Editorial

El ahorro conservador con los tipos al cero

El protagonismo de los bancos centrales y sus políticas monetarias y pseudofiscales ha determinado el comportamiento de los mercados financieros en los últimos años. Las manos fuertes de la inversión no mueven ni uno solo de sus dedos sin tratar de escrutar previamente qué comportamiento tendrá la autoridad monetaria de la zona en la que opera, entre otras cosas porque parece que las capacidades del resto de autoridades económicas y políticas están agotadas en las economías maduras y con elevados grados de endeudamiento, y los estímulos al crecimiento solo son esperables desde la asistencia monetaria.

La vieja heterodoxia monetaria ha devenido en ortodoxia hasta en Europa, donde todo el mundo espera y todo el mundo da por hecho que en el primer trimestre de 2015 el Banco Central Europeo (BCE) comenzará a hacer expansión cuantitativa con la compra de deuda pública como única medida para limpiar balances bancarios, proveer de liquidez y facilitar la transmisión de la política monetaria. Si Japón lleva décadas de crecimiento vacilante pese al riego de gasto público, que ahora está siendo sustituido por inyección monetaria, y si Estados Unidos ha demostrado que, al menos hasta ahora, el riego de liquidez y recompra de deuda pública y privada ha surtido efectos a medio plazo, Europa tiene pocas alternativas. La amenaza de deflación con crecimiento cercano a cero y altas tasas de paro terminará por imponerse a las resistencia germánicas del rigor, y el BCE pondrá en marcha la desengrasada máquina de hacer dinero.

Pero tal ensayo llega tras haber colocado hace una temporada y por una temporada más larga todavía por delante los tipos de interés en el cero por ciento y haber puesto a disposición de la banca cuanta liquidez precise, relajando las contrapartidas hasta niveles junior. Por tanto, estas son las condiciones para la inversión ahora: tipos cero, con crecimiento modesto y sin inflación. Un escenario poco o muy poco atractivo para los ahorradores tradicionales, que estarán obligados a arriesgar parte de su patrimonio líquido en alternativas no tan tradicionales si quieren obtener los retornos que antes aseguraba el plazo fijo.

La industria financiera, utilizando también las nuevas condiciones fiscales, ha puesto en marcha una serie de productos para maximizar la rentabilidad en tiempos de tipos cero, consciente como es de que el recurso tradicional del depósito puede contraerse, y también de que lo necesita menos pues ya está el propio BCE para hacer las funciones de proveedor de recursos a la banca. En los últimos trimestres ya se ha producido un trasvase muy fuerte de dinero de las cuentas y depósitos tradicionales hacia los fondos de inversión, sobre todo a aquellos que dispensan mayor grado de seguridad, como pueden ser los monetarios, garantizados o los que invierten en bonos públicos a corto.

Pero tampoco en estos casos los retornos van más allá del 1% por lo general, y la banca ha comenzado a activar los otrora manejados depósitos estructurados, aunque con una especie de cláusulas suelo que protegen de las pérdidas a los particulares. Ligan una parte de la rentabilidad a la mejora de los índices bursátiles o de las acciones de determinadas compañías, lo que supone entrar en los dominios del riesgo. Y el otro gran producto que podría acaparar buena parte de las atenciones es el Plan de Ahorro 5: un depósito a plazo a cinco años, pero en el que la rentabilidad está fiscalmente liberada, y que es donde puede concentrarse la competencia en los próximos meses. Hay que recordar que bien pudiera ser un producto apetecible puesto que nadie puede saber qué ocurrirá en cinco años, pero hoy por hoy, con los tipos al cero o cercanos, liberar el impuesto no es gran cosa.

Opciones menos arriesgadas y con aceptables réditos están en la deuda a muy largo plazo si es pública y de empresas con grado de inversión, aunque no sea triple a, y en ambos casos si los bonos se mantienen hasta su vencimiento. Pero dependiendo del perfil del ahorrador, y teniendo en cuenta que en 2015 puede acelerarse el crecimiento y con él los beneficios empresariales, no está de más poner algunos huevos en la cesta de la renta variable, que proporcionarán algunas plusvalías y donde siempre quedará el dividendo, hoy superior al 4% de media en la Bolsa española.