A brindar con cerveza como un bávaro, ‘prost!’

Los brindis en las carpas y las atracciones de feria son dos imágenes típicas del Oktoberfest.
Los brindis en las carpas y las atracciones de feria son dos imágenes típicas del Oktoberfest.

Ein bier, bitte! –una cerveza, por favor– será la frase más repetida durante 15 días en Múnich, la capital de Baviera y durante esas dos semanas, las que dura el Oktoberfest, –la fiesta de octubre– será también capital mundial de la cerveza. Este año, el festival se celebrará entre el 20 de septiembre y el 5 de octubre, antes de que el frío y el mal tiempo se haga fuerte en la ciudad y en toda Alemania. Durante ese periodo las siempre animadas calles de Múnich se llenan de turistas de todo el mundo que multiplican por cinco su población, que el resto del año no sobrepasa los 1,3 millones de habitantes.

El Oktoberfest ha dado fama internacional a esta ciudad, que junto a Berlín y Hamburgo es de las más visitadas de Alemania. Pero Múnich tiene también muchos atractivos para hacer una escapada en cualquier época del año.

Esta ciudad aúna los atractivos de las grandes metrópolis y el encanto de lo rural. Entre las antiguas murallas conviven grandes tesoros artísticos de otras épocas, un entorno natural de cuento y la más alta tecnología que, aplicada al transporte, hace de Múnich una ciudad muy fácil para moverse, tanto a pie o en bicicleta por sus calles peatonales como en sus siete líneas de metro (U-Bahn), su red de cercanías (S-Bahn), tranvías y autobuses que cubren los principales puntos turísticos.

Marienplatz, la plaza de central, es el centro neurálgico y el alma de Múnich. En ella se encuentran algunos de sus edificios más emblemáticos, como el nuevo y el viejo ayuntamiento, un recargado inmueble de estilo neogótico y un antiguo castillo, respectivamente. Alrededor de la misma parten las principales calles comerciales con todo tipo de tiendas y restaurantes. El espectacular palacio de Nymphenburg, con sus impresionantes jardines, es mudo testigo de la vida de la realeza; las puertas de la antigua muralla que aún se conservan, Karlstor, Isartor y Sendlinger Tor; el campo de concentración de Dachau recuerda los años más oscuros de la historia reciente, o el colorido y conocido mercado de Viktualienmarkts.

Y tratándose de Múnich y de sus monumentos, no podía faltar uno que encierre la esencia de lo que la cerveza supone para esta ciudad. La cervecería Hofbräuhaus, cuya historia se remonta a 1589, es otro de los emblemas de la ciudad y una de las más famosas del mundo. Destruida durante los bombardeos de 1945, sus salones han sido testigos de conspiraciones y de todo tipo de reuniones sociales y políticas y hoy es uno de los puntos ineludibles de la ciudad, sobre todo durante el Oktoberfest.

El festival, que se desarrolla al aire libre, a la sombra de los castaños y bajo carpas muy cerca del centro, comienza cuando tras la llegada de los Wiesnwirte, propietarios de las cervecerías, escoltados por carros de caballos cargados de barriles de cerveza, el alcalde abre el primero. Mucha gente acude a la fiesta ataviada con trajes tradicionales. Y la cerveza, que se sirve siempre sentados y en jarras de un litro, debe ser elaborada en Múnich –hay seis tipos diferentes–, tener un grado alcohólico del 6% y cumplir la ley de la pureza y ser fabricada con agua, cebada y lúpulo. Prost! (salud). Y a disfrutar.