Especial Universidades. Históricas

El peso de la tradición

Las universidades centenarias españolas tratan de mantener el prestigio acumulado a lo largo de más de 500 años.

Se han adaptado a los tiempos superando todo tipo de vicisitudes.

Profesores universitarios, vestidos con el traje académico, durante la conmemoración de la primera clase que se impartió en la Universidad de Alcalá. Ampliar foto
Profesores universitarios, vestidos con el traje académico, durante la conmemoración de la primera clase que se impartió en la Universidad de Alcalá.

La mayoría hunden sus raíces en la Edad Media y algunas figuran entre las primeras fundadas en Europa. Es el caso de la Universidad de Salamanca, la más antigua de las existentes en España y la cuarta europea, tras las de Bolonia, Oxford y París. Fue durante la época medieval cuando empezaron a aparecer en España los llamados Estudios Generales, centros de enseñanza impulsados por papas y reyes, germen de las futuras universidades.

Centradas en un principio en los estudios jurídicos y administrativos para cubrir las necesidades burocráticas de la Iglesia, con los Reyes Católicos y el Estado moderno las universidades españolas se convirtieron en instituciones al servicio del Imperio.

Salamanca: Desde el siglo XIII

La historia de la primera universidad hispana, la de Salamanca, se remonta a 1218, durante el reinado de Alfonso IX de León, en el Estudio General salmantino. La fundación universitaria llegó en 1254 con el edicto de Alfonso X de Castilla y León, donde se establecían las normas de organización y las dotaciones financieras, y con la bula pontificia de Alejandro IV.

En el tránsito de los siglos XV y XVI, Salamanca se incorporó a las nuevas corrientes humanistas, de las que el magisterio de Antonio de Nebrija es un buen ejemplo. Su prestigio empezó a atraer a estudiantes del ámbito peninsular e incluso europeos e indianos. Al finalizar el siglo XIV la institución contaba con 600 alumnos, a principios del XV eran ya 2.500, para pasar a más de 6.500 en el XVI.

En Sevilla dieron clase Jorge Guillén y Salinas, y fueron alumnos Cernuda y Juan Ramón Jiménez

En los años centrales del siglo XVI, la confluencia del Derecho, la Teología tomista, las nuevas lógicas y las lenguas clásicas, así como los conceptos económicos modernos cristalizaron en la llamada Escuela de Salamanca con la figura de Francisco de Vitoria. Salamanca era considerada el alma mater de muchas de las instituciones educativas creadas en esa época en el continente americano.

En aquellos años pasaron por sus aulas personajes que hicieron aportaciones relevantes en los ámbitos del derecho de gentes, del liberalismo económico, la teoría de la música, la teología o la gramática. Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Francisco Salinas, Fray Luis de León y San Juan de la Cruz, son algunos de ellos.

Las reformas liberales del XIX marcarán un antes y un después. Tras la Ley Moyano, que trataba de ordenar el sistema educativo, la universidad quedó reducida a las facultades de Derecho, Teología y Filosofía y Letras. Como facultades libres, Medicina y Ciencias serían financiadas desde 1869 por la Diputación y el Ayuntamiento de Salamanca, hasta que en 1904, con Miguel de Unamuno como rector, se consiguió su financiación estatal.

Hoy el papel de la Universidad de Salamanca “tiene que estar vinculado al progreso del conocimiento científico, como ha venido siendo a lo largo de los siglos, y también a América Latina, con la que históricamente ha mantenido intensas relaciones”, asegura Daniel Hernández Ruipérez, su rector.

Sevilla: Puerta de las Indias

En 1505, dos años después de que se creara en Sevilla la Casa de la Contratación, que convirtió a la ciudad en puerto y puerta de las Indias, se fundó su universidad. “Fue nada menos que por una bula de Julio II, el papa que encargó a Miguel Ángel la Capilla Sixtina”, apunta Ramón Serrera, catedrático de Historia de América de esta institución. Existe, por tanto, una estrecha vinculación entre ambos hechos: Sevilla, capital del mundo americano, y su universidad, foco cultural y docente del sur de España. Un privilegio que después compartiría con la de Granada, fundada por Carlos V en 1531.

Dalí, Espriu, Gaudí, Menéndez y Pelayo, y Giner de los Ríos estudiaron en las aulas barcelonesas

A lo largo de los siglos XV y XVI pasaron por Sevilla personajes que formaron parte de la administración indiana, gobernadores, obispos, arzobispos; figuras del mundo de la medicina como Nicolás Monardes, médico naturalista que estudió las plantas americanas; Benito Arias Montano, hebraísta de Felipe II; Mateo Alemán, gran autor de la novela picaresca. En el XVIII, Alberto Lista, Blanco White, José Reinoso. Y en el XIX, Bravo Murillo, político que llegó a ser presidente del Consejo de Ministros; y el abuelo y el padre de los hermanos Machado.

En Sevilla dieron clase Jorge Guillén y Pedro Salinas, y fueron alumnos Luis Cernuda y Juan Ramón Jiménez. “Por estas aulas han pasado figuras de primera categoría del mundo literario, la medicina, la ciencia. Y en el plano político, muchas de las personas que hicieron la Transición en España salieron de la Facultad de Derecho de esta universidad que, después de 512 años, es la institución más prestigiosa de Sevilla”, subraya Ramón Serrera.

Barcelona: Una trayectoria accidentada

Como las anteriores, la Universidad de Barcelona tiene su origen en el Estudio General de 1450. Aunque se crearon cátedras de Teología, Derecho Canónico, Derecho Civil, Filosofía Moral y Natural, las Siete Artes, Medicina y otras disciplinas, su puesta en marcha efectiva pasó por diferentes vicisitudes que la debilitaron, sobre todo durante la Guerra Civil Catalana (1462-1472).

Universidad de Barcelona
Claustro de la Universidad de Barcelona.

La victoria de Felipe V en la Guerra de Sucesión, en 1714, supuso el traslado a Cervera, cerca de Lérida, de los estudios de Filosofía, Cánones y Leyes; en Barcelona quedaron los de Medicina y Gramática, impartidos por los jesuitas. “Estos cambios marcaron una vida universitaria con muchas interrupciones y dificultades”, señala Jordi Casassas, catedrático del Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona.

La institución se reconstruyó con su vuelta a Barcelona en 1837, aunque hasta 1845 no dispuso de un presupuesto y una plantilla estables. “A partir de ese momento, la estrella fue Medicina, recogiendo una tradición iniciada en el siglo XVIII. Médicos formados aquí enseñaban en la universidad de París”, puntualiza Casassas.

La renovación universitaria del XIX, en la que participaron la Universidad Central de Madrid, las de Valencia y Barcelona y un movimiento iniciado por la Junta de Ampliación de Estudios, ligada a la Institución Libre de Enseñanza, que becaba a estudiantes en universidades extranjeras, fueron un impulso modernizador. A finales de siglo resalta la presencia de Ramón y Cajal y de Odón de Buen (catedrático evolucionista), y ya en el XX, Pere Bosch Gimpera, rector durante la Segunda República y modernizador de los estudios de Historia, Prehistoria y Arqueología. “Después vino el exilio, tras la Guerra Civil, y la represión que dispersó todo”, indica Jordi Casassas.

Salvador Dalí, Salvador Espriu, Antoni Gaudí, Joan Maragall, Marcelino Menéndez y Pelayo y Francisco Giner de los Ríos fueron alumnos.

Valladolid: Cantera de médicos y juristas

La Universidad de Valladolid es la segunda más antigua de España. Sus orígenes están en el siglo XIII, en los Estudios Generales. En 1346 el rey Alfonso XI, con el apoyo del papa Clemente VI, convirtió el centro vinculado a la iglesia en una universidad a la que otorgó el título de Real y Pontificia. Durante el reinado de los Reyes Católicos se construyó el primer edificio importante, todavía gótico, al que después se añadieron reformas barrocas. “De aquel conjunto histórico solo queda la fachada barroca, una muestra de su esplendor”, señala Jesús Urrea, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid.

En la época de Carlos V y Felipe II dominaron los estudios de Medicina y Derecho. “Aquí estaba la Real Chancillería que, junto con la de Granada, eran los dos órganos supremos de administración de justicia de España. Y de aquí salieron Dionisio Daza Chacón y Luis Mercado, dos de los médicos más importantes de España en la segunda mitad del XVI. El servicio de médicos de cámara del rey se nutría de Valladolid”, recuerda Urrea.

En el siglo XVII se incorporaron materias vinculadas a las Bellas Artes, la Filosofía, los Estudios Isidorianos (astronomía, geografía, historia, literatura, música, liturgia, etcétera). Francisco de Quevedo pasó por estas aulas.

Hay que esperar a finales del XIX para apreciar una universidad de nuevo cuño. Nace la facultad de Ciencias y el campus se abre a estudios más experimentales. “Hubo una pléyade de profesores de relieve, sobre todo en medicina y jurisprudencia, que seguían siendo las facultades fuertes”, subraya el profesor Urrea. En el siglo XX se inauguraron las facultades de Filosofía y Letras, Ingeniería, Arquitectura, Informática, etcétera.

Santiago de Compostela: A la sombra del deán

El nacimiento de la Universidad de Santiago está vinculado a Lope Gómez de Marzoa, regidor de la ciudad, que en 1495 creó un Estudio de Gramática latina. En 1504, una bula del papa Julio II colocó al Estudio bajo la dependencia del deán catedralicio.

En este periodo sobresale la figura del arzobispo Alonso de Fonseca y Ulloa, mecenas y hombre del Renacimiento, que mantenía contacto con pensadores como Erasmo de Rotterdam y había estudiado en la Universidad de Salamanca. En su testamento, Fonseca dejó escrito lo relativo a la construcción de “un colegio y universidad donde los moradores y naturales del Reyno de Galicia pudiesen estudiar, aprender y ser enseñados en gramática y otras facultades”. El hoy denominado Colegio de Fonseca se construyó entre 1532 y 1544, y sería epicentro de la vida universitaria compostelana hasta finales del XVIII.

Carlos III otorgó a la universidad la condición de regia y, tras la expulsión de los jesuitas en 1767, le concedió los edificios y terrenos que esta orden religiosa tenía en Santiago. En ellos se levantó el nuevo edificio de la Universidad, inaugurado en 1805, actual Facultad de Geografía e Historia.

El recorrido de las universidades españolas históricas, con solera, ha sido largo e intenso. La lista se amplía con Granada, Valencia, Murcia, etcétera. Algunas desaparecieron, otras han sobrevivido, aunque no de igual manera. “Superar los 500 años de historia supone una experiencia institucional que se traslada todos los días a los estudiantes. Sin embargo, para continuar siendo histórica es necesaria una adaptación constante a los tiempos”, concluye Juan Viaño, rector de la Universidad de Santiago de Compostela.

Alcalá, campus medieval

Además de ser una de las primeras de España (sus orígenes están en el Estudio General aprobado por Sancho IV en 1293), Alcalá se convirtió en la única ciudad universitaria planificada a partir de su creación por el Cardenal Cisneros en 1499. A diferencia de otras (Bolonia, Oxford, París), que iban adaptándose al entorno urbano conforme crecían, Alcalá reutilizó la ciudad medieval existente y la amplió para establecer un conjunto urbano de servicios, que fue modelo para universidades de todo el mundo.

“Este carácter precursor hizo que la Unesco la declarara en 1998 Patrimonio de la Humanidad, un título que ostentan solo cuatro universidades más en todo el mundo”, resalta con orgullo su rector, Fernando Galván. Y añade: “El cardenal Cisneros quiso, además, que en esta universidad se formara no solo el clero, sino también los nuevos funcionarios que necesitaban los reinos de España. El éxito de aquella iniciativa convirtió a Alcalá en el centro de una aristocracia universitaria que hizo posible el Siglo de Oro”. En sus aulas enseñaron y estudiaron Nebrija, Tomás de Villanueva, Ginés de Sepúlveda, Ignacio de Loyola, Francisco Valles de Covarrubias, Juan de la Cruz, Lope de Vega o Quevedo.

Con la Desamortización, la Universidad de Alcalá fue trasladada a Madrid en 1836, donde toma el nombre de Universidad Central, antecedente de la Complutense. “Los alcalaínos, a través de la Sociedad de Condueños, compraron los antiguos edificios universitarios, los conservaron y los devolvieron, más de un siglo después, a su uso original”, destaca su rector. En 1977 volvió a sus aulas de Alcalá.

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