Piëch lleva en el cargo más de 20 años

El precio de ganar el pulso al presidente de VW

La dimisión del presidente de Volkswagen, Ferdinand Piëch, abre un vacío sucesorio.

Bajo el mando de Piëch, la automovilística ha llegado a ser la segunda del mundo.

Ganó Martin Winterkorn. Al final, Ferdinand Piëch, presidente del consejo de supervisión de la automovilística Volkswagen no ha sido capaz de desestabilizar y sacar de su puesto a su consejero delegado, Martin Winterkorn y ha tenido que tomar la decisión de dimitir. Estaba solo. El sábado, en el pequeño aeropuerto de Braunschweig, Piëch recibió un ultimátum: o dimitía o sufría la ignominia de ser expulsado por el voto en contra del consejo. Este había dado su apoyo al que fuera su delfín y Piëch se ha visto obligado a dar un paso atrás.

Pero esto es mucho más que una dimisión. Es el fin de una era para la automovilística. Piëch ha sido para Volkswagen lo que Steve Jobs fue para Apple y gestionar su legado puede convertirse en una manzana envenenada para su sucesor.

Piëch representa a la tercera generación de la familia Porsche en Volkswagen, nieto del creador del Beetle Ferdinand Porsche y sobrino de Ferry Porsche, que puso los cimientos de lo que hoy es una de las más icónicas marcas de coches deportivos. Pero además, es uno de los ejecutivos más representativos de la Alemania de después de las Guerras Mundiales, ingeniero brillante que condujo a la automovilística desde el abismo de una posible quiebra en los años 90 hasta convertirse en la segunda automovilística del mundo por detrás de Toyota y por delante de la poderosa General Motors.

Bajo su mandato, el conglomerado pasó de acoger ocho marcas a 12. Ahora fabrican desde los más baratos Skoda hasta los Bugatti, que cuestan más de 1 millón de euros; desde las motos Ducatti a los camiones Scania, una amplio rango tan variado como difícil de gestionar y hacer rentable.

Ferdinand Piëch ha sido el ‘Steve Jobs’ de Volkswagen y sucederle es el mayor reto

Piëch lo ha logrado durante los últimos 20 años gracias a un carácter obsesivo, extremadamente detallista y exigente, temido por sus trabajadores y conocido por no tolerar que se le discuta. Así, consiguió llevarse por delante a los dos últimos consejeros delegados y fue él el que colocó a Winterkorn en su posición. Su elegido ha sido el único capaz de torcer el brazo del todopoderoso presidente, gracias a los apoyos del consejo, especialmente de los sindicatos y del estado de Baja Sajonia, que maneja un 20% del capital. El problema son las servidumbres que conllevarán estos apoyos.

El mundo como reto

Winterkorn es el sucesor natural en el puesto de presidente del consejo de administración,traspaso de poder que esta guerra interna podría haber ensombrecido al perder crédito en la lucha. El consejero se ha liberado de los ataques de Piëch y ha ganado la batalla, pero tiene que hacer frente a decisiones muy difíciles de llevar a cabo si no puedes disgustar a valedores del peso del Estado de Baja Sajonia o los representantes de los trabajadores.

“Nada funciona en VW sin los sindicatos.Es triste pero cierto. Winterkorn ha ganado con el coste de hacerse más vulnerable ante ellos”, señalaba ayer a Reuters un analista alemán. Y Winterkorn tiene que llevar a cabo un recorte de gastos de 5.000 millones de euros antes de 2017 en la marca Volkswagen (no en el grupo completo), cuyos márgenes de beneficio son cada vez más escuetos. Winterkorn quiere resolverlo cooperando con los trabajadores pero sólo han identificado 1.500 millones para recortar.

La otra piedra en el zapato del consejero delegado es Estados Unidos, cuyo desarrollo allí motivó las primeras quejas de Piëch. En Europa, la automovilística es la reina. Con una cuota de mercado del 23%, dobla la de su inmediata competidora, PSAPeugeot Citroën. Pero aunque el mercado europeo se esté recuperando, no tiene el potencial de crecimiento de países como China, Estados Unidos o el mercado latinoamericano.

Pero pese a los continuos esfuerzos de VW en EEUU (ha invertido 1.000 millones de dólares en una fábrica en Tennessee), las ventas del grupo cayeron un 2% el año pasado, hasta los 600.000 coches vendidos, pese a que el mercado total creció. Los analistas opinan que VW no entiende al cliente americano, desencuentro que se vio subrayado al descubrir que los espacios para bebidas en los coches del alemán eran demasiado pequeños para los vasos XXXL americanos.

Tampoco China está resultando la panacea. Sus ventas allí están ralentizándose, con un 2% escaso de subida en el primer trimestre. Las ventas mundiales crecieron también al 2% pero la mayor parte del tirón provino de Audi, Skoda y Porsche.

Winterkorn tendrá que hacer frente a las dudas sobre su capacidad de conducir a VW a una mayor rentabilidad y peso fuera de Europa, incluso aunque su antiguo valedor y ahora enemigo mantenga un importante peso en el consejo, con el 13,2% de la compañía en su poder. Aunque no vuelva a ocupar un cargo en VW, la sombra de Piëch puede ser alargada, hasta para el fuerte Winterkorn.

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