Cada año se diagnostican 20.000 nuevos casos

Más fármacos asequibles para la artritis reumatoide

La artritis reumatoide se va a convertir en una de las primeras patologías donde entren los fármacos biosimilares. Estos productos biológicos acceden al mercado a un precio más barato cuando los originales pierden la patente. Han creado una gran expectativa, porque parten de un precio alrededor de un 25% menor para unas terapias que son muy caras, por lo que facilita el acceso a los tratamientos.

A finales del pasado año, infliximab (de nombre comercial Remicade, de MSD) perdió la patente. Las compañías Hospira (con Inflectra) y Kern Pharma (Remsima) anunciaron hace unas semanas el lanzamiento del primer anticuerpo monoclonal (proteína) biosimilar para competir con el de marca. El siguiente en quedarse sin esta protección será Enbrel (de Pfizer), a finales de 2015.

Esta situación provocará que el gasto en estos tratamientos controle su crecimiento. El mercado hospitalario de esta patología alcanzó en 2014 la cifra de 204 millones de euros, lo que supuso un incremento sobre el año anterior del 3,5%, según datos de la consultora IMS Health. “Ha mantenido la tendencia positiva de los últimos años, ya que en 2012 creció un 7,5% y un 1,9% en 2013”, apunta José Manuel Vilar, service delivery manager de IMS Health.

Enfermedad sin cura

La artritis reumatoide es una enfermedad grave, crónica y sin cura, que tarda en presentar síntomas en muchas ocasiones. Tampoco se conoce cuál es la causa, aunque sí se sabe que es una dolencia autoinmune, según se explica en la Sociedad Española de Reumatología (SER). Esta patología provoca dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad articular, y afecta especialmente a las articulaciones más móviles, como las de las manos, los pies, muñecas, hombros, caderas y rodillas. En España, actualmente, hay más de 200.000 personas que la sufren y cada año se diagnostican 20.000 nuevos casos. Habitualmente aparece en edades intermedias.

64 millones de euros vende a precio de laboratorio Enbrel (de Pfizer), y es el medicamento líder. Sus ventas crecieron un 4% el pasado año.

Lo común es tratar a los afectados con analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos, pues alivian los síntomas y mejoran el dolor y la rigidez articular. También los corticoides son útiles en algunos casos. Aunque los medicamentos clave para enfrentarse a la enfermedad son los conocidos como fármacos antirreumáticos modificadores de enfermedad (o FAME).

Las terapias clásicas FAME incluyen el metotrexato (el más utilizado), según la Sociedad Española de Reumatología, la sulfasalazina y la leflonomida. Aunque desde hace 15 años se comenzaron a utilizar los FAME biológicos. “Supuso un cambio radical en el tratamiento de la artritis reumatoide, porque permite en muchos casos una remisión de la enfermedad y que el paciente pueda llevar una vida normal”, comenta Miguel Ángel Caracuel, portavoz de la SER.

Este médico del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba detalla que los candidatos a utilizar estos biológicos, más caros que los convencionales, son en los que la enfermedad no se ha controlado con los fármacos clásicos. En cada centro se reúne una comisión clínica que aprueba el uso de estos medicamentos. “En mi experiencia, ahora mismo no he visto a nadie que se le haya negado por temas económicos”, asegura.

Los costes de estos tratamientos en la indicación por paciente y año, a precio de venta de laboratorio, se mueven en torno a los 12.500 a 13.500 euros en Enbrel, Humira y Roactemra, según IMS Health, y en el caso de Remicade baja a 7.000 o 7.500 euros. Caracuel indica que el biosimilar parte con una rebaja del 25%, “aunque el coste depende de la negociación posterior de cada hospital”.

Los fármacos biosimilares no son genéricos de sus fármacos de referencia, por lo que no son automáticamente intercambiables. Según el posicionamiento de esta sociedad científica, presentado a finales del pasado año, la sustitución de un biológico por su biosimilar es un acto médico que debe ser realizado exclusivamente por el médico prescriptor con el consentimiento del paciente. “Nosotros hacemos una valoración positiva de estos medicamentos porque, a priori, garantizan una misma eficacia a un coste menor. Son bienvenidos. Pero una terapia ya en curso en un paciente no se puede sustituir por un biosimilar. Aunque sí vamos a utilizarlos en nuevos tratamientos”, afirma.

“Lo que la comunidad científica no conoce es la seguridad de cada biosimilar. Hay que vigilarlos, igual que se hizo cuando llegaron por primera vez los biológicos. El camino se hace andando y la experiencia de uso nos dará la respuesta”, opina Caracuel. Por eso, desde esta sociedad médica se reclama la necesidad de crear registros de farmacovigilancia.

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