Tribuna

Cuando se mezclan contabilidad y fiscalidad

Los mercados de capitales hablan mayoritariamente ya el idioma del IASB (International Accounting Standards Board). También en Estados Unidos se viene hablando, y trabajando de hecho, desde hace años de la convergencia hacia el modelo de las NIIF-NIC del IASB. Pero la decisión se va retrasando. Existen todavía muchas reticencias. Aquí solo vamos a referirnos a una de ellas: el debate LIFO.

A pesar del importante esfuerzo armonizador de los últimos años, aún existen muchas diferencias entre US-GAAP y NIC-NIIF. La valoración del inventario es una de ellas: la NIC 2 prohibe el LIFO; los US-GAAP, no.

Desde la perspectiva contable, la validez del LIFO es un tema controvertido. Pero, además, el actual debate en Estados Unidos se encuentra contaminado por consideraciones fiscales. Es necesario separar los aspectos contables y fiscales del debate para entender el papel del mismo en el contexto de convergencia US- GAAP/NIIF.

Cualquier método contable debe evaluarse en función de su capacidad de proporcionar información útil para la toma de decisiones. Desde esta perspectiva, el debate sobre el LIFO se centra en las cifras de coste de ventas y existencias. El coste de ventas LIFO se valora al precio de las últimas existencias compradas, luego genera un resultado en el que ingresos y costes están valorados a precios corrientes. Por ello, sus defensores argumentan que el LIFO respeta el principio de correlación de ingresos y gastos, a diferencia del FIFO, donde el coste de ventas es valorado a precios pasados. En efecto, desde la perspectiva del inversor, el margen LIFO es más relevante que el calculado aplicando FIFO, ya que refleja mejor las expectativas de beneficio futuras. En un contexto de costes crecientes (decrecientes), el margen FIFO sobreestima (subestima) dichas expectativas.

Los detractores del LIFO plantean asimismo varios argumentos para rechazar este modelo. En primer lugar, el LIFO intenta solventar un problema del modelo contable tradicional (la discordancia en la valoración del coste de ventas y los ingresos) imponiendo un supuesto irreal al flujo de costes. En segundo lugar, el LIFO no soluciona completamente el problema, dado que si se producen liquidaciones de inventario, el coste de ventas LIFO también incorpora precios antiguos. Finalmente, el inventario en balance aplicando el LIFO queda valorado a costes antiguos y es irrelevante.

¿Qué es más importante: la relevancia del resultado o la del balance? Esta cuestión ha sido, y es, objeto de intenso debate entre profesionales y académicos de la contabilidad. En el desarrollo de sus marcos conceptuales, tanto el IASB como el FASB (regulador americano) optaron por el enfoque del balance, en el que el resultado es una variable secundaria determinada por la valoración de activos y pasivos. Por ello, el IASB rechaza el LIFO. El FASB, en cambio, intenta solventar sus deficiencias exigiendo información adicional a las empresas que lo usan.

Si el LIFO es utilizado fiscalmente, en el contexto habitual de costes crecientes, e inventarios constantes o crecientes, se genera un ahorro fiscal, dado que el beneficio es menor. Este ahorro se acumula a lo largo de los años y únicamente revierte en periodos de deflación y/o liquidación de stocks. Muchas compañías americanas utilizan LIFO desde hace décadas. El enorme ahorro fiscal acumulado revertiría si el método deja de ser aceptado fiscalmente y el impacto negativo en el cash flow de las compañías, positivo para el Tesoro norteamericano, sería considerable.

¿Qué tiene esto que ver con la convergencia contable? Nada, si la fiscalidad y la contabilidad fueran independientes. Pero mucho porque en Estados Unidos solo se puede utilizar LIFO fiscalmente si se utiliza contablemente. Si no se cambia este requerimiento de conformidad, la convergencia contable impediría seguir usando el LIFO fiscalmente.

Fiscalidad y contabilidad tienen objetivos distintos, por lo que la admisibilidad fiscal del LIFO debería ser independiente de su aceptación contable. Pero con el requisito de conformidad, los aspectos contables y fiscales del debate se mezclan. Por un lado, la conformidad supone que muchas compañías eligen LIFO contablemente por razones fiscales, y también por ello rechazan la convergencia hacia el modelo del IASB. Por otro lado, la Administración Obama utiliza la convergencia contable como argumento para proponer la prohibición del LIFO. Pero es una medida fiscal y podría desligarse del debate sobre la convergencia eliminando la conformidad.

En definitiva, solo en ausencia de conformidad fiscal-contable sería posible evaluar el efecto del LIFO sobre la utilidad de la información financiera, único criterio en el que debe basarse el regulador para aceptar o rechazar un método contable.

Accésit del Premio AECA 2014.

Belén Gill de Albornoz Noguer pertenece a la Universitat Jaume I y al IVIE.

Simona Rusanescu pertenece a la Universitat Jaume I.