Desayuno Cinco Días

Robots en los laboratorios, profesionales con el paciente

Desde la izquierda, Jesús Álvarez, del Hospital Príncipe de Asturias; Fernando Cava, de BR Salud; Mercedes Herranz, Hospital de Getafe; Luis Cortina, Siemens, y César Pascual, Hospital Marqués de Valdecilla.
Desde la izquierda, Jesús Álvarez, del Hospital Príncipe de Asturias; Fernando Cava, de BR Salud; Mercedes Herranz, Hospital de Getafe; Luis Cortina, Siemens, y César Pascual, Hospital Marqués de Valdecilla.

Al acceder a un laboratorio automatizado de un hospital se ve una sala grande, diáfana, con brazos de robots trabajando y una cadena por donde viajan las muestras de los pacientes. Alrededor trabajan algunos técnicos. Los tubos de sangre pasan de una máquina a otra por una cinta, sin contacto humano. Todo está informatizado y se evita cualquier error manual. La tecnología apenas necesita unas gotas de líquido para el análisis, lo que ha ahorrado extraer más de lo necesario al paciente.

Así son los laboratorios automatizados que los hospitales están empezando a instalar para ahorrar costes y ganar eficacia. Pero queda mucho camino por recorrer. CincoDías y Siemens han reunido a un grupo de expertos para debatir sobre los desafíos en la organización de estos centros de análisis clínicos.

“Los laboratorios son poco conocidos por el paciente. No se sabe lo que hay detrás. Pero el 80% de las decisiones médicas se toman tras analizar los resultados provenientes de estos departamentos”, señala Luis Cortina, director general de Siemens Healthcare. “Los laboratorios automatizados son diáfanos, dejan de estar compartimentados. Se conoce la trazabilidad de las muestras desde el principio, no se mueven tubos de un lado para otro, se necesita menos cantidad de sangre del paciente y hay menos tiempo de demora. Los profesionales trabajamos más dedicados a la calidad”, explica Mercedes Herranz, jefa de laboratorio del Hospital de Getafe (Madrid). Pero lamenta que no todos los gerentes vean la necesidad de las mejoras: “Nos ven como un gasto, pero no es cierto. Gracias a nosotros ahorran dinero en farmacia o en altas”.

“Si queremos hacer que los servicios centrales, como los laboratorios, sean eficaces, deben funcionar como un reloj suizo. La necesidad de adecuar nuestros costes nos ha obligado a ir rascando de donde podemos para ahorrar. Hay que gastar bien. Y este tipo de tecnología permite hacer las cosas mejor y de forma más económica”, opina Jesús Álvarez, director de gestión del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares, Madrid). Hace apenas unos años, esta automatización, con cadenas de más de 30 metros, no existía. “La tecnología ha cambiado de forma muy rápida, nos ha permitido hacer las cosas mejor y más barato”, indica Álvarez, en cuyo centro se ha implementado este tipo de instalación.

En algunos de los procesos, ahora automatizados, el ahorro de costes llega al 20%. Aunque el reto está en convencer a los gestores políticos y de los centros para invertir en un momento de fuerte control de gasto en la sanidad.

“Los clientes de la sanidad van aumentando debido al envejecimiento. Nunca faltarán pacientes. Eso significa más coste y la necesidad de tomar medidas”, cree Cortina, de Siemens. “Cada centro debe organizar su propio modelo de laboratorio en función de la población y de otros factores. No hay dos hospitales iguales y hay soluciones flexibles para que cada laboratorio sea diferente. La automatización se consolida para aumentar la calidad y rebajar los costes”, añade. Alrededor del 80% del trabajo se puede robotizar y el resto requiere una dedicación más cualificada de los profesionales. Actualmente, alrededor de un 35% de los laboratorios están automatizados. Por tamaño, “se puede llegar a subir hasta un 60% del total”, asegura Cortina.

El técnico, analista de la CIA

En la actualidad, los médicos leen los resultados de los laboratorios en papel o en el ordenador, donde diferentes señales le advierten de que puede haber una anomalía en la salud del paciente. Es lo que César Pascual, gerente del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander, llama como “fase del asterisco”. “Los clínicos normalmente han buscado los asteriscos en el papel, las alarmas. Eso muestra una lejanía entre el laboratorio y el personal médico. Yo creo que el profesional del laboratorio debe ser como un analista de la CIA, que analiza muchos datos y luego asesora”, señala. “Tiene que estar al lado del clínico y aconsejarle. Gracias a la tecnología, se libera tiempo del profesional del laboratorio para ganar talento”, apunta.

De hecho, la tecnología está cambiando la forma de funcionar en los centros sanitarios. Un facultativo puede leer en su iPhone los resultados de un paciente en cualquier lugar, no está atado a un ordenador, y por su parte, el profesional del laboratorio (médico, farmacéutico, biólogo...) puede acercarse al clínico para ayudarle en la interpretación de los resultados, indicarle qué pruebas son las más adecuadas o situarle en los antecedentes del paciente. “Tenemos que enseñar a los clínicos que tan importantes son los casos que tienen asterisco como los que no los tienen. Hay que hacer una buena interpretación”, destaca Fernando Cava, director técnico de BR Salud, empresa que centraliza los laboratorios de varios hospitales madrileños. “Más que un core lab, yo creo que tenemos que caminar hacia un brain lab”, añade, un centro de inteligencia.

Gestión del cambio

Aunque los gestores políticos y gerentes sean en ocasiones una barrera para la innovación, no es la única. Los propios profesionales son reticentes al cambio en el modelo de laboratorio. “Perciben la automatización como una amenaza”, reconoce Herranz, del Hospital de Getafe, que ha vivido el proceso desde dentro.

Lo confirma Álvarez, del Hospital Príncipe de Asturias: “En el diseño de la automatización en nuestro centro aparecía recurrentemente el tema de qué iba a ocurrir con los despachos. Venimos de una forma de trabajar en compartimentos. Ahora el espacio es diáfano. Nos encontramos con que cada profesional quería mantener su habitáculo. Esto nos ha llevado a tener que controlar la gestión del cambio”.

“Hace unos años, todo lo que fuera tecnología se veía como un enemigo directo para el puesto de trabajo”, reconoce Cortina. “Nuestra compañía aporta tecnología para que el personal aporte valor, que se aproveche su conocimiento”, añade. “Gracias a la automatización, nos encaminamos a una medicina más participativa, para que el profesional del laboratorio salga fuera y hable con el clínico”, coincide Herranz. “Una de las cosas en las que el técnico puede ayudar es en consensuar las mejores pruebas”, añade también Pascual, del Hospital Marqués de Valdecilla. “Soy muy crítico en cómo se gestionan los hospitales. Se ha mejorado con la automatización de los laboratorios, pero el cambio debe ser también de los demás profesionales. El cambio tiene que ser cultural, de toda la organización”, apunta Pascual. “El proceso de industrialización y de gestión de la calidad que deben tener los hospitales ha partido desde los laboratorios”, recuerda.

En algunas comunidades autónomas, como Madrid, se ha apostado por centralizar estas pruebas clínicas para varios centros con el fin ahorrar costes (incluso con una gestión privada). Pero no en todos los casos será necesario.

Centralización

“La tecnología permite que se hagan pruebas, test sencillos, incluso en la consulta. Aunque para grandes volúmenes, por lógica, habrá que centralizar”, opina Pascual. “Cada hospital y cada comunidad tendrán que tomar sus decisiones.

Cortina, de Siemens, coincide con él: “La tecnología camina en las dos líneas, tanto en centralización como en la descentralización. Por ejemplo, un caso muy claro es el control de los pacientes que toman anticoagulantes orales. ¿Para qué vamos a tener a una persona perdiendo las horas con los análisis? Se podrá hacer un simple test en consulta o incluso en casa”. Y va más allá: “Lo importante en la sanidad es ver el impacto económico de lo que inviertes. Este tipo de pruebas puede ahorrar en horas de jornada laboral perdidas de los enfermos”.

“Al final, el objetivo es aumentar la calidad del sistema sanitario rebajando sus costes”, recuerda el directivo de la multinacional alemana. “El reto pasa por consolidar el nuevo rol del profesional del laboratorio, que vaya más allá de la analítica”, destaca Pascual. “El principal desafío es la gestión del cambio en las personas”, concluye Álvarez.

Herranz, del Hospital de Getafe, cree que otro de los cambios que se deben introducir es cómo gestionar todo ese conocimiento de los técnicos y enfocarlo a una sanidad más interactiva entre los profesionales, en el contexto de una medicina más personalizada y preventiva. “Hay un periodo apasionante de cambio”, concluye Cava.

¿Cómo afecta la medicina personalizada?

Los laboratorios de los hospitales se enfrentan a otros retos para el futuro. El conocimiento del genoma humano avanza y por ello también los nuevos fármacos y pruebas específicas para cada paciente.

Es lo que se denomina medicina personalizada. Por ejemplo, cada tumor tendrá un biomarcador (test) que indique si es conveniente aplicar un medicamento a cada enfermo. Para eso, estas salas de pruebas se tendrán que adaptar.

“Los análisis de medicina personalizada todavía se hacen de forma muy manual”, describe Fernando Cava, de BR Salud. “Son pruebas muy caras”, reconoce Mercedes Herranz, del Hospital de Getafe, que requieren el conocimiento y el tiempo de los técnicos. “Pero a corto plazo lo podremos robotizar”, apunta.

“Es cuestión de tiempo que también esto se automatice”, coincide Cava. La medicina personalizada también aporta el reto del análisis de multitud de datos genómicos del paciente, el big data de los hospitales, por eso la informatización y automatización ayudará en la tarea. “Ahora vamos a tener el reto de la patología molecular. Es un problema del Sistema Nacional de Salud. Irán apareciendo cada día nuevos biomarcadores. ¿Vamos a montar toda una infraestructura en cada hospital?”, se cuestiona César Pascual, del Hospital Marqués de Valdecilla.

“A día de hoy, no hay una equidad en este tema para los pacientes, porque hay hospitales que pueden asumir el gasto y usar los biomarcadores y otros no”, se lamenta, aunque coincide en que hay un tránsito de “cinco años” hasta que aparezca la nueva tecnología que ayude a automatizar estos procesos.

Las compañías tecnológicas tienen el reto de conseguir la automatización de estas pruebas, a la vez que abaratan los costes.

“La secuenciación genómica se está abaratando de forma muy rápida. En la actualidad se puede hacer por 700 euros y sigue bajando. Va a ser muy accesible para los hospitales y ya se trabaja en ese sentido”, recuerda Pascual, del hospital santanderino.