Eleva las líneas de emergencia en 3.300 millones
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi EFE

El BCE da solo un poco más de liquidez a la banca griega

La financiación de la maltrecha banca griega seguirá siendo otro frente en la difícil negociación que mantiene el gobierno de Alexis Tsipras con la troika para evitar la prolongación del rescate a su economía en las condiciones actuales. Mientras muy a duras penas se aproximan las posiciones entre el ejecutivo griego y el Eurogrupo, al que Atenas presentará hoy su propuesta de prórroga del rescate a cambio de la exención del cumplimiento de determinadas condiciones, Grecia también sigue muy de cerca la postura del BCE, una de las partes integrantes de la troika y por tanto también acreedor del país.

El consejo de gobierno de la institución, reunido hoy, habría decidido ampliar en otros 3.300 millones de euros la línea de liquidez de emergencia que concede a la banca griega, hasta un total de 68.300 millones de euros, según señala la agencia Reuters, que añade que se habría rechazado elevar la cuantía en 10.000 millones.

El BCE sorprendió hace dos semanas con una dura decisión para Grecia al negarse a seguir aceptando la deuda soberana griega como garantía con la que sus bancos podían acceder a la liquidez de la institución mientras no se hubiera despejado el acuerdo político. El consejo de gobierno del BCE se volvió a reunir hoy en Fráncfort para abordar la cuestión sin que se hayan producido los avances que espera, es decir, sin ver un compromiso más claro de Atenas de cumplir con lo pactado. Y no prevé aflojar el pulso por el momento, mientras crecen las necesidades de liquidez inmediatas del sistema financiero heleno.

Los bancos griegos se han refugiado en las últimas semanas en las líneas de liquidez de emergencia que concede el BCE a través del Banco de Grecia (ELA por sus siglas en inglés), la alternativa de último recurso a la que pueden recurrir a falta de la ventanilla habitual de la institución. El BCE había elevado su concesión, que no tiene una cuantía ilimitada y que requiere el acuerdo de dos tercios del consejo de gobierno, desde los 10.000 millones hasta los 65.000 millones de euros en las dos últimas semanas. Está siendo en dique de contención frente a la creciente retirada de depósitos bancarios por parte de la clientela griega y que fuentes citadas por Reuter cifran ya en alrededor de los 500 millones de euros en las jornadas del jueves y el viernes pasado, con anterioridad al fracaso con que concluyó la reunión del Eurogrupo del lunes y que presumiblemente habrá elevado el temor entre los ahorradores helenos.

 El BCE se mantuvo hoy dispuesto a sostener la financiación de emergencia para la banca griega, que resulta más cara para las entidades que el de las operaciones ordinarias –un interés del 1,55% en las líneas de liquidez ELA_frente al 0,05%–. Pero existen reticencias en cuanto al incremento de la cuantía facilitada hasta ahora, una postura liderada por el Bundesbank alemán y que se convierte en otro elemento decisivo dentro de las negociaciones que estos días tendrán que desencallar el futuro de la deuda griega y la relación de Atenas con sus acreedores. El presidente del banco central de Alemania, Jens Weidmann, ya advirtió a principios de esta semana a la banca griega que no debía emplear la liquidez de emergencia del BCE en adquirir deuda soberana griega.

 Después de todo, la negativa del BCE a aceptar la deuda pública helena como garantía supone no solo entorpecer la financiación de la banca sino bloquear también la mínima vía de financiación que tiene el Gobierno gracias a las emisiones de letras, adquiridas mayoritariamente por los bancos helenos. Sus compras de deuda soberana también ayudarían a contener el derrumbe de precios que sufren estos activos en el mercado secundario.

 En la reunión de hoy del consejo de gobierno del BCE se puso de manifiesto la oposición alemana a que la institución afloje la presión sobre la banca con nuevos aumentos de líneas de liquidez de urgencia. Sin embargo, más allá de su condición de acreedor y miembro de la troika, el BCE pretende mantener la estabilidad del sistema financiero griego. la amenaza de una retirada, o una reducción de las líneas de liquidez de emergencia sería el detonante definitivo para una retirada masiva de depósitos que podría desembocar en un control de capitales. Esa amenaza, lanzada durante la crisis de Chipre de 2013, tuvo graves consecuencias y agravó el problema

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