma simultánea a varios mercados donde había una demanda de productos de alto nivel: EE UU, Japón y Australia, además de la Unión Europea, a través de minoristas especializados. Hoy, está en 64 países, vendiendo alrededor de 250.000 unidades al año, y sus bicicletas están en las mejores competiciones del ciclismo en carretera.

Haciendo afición a través de las grandes vueltas ciclistas

Perico Delgado, en su etapa del Orbea
Perico Delgado, en su etapa del Orbea

Si algo ha sabido hacer Orbea, además de tomar decisiones acertadas en sus momentos más críticos, ha sido hacer llegar su marca a su principal público objetivo: la afición ciclista. Durante los años 30 ya dieron nombre a un club amateur, algo que repitió a finales de los años 70 y principios de los 80, convirtiéndose en una de las canteras más importantes del ciclismo vasco. En 1984 da el paso a la competición profesional, lo que haría durante la siguiente década, ya fuese como patrocinador principal o como secundario, en asociación con otras marcas como Seat, Gin MG, Caja Rural o Artiach. En 1985 fichan a Perico Delgado, que consigue para el equipo su gran triunfo, la Vuelta a España de ese año, además de una etapa del Tour de Francia. En el equipo corrían otros ciclistas de primer nivel de le época como Jokin Mujika o Peio Ruiz Cabestany. A finales de los 90, Orbea abandona la primera plana, pero se convierte en el proveedor del equipo Euskadi, que posteriormente competiría bajo el nombre de Euskaltel. En 2008, el ciclista español Samuel Sánchez ganaría el oro en los JJOOde Pekín sobre una Orbea. La marca también esponsoriza a equipos profesionales de bicicleta de montaña, especialidad que también le ha reportado prestigio.

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