La falta de un combustible ecológico viable obliga a las aerolíneas a invertir en la renovación de flota

Nuevos aviones para contaminar menos

El sector se ha comprometido a congelar sus emisiones en 2020. Pero hasta ahora no ha conseguido grandes avances.

Emisiones de carbono de vuelos comerciales Ampliar foto

Montarse en un avión suele ser la forma más rápida de llegar a esa reunión de negocios decisiva o de empezar esas vacaciones soñadas. Pero rara vez tomamos en cuenta la estela de carbono que vamos dejando atrás desde que las turbinas se ponen en marcha.

Un solo pasajero en vuelo de ida y vuelta de Madrid a Londres emite más CO2 que una nevera en todo el año. Y una sola persona que cruza el Atlántico en ambos sentidos, de Madrid a Nueva York, hace más daño a la atmósfera que un coche en el mismo periodo.

Según el Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC), el transporte supone el 14% de los gases de efecto invernadero. De este total, la aviación representa el 11%. El sector es responsable, además, del 2% de las emisiones globales de dióxido de carbono.

Naturalmente, es poco lo que los viajeros pueden hacer para revertir esta situación más allá de sacarse la tarjeta de embarque por el móvil en lugar de llevarla impresa.

La presión recae en las aerolíneas. En 2009, las empresas se comprometieron a congelar sus emisiones en 2020 aunque la demanda crezca. Pero hasta ahora no han conseguido gran cosa. De acuerdo con la ONG alemana Atmosfair, las 193 compañías más grandes del mundo redujeron sus emisiones de CO2 (por pasajero y kilómetro recorrido) en alrededor de 1% en 2012.

Sin embargo, las emisiones totales de la industria subieron un 3% debido al aumento del tráfico aéreo en casi un 5%.

Atmosfair advierte de que si el sector mantiene esta tendencia, no contribuirá al cumplimiento del objetivo fijado por los científicos de limitar el calentamiento global a un máximo de 20º C.

Según el Observatorio de Sostenibilidad en Aviación (OBSA) de Senasa, que toma como referencia vuelos con origen y destino España, en 2013, las emisiones por pasajero y kilómetro subieron en el corto y medio radio un 1,7% y 2,9% interanual, respectivamente, mientras que las emisiones de los vuelos de largo radio mantuvieron su tendencia descendente y disminuyeron un 0,3%.

No hay grandes avances, pero tampoco se puede achacar inacción a las empresas. Algunas llevan tiempo investigando en el desarrollo de combustibles ecológicos. Iberia, por ejemplo, participa en un proyecto para la obtención de biofuel a partir de microalgas que cultiva en un invernadero en el aeropuerto de Barajas.

Boeing 737-800
Boeing 737-800 de Air Europa.

Pero la misma compañía reconoce en su memoria de responsabilidad social corporativa que al día de hoy no existe una alternativa viable al queroseno.

Así que de momento, la medida más efectiva que puede tomar una aerolínea es renovar la flota. Las compañías españolas van en esa dirección. Air Europa ha encargado a Boeing 22 aviones (8 del 787-8 y 14 del 787-9 Dreamliner) que empezará a recibir en 2016 y sustituirán a sus actuales Airbus.

El Dreamliner es capaz de realizar vuelos de larga distancia con dos motores, lo que se traduce en una disminución del consumo de combustible del 20%. Desde la compañía aseguran que la antigüedad media de su flota no llega a cuatro años.

Iberia también está renovando su flota. En marzo acordó con Airbus adelantar la llegada de los ocho A330-200 que encargó el año pasado. El grupo recibirá los aviones entre diciembre de este año y noviembre de 2016.

Estos bimotores son más silenciosos y queman menos queroseno que los actuales Airbus 340-330 (cuatrimotores) a los que están sustituyendo.

Al cierre de 2014, la antigüedad media de los aviones de Iberia era de nueve años, dos menos que la media del sector.

Aletas de tiburón, pinturas más ligeras y aterrizajes verdes

sharklets
Airbus de Vueling con sharklets (aletas de tiburón).

La mayor eficiencia de los nuevos modelos no solo reside en sus motores sino también en sus materiales y diseño. Vueling, por ejemplo, está renovando su flota con Airbus que incorporan las denominadas sharklets (aletas de tiburón). Se trata de una prolongación de 2,4 metros hacia arriba en la punta de las alas que garantizan una disminución de hasta un 4% en consumo de combustible.

Pero invertir en aviones nuevos no es lo única medida que están tomando las aerolíneas para reducir su huella de carbono. Iberia está usando una pintura más ligera que reduce el peso de la nave y, por tanto, el consumo de combustible, mientras que Air Europa es pionera en el sistema de aterrizajes verdes.

La maniobra consiste en aterrizar con la mínima potencia y el motor al ralentí, de modo que los últimos 180 kilómetros el avión desciende planeando en lugar de hacerlo a escalones.

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