Aventura en el Altiplano

El Titicaca, un gigante enclavado en los Andes

El lago navegable más alto del mundo da vida a las poblaciones ribereñas

Desde tiempos de los incas ha sido considerado un lugar sagrado

Copacabana (Bolivia)
Llamas en la ribera del lago Titicaca.
Llamas en la ribera del lago Titicaca.

Las aguas del Titicaca permanecen gélidas e inamovibles durante todo el año. El lago navegable más alto del mundo se encuentra enclavado en el corazón de Suramérica, en la meseta boliviana y peruana.

A 3.800 metros sobre el nivel del mar, la falta de oxígeno obliga a los turistas de tierras bajas a detenerse un instante, tomar un respiro y admirar los paisajes de hierba verde, el amarillo de la totora y las apacibles aguas esmeraldas que se mimetizan con las gigantes montañas de nieves eternas.

Este es un lugar sagrado. Cuentan las leyendas prehispánicas que Manco Capac y Mama Ocllo, los fundadores del imperio inca, nacieron de las espumas de este lago. El agua es un símbolo venerado y de gran respeto en la cosmovisión andina, pues significa vida. Estos hijos del sol fundaron –cuentan los más ancianos– la ciudad del Cuzco en Perú y también la mítica fortaleza de Machu Picchu.

Según la creencia andina, de las espumas de este lago emergieron los incas

La mejor opción para llegar a este lago es arribando a La Paz, la capital de Bolivia. Una ciudad rodeada de montañas donde las viviendas deben su color ocre a la arcilla y barro empleado en sus construcciones.

La ciudad alberga catedrales que pertenecen a la época de la colonia, como el convento de San Francisco o la catedral Metropolitana, y que permiten al turista apreciar el sincretismo europeo y aborigen.

No hay vuelos directos entre las principales ciudades de España y La Paz. Sin embargo, aerolíneas estadounidenses y suramericanas promocionan billetes aéreos a un promedio de 900 euros ida y vuelta. El vuelo dura entre 18 y 24 horas. Desde La Paz hay un recorrido de tres horas hasta la ciudad de Copacabana, “la puerta hacia el cielo”.

Un pueblo religioso

Los habitantes, descendientes de los incas, tejen coloridas prendas.
Los habitantes, descendientes de los incas, tejen coloridas prendas.

El turista que llegue hasta Copacabana no solo estará en el sitio ideal para adentrarse en el corazón del Titicaca, sino que además podrá conocer las tradiciones y cultura del pueblo boliviano. Una de las actividades típicas es la ascensión por el cerro del Calvario, al norte de la ciudad.

Este lugar refleja el sincretismo religioso. Con los primeros rayos de sol, turistas y residentes empiezan el ascenso y algunos practican el ritual de lanzar una pequeña piedra en cada una de las 14 estaciones que representan el recorrido de Jesucristo durante el vía crucis.

Luego de un gran esfuerzo es posible llegar a la cima, donde se construyeron siete cruces; también podrá observar toda la magnitud y belleza de los paisajes andinos, sus enormes montañas entrelazadas y también la grandeza del Titicaca, cuya orilla contraria es imposible de divisar.

En este sitio los turistas pueden conocer a los denominados yatiris, que en la cosmovisión andina son considerados como los sanadores del alma: una especie de guía espiritual que podrá acompañarlo durante el camino y desearle buena suerte antes de adentrarse en las gélidas aguas.

Calma que cautiva

La hora ideal para cruzar el lago sagrado es por la mañana, cuando el sol roza las frías aguas, cuya temperatura es de 13 grados centígrados. Es un lugar impredecible, ya que el tiempo cambia dependiendo de la lejanía de la tierra firme. Pero bien abrigado, el turista podrá visitar paraísos escondidos como la Isla del Sol.

Después de surcar las aguas durante dos horas se llega hasta este sitio, que cuenta con dos puertos. Con ayuda de guías locales se puede conocer la historia de la civilización inca y visitar lugares como el Museo de Oro de la Ciudad Sumergida desde donde se puede tomar el camino rumbo a las ruinas y la piedra sagrada.

Además, en estas aguas el turista observará cómo los habitantes de las islas se movilizan en los denominados caballitos de totora. Estas balsas son elaboradas por las comunidades con técnicas milenarias. La totora, una resistente planta que crece en los pantanos, permite elaborar vistosas balsas que recorren las aguas lentamente.

Cousteau se obsesionó con la leyenda de la ciudad de oro sumergida

El lago del misterio
Jacques-Yves Cousteau se obsesionó con el Titicaca y la leyenda de la ciudad de oro sumergida. Luego de una tercera exploración subacuática, dijo que el fondo de este lago ha permanecido más secreto que la luna. Con una superficie de 8.562 km2, este gigante provee de recursos, da vida a los pobladores de sus riberas desde tiempos inmemoriales, por lo cual los mitos a su alrededor son abundantes.

El turista que visite Copacabana o Puno, en Perú, descubrirá un abanico de colores y ofertas por doquier. Descendientes de los urus, aymaras y quechuas son la población mayoritaria en las ciudades ribereñas y en ocasiones practican el trueque: una forma de comercio milenaria que consiste en el intercambio de productos, sin dinero de por medio.

Bolivia es un país sin salida al océano Pacífico, por lo cual el lago se convierte en un recurso estratégico. Desde siempre, ha proveído a sus habitantes de agua y alimento y ha facilitado el comercio, el transporte…

Atravesar los Andes peruanos
El Titicaca es compartido por Bolivia y Perú, así que es posible visitarlo desde cualquiera de los dos países. Desde Lima, hay conexiones aéreas con Arequipa o el aeropuerto Inca Manco Capac, cerca de Puno.

Si tiene sed de aventura, la mejor opción es llegar hasta Arequipa y disfrutar de uno de los cascos históricos más hermosos de Suramérica, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Una ciudad llena de arte e historia donde la belleza de los conventos e iglesias lo envolverá.

Desde esta ciudad podrá atravesar el corazón de los Andes durante siete horas hasta arribar a Puno. No será un viaje fácil, pero su espíritu aventurero quedará satisfecho con los paisajes de nieves perpetuas que lo acompañarán.

Lujo y confort en tierras altas

Balsas de totora en Copacabana.
Balsas de totora en Copacabana.

Disfrute de una bebida tradicional del altiplano mientas se encuentra en una habitación con chimenea, observando las nieves de los Andes o las aguas del Titicaca desde un jacuzzi. Tanto en el lado boliviano como peruano existen hoteles de lujo que brindan a los turistas una atención especializada.

Uno de esos destinos vip que se encuentra entre los lugares más solicitados es el Titilaka Hotel, ubicado en Puno, Perú. Su cercanía al lago permite que las cálidas habitaciones tengan vistas de ensueño donde el agua, las nieves y el hielo se mezclan.

Si desea escapar del mundo, las islas ubicadas en el centro del lago son una magnífica opción. A bordo de modernas lanchas puede llegar a destinos como la isla Suasi. Este lugar es ideal para los amantes de la lectura, la paz y la meditación. En este sitio no existen aparatos electrónicos, como radios o televisores, y todo funciona con energía solar.

Otra isla de ensueño que vale la pena conocer es Taquile, donde el turista puede vivir unos días en las casas de los habitantes locales y así aprender sus costumbres.

Para los traslados es indispensable contar con empresas cuyos vehículos cuenten con todos los certificados de calidad. Hoteles de cinco estrellas proveen de transporte propio con coches modernos.

El turista debe tener cuidado de utilizar vehículos en mal estado. Uno de los problemas de Bolivia es el mal estado de sus carreteras, lo que sumado a un coche defectuoso le podría hacer pasar un mal momento.

No todos pueden viajar

Atardecer en el lago Titicaca.
Atardecer en el lago Titicaca.

El lago Titicaca se encuentra a una altura en donde respirar puede ser dificultoso. Por ello, es mejor que las personas que padecen de problemas del corazón o de tipo respiratorio eviten esta aventura.

Al menos en La Paz, los establecimientos hoteleros están preparados para proveer de tanques de oxígeno al huésped que lo requiera, a fin de evitar las complicaciones respiratorias que pueden surgir a los 3.800 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Las bajas temperaturas lo obligarán a usar ropa de abrigo durante todo el viaje. Sin embargo, es necesario aplicarse un protector solar fuerte, pues en el altiplano, el sol pega con mucha más intensidad que en Europa.