El Parlamento Europeo aprueba con reticencias al nuevo Ejecutivo

La Comisión Juncker nace débil para tanto desafío económico

El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.
El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. REUTERS

Dicen que la presidencia de la Comisión Europea es un cargo muy enrevesado. Entre otras cosas, porque el presidente tiene por encima a 28 Gobiernos deseando darle órdenes y por debajo a otros tantos comisarios que se resisten a obedecerle.

El luxemburgués Jean-Claude Juncker (1954) se colocará a partir del próximo 1 de noviembre entre esos dos fuegos tras recibir hoy el visto bueno definitivo del Parlamento Europeo tanto a él como a sus 27 comisarios. Y si su cuerpo y la legislatura aguantan, deberá dirigir ese equipo hasta 2019.

La votación en Estrasburgo indica que el próximo lustro no será fácil para el ex primer ministro de Luxemburgo porque ni la alineación de comisarios (que él no ha decidido), ni el reparto de carteras (decidida por él) ni el organigrama que ha creado (con competencias que se solapan) provocan el entusiasmo del europarlamento.

“Confíen un poco en nosotros”, pidió Juncker durante el discurso previo a la votación. Y como señal de buena voluntad no solo retocó ligeramente la estructura de la Comisión, como le había reclamado el Parlamento, sino que se comprometió a adelantar su programa de inversiones valorado en 300.000 millones de euros y que tenía previsto presentar tres meses después de su llegada a Bruselas, es decir, en enero de 2015. “Si nos apoyan hoy, lo presentaremos antes de Navidad”, prometió Juncker.

El gesto le valió de poco. Juncker solo obtuvo el apoyo cerrado de su propio grupo, el Partido Popular Europeo, mientras sus aliados, Socialistas y Liberales, votaban divididos. En total, la nueva Comisión logró 423 votos a favor, 209 en contra y 67 abstenciones.

Un resultado holgado, pero no tan bueno como podía esperar una Comisión que cuenta con 14 miembros del PPE, ocho de los socialistas, cinco liberales y un conservador británico, cuatro grupos que suman 549 escaños.

El resultado es más pobre que el obtenido por el presidente saliente, José Manuel Barroso tanto en 2004 (449 a favor, 149 en contra) como en su polémica reelección en 2010 (488 y 137).

Juncker no solo obtiene menos votos a favor, sino también más votos en contra, lo que se explica, en parte, por un mayor número de europarlamentarios euroescépticos; pero también porque el nombramiento de la Comisión ha dejado de ser un ejercicio diplomático para convertirse en un debate político. Con las ventajas y riesgos que comporta.

De manera significativa, más de la mitad de los 54 eurodiputados españoles se abstuvieron o votaron en contra del equipo de Juncker aduciendo para ello, en muchos casos, la presencia de Miguel Arias Cañete al frente de Energía. Antes, la figura del comisario apenas planteaba conflictos a nivel nacional.

Esta presión política se mantendrá previsiblemente sobre una Comisión que hereda una economía al borde de la tercera recesión, con casi 25 millones de parados y una caída de la inversión privada del 20% en relación con 2007.

Bruselas no dispone de grandes recursos financieros para contrarrestar esos males (el presupuesto europeo es solo el 1% del PIB de la UE), pero su impulso político puede marcar la diferencia. Un impulso que parece mermado en el caso de la nueva Comisión, no solo por la votación de ayer, sino también porque Juncker, al menos de momento, no podrá contar con un eje franco-alemán descuajeringado.

Energía

Berlín y París llegan enfrentados a la cumbre que se celebra mañana y el viernes en Bruselas, en la que deben marcarse las directrices económicas para el equipo de Juncker y pactar la política energética hasta 2030.

Fuentes diplomáticas dan por descontado un acuerdo de mínimos para fijar una reducción de emisiones de CO2 del 40% en 2030 (en relación con 1990). Los objetivos nacionales de energías renovables se suprimen y se sustituyen por uno a nivel europeo (27%). Los de eficiencia energética (30%) seguirán siendo orientativos.

Y España reclamará que el objetivo de interconexión energética se amplíe del 10% al 15% con la esperanza de que los 300.000 millones de Juncker financien en parte las obras para conectar la red con Francia... suponiendo que la nueva Comisión sea capaz de movilizar se dinero.

Rajoy da su visión de Europa desde Brujas

Margaret Thatcher, Jacques Delors, Felipe González o Angela Merkel aprovecharon en su día la apertura del curso académico en el Colegio de Europa de Brujas (Bélgica) para dar su visión sobre la integración política del Viejo Continente. Mañana le tocará el turno al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, encargado del discurso inaugural del 65 curso académico de una universidad en la que han estudiado muchos de los eurócratas que manejan los hilos de Bruselas. Cada año, unos 300 estudiantes en el campo de Brujas y otros 120 en el campus de Varsovia (Polonia) realizan un curso de postgrado estrechamente ligado a la agenda europea. Durante 10 meses, los estudiantes conviven en un ambiente multicultural y plurilingüe que muchos de ellos recuerdan como una experiencia inolvidable.

Más de una vez, la apertura del curso se ha convertido también en una cita para la historia. En 1988, la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, proclamó la supremacía del Estado-nación, rechazó la idea de construir los Estados Unidos de Europa y acusó a Bruselas de apropiarse de la identidad de todo el continente: “Europa no nació con el Tratado de Roma”, les recordó la dama de hierro a los eurofuncionarios.

Dos décadas después, en 2010, la canciller alemana, Angela Merkel, también hacía patente su desconfianza hacia Bruselas con una propuesta que pretendía dar por superado el llamado método comunitario (basado en la cesión de soberanía) y proponía el “método de la Unión”, en el que los Gobiernos se convertían en el eje central de la política europea.

Rajoy, previsiblemente, seguirá una línea bastante menos euroescéptica.