Editorial

La alegría vuelve a la Bolsa española

La alegría ha vuelto a la política de reparto de dividendos de las empresas españolas. Hasta el mes de octubre, las compañías han reservado algo más de 43.000 millones de euros para retribuir a sus accionistas, según los datos que ha hecho públicos Bolsas y Mercados Españoles (BME). La cifra supone un 90% más que en 2013, aunque si se excluyen los dos dividendos extraordinarios abonados por Endesa a finales de ese mes el repunte se queda en un 26% más. Pese a esa diferencia, el cambio de tendencia que se ha producido en la política de remuneración por acción en el mercado español es clara y hay que congratularse por ello. Tras dos años de sacrificio y ajuste de cinturón –en 2012 se pagó un 19% menos y el año pasado un 15%– las cotizadas vuelven a premiar la fidelidad de sus accionistas. La cifra total repartida supera la alcanzada en 2009, que constituía hasta ahora el máximo de los últimos ejercicios, aunque ello se explica por la contribución de las ocho compañías –entre ellas Endesa– que han vuelto a pagar dividendo tras haberlo suspendido en 2013. Del análisis de los datos se deduce también que el scrip dividend se ha convertido en una fórmula atractiva para muchas empresas al permitirles entregar el dividendo en acciones al inversor, en lugar de hacerlo en efectivo, y emplear esa liquidez en inversiones, amortizaciones y otros fines. En estos primeros nueve meses del año ya son cuatro de cada diez las compañías que han optado por utilizarlo.

Más allá de la fórmula utilizada, la remuneración al accionista sigue constituyendo el cebo que mueve las decisiones de la mayor parte de los ahorradores que invierten en la Bolsa. Esos inversores, que han visto decrecer, cuando no desaparecer, ese premio durante una serie de ejercicios marcados por una crisis económica de inédita dureza, miran de nuevo a un parqué que ha recuperado la alegría. De aquí a final de año quedan todavía doce compañías que tienen previsto premiar a sus accionistas y que consolidarán 2014 como un año récord.

Todo ello constituye una buena noticia por varias razones. La primera porque evidencia la progresiva recuperación y fortaleza del negocio de las grandes empresas españolas, que han realizado en muchos casos un ejercicio ejemplar de ajuste, reorganización y saneamiento durante la crisis. La segunda, porque refuerza el atractivo de la Bolsa española, que se consolida como el parqué europeo que ofrece mayor rentabilidad por dividendo. Y la tercera, porque constituye un poderoso imán para que los inversores canalicen sus ahorros hacia los valores corporativos y prepara el terreno para el éxito de futuros estrenos bursátiles. No en vano, la mejora de las perspectivas empresariales constituye la clave y el motor del proceso de recuperación económica en que España está inmersa.