Editorial

Un sector que recupera el músculo

El sector textil español ha ido cogiendo velocidad en los últimos meses hasta registrar su mejor racha de crecimiento desde 2006. Al cierre del primer semestre, los comercios de este mercado habían incrementado sus ingresos un 5,3% respecto al mismo período del año anterior. Y lo han hecho con crecimientos en todos los meses que componen la primera mitad del año, lo que unido a los registrados en 2014 les ha permitido encadenar un total de diez al alza. La previsión de la patronal Acotex es cerrar el año con un avance de entre el 4% y el 5% y recuperarse “poco a poco” de las caídas registradas en los últimos siete años. Más allá de esas previsiones, las cifras confirman claramente el cambio de tendencia vivido en el sector, fruto de la lenta, pero progresiva recuperación del consumo en España. A todo ello hay que unir el proceso de transformación que este mercado ha vivido como consecuencia de los rigores de la crisis y que ha redundado en una mayor eficiencia a la hora de identificar al cliente y satisfacer sus necesidades.

Como se reconoce desde el propio sector, uno de los buenos frutos que ha generado la larga sequía del consumo en España ha sido aprender a gestionar y estudiar en mayor profundidad los stocks y apostar por aumentar el tráfico en las tiendas a través de promociones inteligentes. Los comercios han sabido adaptarse y flexibilizarse para anticiparse a las expectativas y necesidades del cliente. Ello les ha permitido aprovechar al máximo los primeros indicios de mejora económica y de recuperación de la demanda. Pese a ello, las cifras de hoy están muy lejos de las registradas en los años de vacas gordas. Si en 2006 las tiendas del textil ingresaban casi 22.500 millones de euros, en 2013 esa cifra había caído un 30% y en 2014 se recuperaba hasta los 16.500 millones. El sector apuesta ahora por unas rebajas que han arrancado con menos tirón de lo previsto para mantener el buen ritmo de las ventas.

La evolución del sector textil español constituye un ejemplo notable de capacidad de adaptación a los rigores impuestos por el largo invierno económico. Un período que muchas empresas de este segmento han sabido aprovechar para reinventar su modelo de negocio y desarrollar nuevas fortalezas. En ese proceso han jugado un papel importante las reformas estructurales que España ha llevado a cabo en su economía, como es el caso de la laboral, y que han mejorado las herramientas empresariales para poder sobrevivir a la recesión. Ahora toca afrontar la consolidación del crecimiento económico y los retos que traerá consigo para todos los sectores. Uno de ellos, y no precisamente el menor, es aprender a escuchar y a adaptarse a las nuevas demandas de un cliente que tardará en recuperar el generoso perfil que ofrecía antes del estallido de la crisis.

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