El reto es que el consumidor no vea los artículos reciclados como basura

Las dos vidas de los recursos

La economía circular, centrada en la reducción y reutilización de los bienes, es la gran apuesta de Europa para potenciar el empleo y el crecimiento.

Las dos vidas de los recursos

Una clásica gabardina fabricada a partir de botellas de plástico recicladas o las típicas chanclas hechas con neumáticos usados. Nada se desecha, todo se transforma. La cultura de usar y tirar sobre la que se sustenta hoy el modelo productivo es insostenible. La explotación excesiva de los recursos deja su huella en el medio ambiente y la economía. Solo el derroche de 1.300 millones de toneladas de alimentos al año produce 3.300 millones de dióxido de carbono y unos costes de 750.000 millones de dólares (unos 680.000 millones de euros), calcula la FAO.

Ante este escenario, Europa diseña una ambiciosa estrategia centrada en el impulso de una economía circular. El concepto supone un cambio de paradigma en el sistema productivo, ya que potencia el crecimiento y el empleo con una mínima extracción de recursos. Es decir, que los bienes se conviertan en la materia prima de un nuevo ciclo, cerrando así cada proceso.

“Se trata de cambiar el sistema lineal que se inventó tras la Segunda Guerra Mundial por otro que mantenga los recursos el máximo tiempo posible en la economía. No solo con el reciclaje, sino a través de un conjunto de erres: repensar, rediseñar, reutilizar, reparar, reciclar, recuperar energía…”, explica Pere Fullana, director de la Cátedra Unesco de Ciclo de Vida y Cambio Climático.

Las políticas de transición hacia la economía circular, una meta de la UE para 2020, están en fase de revisión. Se estudia un marco normativo más favorable y que extienda el reciclaje. “La Comisión Europea ha tumbado estas medidas, porque hablaba más de residuos que de recursos”, indica Fullana. “¿Con depositar una botella de vidrio en el contenedor verde hemos resuelto el problema? ¿Cuánta energía es necesaria para fabricar otra?”, cuestiona Joaquín Romano, profesor de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Valladolid. La hoja de ruta debe definirse este año.

Su beneficio ambiental es evidente, pero hay otro económico. “Crea autonomía de países o traders que pueden impactar en el precio de las materias primas”, afirma José Luis Blasco, socio responsable de Cambio Climático y Sostenibilidad para Europa, Oriente Medio y África de KPMG. Aunque subsiste una cuestión de fondo: “Estas estrategias no garantizan siempre un desarrollo sostenible, pues las leyes económicas entran en conflicto con las físicas”, advierte Romano, quien opina que se estará ante un modelo alternativo cuando se desnaturalice el crecimiento, se tomen en cuenta los flujos de los ecosistemas, el capital natural y se comprenda el problema y sus efectos en la cohesión social y la desigualdad.

PALANCAS

La ejecución del modelo requiere de una fuerte inversión en I+D+i. “Cuando salimos al mercado a buscar tejidos reciclados nos encontramos con una oferta escasa y de muy baja calidad. Tuvimos que establecer alianzas para invertir en sofisticados procesos de innovación”, cuenta Ecoalf, una empresa de moda sostenible que ha fabricado 150.000 metros de tejido con 10,5 millones de botellas plásticas.

“HAY GENTE MUY PREPARADA EN ESPAÑA, PERO ESCASA AYUDA FINANCIERA”, DICE UN EXPERTO

Las barreras e incentivos son también claves. “La UE estudia la redistribución de las cargas impositivas para que reflejen mejor el coste de los bienes que entran en la producción”, apunta Blasco. Lo que se busca es fijar un precio a los recursos para que se valoren más y se tiren menos. Fullana añade: “Una fiscalidad diferenciada favorece este cambio en vez de gravar, por ejemplo, la cogeneración o recogida de biogás en depuradoras”. La coherencia normativa, que fije tasas obligatorias de reciclaje, y una mayor conciencia social cierran el círculo para el éxito de este sistema. Uno de los retos es que el consumidor conciba que los artícu­los reutilizados no son basura.

Los sectores con mayor potencial, según Bruselas, son los electrónicos, plásticos, de alimentos, transporte, inmobiliario y construcción. Si bien el modelo es aún incipiente, se registran iniciativas estatales y privadas que constatan su avance. Es el caso de Francia, que ha establecido por ley, entre otras medidas, la donación de productos perecederos de grandes supermercados a fabricantes de pienso y abono para bajar a la mitad sus desperdicios en 2025.

O la firma de software Lexmark, que recicla los cartuchos de sus impresoras. Su plan para 2018 es reutilizar el 50% y reciclar el contenido restante para su uso en otras industrias, dice Juan Leal Cárdenas, responsable de la firma en España. La empresa es socia de la plataforma global Circular Economy 100 de la fundación Ellen MacArthur, que fomenta la circularidad y agrupa todo tipo de compañías.

“En nuestro caso en España, responde mejor la industria que la Administración”, afirma Fullana. Por ejemplo, resalta: “Con Ecoem­bes y la Politécnica de Madrid hemos desarrollado un proyecto que evalúa la calidad del reciclado a partir del porcentaje del material virgen sustituido. O, con el grupo Lepamap de la Universidad de Girona, hemos estudiado, con nanotecnología, las implicaciones ambientales de cómo la adición de nanofibras de celulosas aumenta el número de ciclos de reciclado de papel, lo que evita el proceso de refino que deteriora la fibra”. E insiste: “España está muy verde. Hay gente muy preparada, pero escasa ayuda financiera”.

'Ceronautas'

La economía circular se puede impulsar desde varios ejes. Aquí entra el análisis del ciclo de vida, de cada fase, que refleje los efectos de las medidas adoptadas. “La producción de biocombustibles en EE UU a partir de maíz subió el precio de las tortitas en México, por ejemplo. Hay que definir qué recirculación es la más indicada porque, paradójicamente, podría pasar que el ahorro de un recurso suponga un mayor gasto de otro”, avisa Fullana.

Otro eje articula una simbiosis industrial: un parque de nutrición mutua de residuos para alcanzar la máxima autonomía. Con los neumáticos viejos de un taller se produce energía para alimentar los hornos de una cementera. La depuradora de Acciona en Archena (Murcia) ha reducido su dependencia energética un 30% usando fuentes renovables integradas, y un sistema avanzado en tratamiento de lodos aumenta un 20% la generación de biogás.

La última visión es la micro: lograr un consumo cero. “La famosa teoría de los ceronautas de John Elkington [experto británico en sostenibilidad]”, apunta Blasco. Todo lo que se usa se puede reutilizar, reciclar, y transformar en nuevos materiales para nuevos usos o en energía.

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