El Foco

Si Grecia va a permanecer...

Si Grecia va a permanecer en el euro la política debe ceder terreno a la economía. Durante las últimas semanas hemos asistido a una tediosa negociación entre Grecia y sus acreedores. Las diferencias entre las partes eran mínimas. Ambas coincidían en la inmensa mayoría de las reformas a aprobar y en la necesidad de estudiar un proceso de restructuración de la deuda pública. El principal escollo era político: qué mensaje iba a enviarse en caso de que los matices fueran más favorables para unos u otros. Económicamente, el acuerdo era (y es) el escenario óptimo.

Si Grecia va a permanecer en el euro el gobierno heleno debe profundizar en la senda de reformas iniciada en mayo de 2010. No se trata de un capricho de los acreedores para demostrar su posición de fuerza. El euro no puede sobrevivir sin convergencia económica. Los países de un área monetaria deben parecerse entre ellos para que esta pueda funcionar de manera eficiente.

Si Grecia va a permanecer en el euro la política económica de Tsipras debe ajustarse a la realidad del país. Primero, a través de la aprobación de reformas que no se limiten a acuerdos parlamentarios, como sucedió con anteriores Gobiernos. Esto obliga a Grecia a tomar medidas reales en materia fiscal, de pensiones, de mercado de trabajo y de sistema financiero. Segundo, mediante el impulso de una senda de estabilidad institucional que reduzca la incertidumbre y favorezca el retorno al dinamismo que Grecia apuntaba antes de la entrada de Syriza en el Gobierno. La deuda pública griega será sostenible si se alcanzan crecimientos nominales del 2%, como señala Paul De Grauwe.

Si Grecia va a permanecer en el euro debe estudiarse seriamente la restructuración de su deuda pública. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como las instituciones europeas han reconocido, formal e informalmente, que una restructuración es difícil de evitar. Primero, por los enormes problemas de liquidez del Gobierno. Segundo, por el coste que han tenido estas semanas de negociación sobre el sistema financiero. Finalmente, porque puede ser una herramienta que incentive la actividad económica y facilite el proceso de ajuste del sector público. La restructuración hoy, se argumenta, favorecerá la devolución de la deuda mañana. Dicha restructuración debe venir precedida de las reformas mencionadas. Es necesario evitar los problemas de riesgo moral.

El euro no puede sobrevivir sin convergencia económica. Los países de un área monetaria deben parecerse

Si Grecia va a permanecer en el euro los ciudadanos griegos deben comprender a lo que se enfrentan. Los datos del referéndum del pasado día 5 de julio, y los de las encuestas sobre la continuidad del país en la moneda única, sugieren un cierto desconocimiento de lo que ambas opciones implican. El pueblo griego ha manifestado dos voluntades difíciles de conciliar: el rechazo a las reformas económicas y el deseo de continuar en el área monetaria. La pertenencia de Grecia al euro, como la de cualquier otro país, está supeditada a la convergencia antes mencionada. Quien libremente opte por unirse a un área monetaria debe saber que la adaptación económica e institucional no una opción. Es, como señala Robert Mundell y toda la literatura económica sobre la cuestión, inevitable.

Si Grecia va a permanecer en el euro los ciudadanos europeos deben preguntarse si es lo que realmente quieren. Una pregunta que cada país debe formularse sobre el resto y sobre sí mismo. Pertenecer a un área monetaria significa creer en un proyecto común a largo plazo. Implica compartir visión y políticas con ciudadanos de distintos países, con preferencias e intereses heterogéneos. ¿Quiere el votante alemán compartir instituciones con representantes españoles? ¿Y viceversa? ¿Y con partidos políticos holandeses, italianos o franceses?

La política económica griega debe ajustarse a la realidad del país. Necesitan medidas reales en materia fiscal

Si Grecia va a permanecer en el euro debe profundizarse en el proceso de convergencia institucional impulsado tras el estallido de la Gran Recesión. Cuando en 2010 la crisis de deuda soberana golpeó a Grecia, Irlanda y Portugal, las instituciones europeas, no estaban preparadas para atajarla. Desde entonces se ha avanzado en la unión bancaria y se han dado los primeros pasos para el establecimiento de una unión fiscal. La cesión de soberanía en estas materias es una condición necesaria para la consecución de una mayor estabilidad económica y financiera.

Si Grecia va a permanecer en el euro, y el euro va a seguir siendo la moneda común de los europeos, debe trazarse una estrategia a largo plazo. Es necesaria una estructura de incentivos que favorezca la mutualización de la deuda en aquellas economías que estén preparadas para ello. Los países que requieran de más tiempo y reformas para adaptarse a la deuda común han de tener la oportunidad de hacerlo. Igualmente, debe preverse qué hacer en caso de que un país, de manera soberana, por razones económicas o políticas, decida no continuar usando la moneda común. La existencia de instituciones fuertes, con una visión estratégica, es fundamental para disminuir la incertidumbre que cualquiera de estos escenarios sin duda generaría, y para que el proyecto europeo pueda resurgir.

Dicho resurgimiento solo puede darse en caso de que lo institucional y lo económico vayan de la mano. En Grecia y en el resto de la eurozona. De lo contrario nos encontraremos ante un matrimonio de conveniencia abocado al fracaso o ante un avance indolente, con trompicones constantes. Hay mucho que hacer para que Grecia pueda permanecer en el Euro. Y aún más para que el Euro pueda operar a largo plazo de manera eficiente.

Gonzalo Gómez Bengoechea es profesor y colaborador de la facultad de ciencias económicas de la Universidad Pontificia Comillas.

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