Editorial

Un suspenso que es urgente revertir

Los mediocres –cuando no pésimos– resultados de España en los informes PISA de educación que elabora la OCDE comienzan a convertirse en una tónica habitual. El último publicado hasta el momento, PISA 2012 sobre competencia financiera, volvía ayer a colocar a los alumnos españoles por debajo de la media de los países de nuestro entorno y solo por delante de Croacia, Israel, Eslovaquia, Italia y Colombia. El objetivo de la prueba –que en España han realizado 1.108 adolescentes de 15 años– consistía en medir el grado de conocimiento financiero al final de la etapa obligatoria de educación. Su alarmante conclusión es que uno de cada seis alumnos españoles tiene dificultades para resolver cuestiones sencillas de economía doméstica, como distinguir una factura, tomar decisiones sobre gasto cotidiano o utilizar una tarjeta de crédito. Por asombroso que pueda parecer, existe una considerable proporción de adolescentes españoles que es incapaz de calcular si resulta más económico comprar tomates al peso o adquirir una caja de diez kilos, una vez conocido el precio por kilo. Una operación de cálculo elemental que cualquiera de sus abuelos –con o sin educación secundaria– habría resuelto sin problemas en el marco de la vida diaria.

El análisis no solo de los resultados, sino de cuestiones como la anterior, permite llegar a dos conclusiones igualmente preocupantes. La primera es que junto a deficiencias estrictamente financieras, los adolescentes españoles carecen de competencias mínimas en aritmética básica. La segunda consiste en la sorprendente ignorancia respecto a usos económicos cotidianos que demuestran algunos fallos, como el que se refiere a la utilización de una tarjeta de crédito. Ello no solo revela carencias de currículo dentro del sistema escolar, sino también la ausencia de un contacto cotidiano con la economía real que hasta no hace demasiado tiempo cualquier ciudadano adquiría en el hogar.

Ambas conclusiones hacen obligada la adopción de medidas de corrección y mejora. Más aún cuando una de las grandes lecciones que ha dejado esta larga crisis económica es la necesidad de que los consumidores incrementen su formación financiera para aumentar también su protección frente a posibles malas prácticas de mercado. De momento, la CNMV y el Banco de España, en colaboración con el Ministerio de Educación, han implantado un programa de formación financiera en educación secundaria. También la nueva Ley de Educación (Lomce), que empezará a aplicarse en septiembre, introduce en los currículos de primaria y secundaria la enseñanza financiera. A todo ello hay que unir un siempre sano ejercicio de autocrítica y recordar que enseñar economía doméstica no solo constituye una responsabilidad del sistema escolar, sino también un deber dentro del ámbito familiar.