Buscan que cada entidad decida si abre por las tardes

Las cajas pugnan para liberalizar los horarios en el nuevo convenio

Imagen de una oficina ágil de Bankia, con horario de 08:15 a 18:00 horas.
Imagen de una oficina ágil de Bankia, con horario de 08:15 a 18:00 horas.

Desde el 1 de enero de 2004, los convenios colectivos que fijan el marco laboral en las cajas de ahorros estipulan que la jornada laboral efectiva de los trabajadores se limita a un máximo de 1.680 horas anuales, en horario de 8.00 a 15.00 horas, de lunes a viernes, excepto los jueves, día en que de mayo a septiembre se permite interrumpir el trabajo a las 14.30 y retomarlo de 16.30 a 20.00 horas.

La patronal del sector, sin embargo, está pugnando con fuerza por eliminar esta limitación en el nuevo convenio colectivo que acaba de empezar a negociarse para los próximos años, apostando por dejar a cada entidad regu_lar su propia jornada al hilo de la renovada apuesta por las tardes que han comenzado a fomentar algunas cajas.

Una postura que choca de plano con la posición de los sindicatos, que a su vez han abierto batalla para impedir la abusiva prolongación de jornada que, denuncian, se produce en la ban_ca de forma generalizada. Una encuesta realizada el pasado otoño por FeS-UGT revela que el 77,67% de la plantilla del sector afirma trabajar más allá del límite del convenio, concretamente una media de entre 104 y 109 horas extraordinarias, no remuneradas, al año.

En la última reunión de negociación, celebrada a mediados de mes, el choque de posiciones provocó que la Asociación de Cajas de Ahorros para Relaciones Laborales (Acarl) defendiera la necesidad de desregular los horarios mientras las centrales sindicales proponían eliminar o reducir el horario de tarde de los _jueves, “ya que se ha demostrado que no _aporta valor a la mejora de la labor comercial”.

Una premisa que choca frontal_mente con la potenciación del horario de tarde que vienen poniendo en marcha varias cajas de ahorros. Es el caso de Evo Banco, la escisión de la red de sucursales de Novagalicia fuera de Galicia que fue adquirida por el fondo Apollo, que ha implantado un horario ininterrumpido de lunes a viernes de 9.00 a 20.00 horas. Una jornada que impera en las 71 oficinas que le restan a la entidad tras el ajuste que acaba de aprobar a finales de enero.

Abanca, la nueva marca bajo la que opera Novagalicia tras su venta al grupo venezolano Banesco, ha apostado por su parte por la creación de un nuevo modelo de sucursal conocido como oficinas PM. Estas, unas 40 en total, además del horario regular de mañana atienden al público también de 16.30 a 18.45 horas, de lunes a jueves. La entidad se ofrece, de hecho, a recibir a un cliente en este horario en cualquiera de sus otras oficinas previa cita telefónica.

El máximo exponente de esta estrategia hoy día son las llamadas oficinas ágiles de Bankia, diseñadas para absorber los trámites más habituales de cada zona, en un horario ininterrumpido de 8.15 a 18.00 horas, de lunes a viernes, liberando así al resto de sucursales cercanas para que se centren en operaciones y clientes más rentables.

La entidad cuenta ya con 120 entidades de este tipo por todo el país, especialmente en Madrid y Comunidad Valenciana, y aspira a alcanzar las 140 a lo largo del año. Desde la entidad calculan que el 17% de la clientela de estas oficinas acude ya en el horario extendido a partir de las 14.00 horas, porcentaje que va en aumento a medida que el público conoce esta posibilidad.

Estas oficinas han podido extender sus horarios más allá de los límites del convenio gracias a acuerdos específicos alcanzados con la plantilla a cambio de incentivos. Liberalizar los horarios sacándolos del convenio permitiría al resto de entidades del sector (como CaixaBank, Unicaja, Liberbank, BMN o Ibercaja) sumarse a esta apuesta o flexibilizar las contrapartidas aprobadas en las cajas que ya vienen extendiendo la jornada.

La patronal ha planteado a los sindicatos, además, la necesidad de eliminar la clasificación de oficinas, un baremo según su importancia comercial, lo que permi_tiría colocar a directores de niveles sala_riales y de responsabilidad más bajos en cualquier sucursal.

Ante la negativa frontal de los sindicatos, la patronal de las cajas de ahorros advirtió de que tras la última reforma laboral las entidades tienen potestad para descolgarse de las limitaciones del convenio vigente si acumulan tres trimestres consecutivos de caída de ingresos. Es más, les han recordado que al haberse eliminado la ultraactividad de los convenios, el marco actual quedará en papel mojado si no se llega a un nuevo acuerdo en 18 meses. El convenio afecta a unos 120.000 trabajadores.

Los puntos de fricción del nuevo convenio

Cambio de modelo

La patronal de las cajas de ahorro acudió a la última reunión de negociación del nuevo convenio del sector, previsto para el periodo 2015-2018, abogando por un “cambio de modelo de relaciones laborales”. Las cajas defienden que la situación económica sigue siendo muy delicada, que impera la incertidumbre y las señales de la recuperación son aún débiles. “Un discurso totalmente contrario al que se hace de cara a la galería”, denuncian los sindicatos, que sostienen que el nuevo convenio debe ser una “compensación al sacrifico salarial de los últimos cuatro años”.

Salarios

La política salarial suele ser el principal foco de tensión de estas negociaciones y este caso no es una excepción. La patronal, que logró desligar los salarios del IPC en el convenio anterior ligándolos al PIB y la rentabilidad del negocio ve ahora con este planteamiento se vuelve en su contra. El modelo supuso tres años de congelación salarial solo rotos por el alza del PIB de 2014. Desde CC_OO reclaman ahora subidas de entre el 2,5% y el 3,5% para los próximos años e incrementos adicionales en función a la evolución del PIB mientras la patronal reclama mantener la moderación en las retribuciones.

Complementos

En paralelo, la plataforma de negociación inicial de las cajas de ahorro propone eliminar los trienios, los pluses, complementos y aportaciones a planes de pensiones, así como los ascensos por antigüedad o los límites en la movilidad geográfica. Propuestas que los sindicatos entienden como maximalistas y propias del inicio de una negociación en la que por su parte piden un día más de vacaciones o permisos retribuidos.

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