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No todo funciona como un reloj

Las economías emergentes están pasadas de moda entre los inversores. Las conclusiones del informe anual de competitividad del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) no van a hacerles cambiar de opinión.

Los BRICS parecen algo sólido, pero las tendencias de la clasificación del WEF sugieren que tienen unos cimientos débiles para un crecimiento fuerte. El 290 lugar de China no supone una mejora, pero mantiene al país muy por delante de los demás BRICS –pese a las preocupaciones sobre la corrupción y el sector bancario–. Rusia ha mejorado, pero aún ocupa un discreto 640 puesto.

Por otro lado está la India. El WEF recuerda a los inversores que sus problemas son mayores que un gran déficit por cuenta corriente y una elevada inflación. Sus pobres infraestructuras son el gran obstáculo.

Brasil se mueve, pero en la dirección equivocada. Ha caído ocho puestos en el ranking. Las buenas intenciones –mejorar las carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos– no se han traducido en demasiada acción.

A otros países, como Indonesia y Malasia, les ha ido mejor y, como era de esperar, los países ricos son los más competitivos. El top ten incluye a países nórdicos, Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, los Países Bajos, Hong Kong y Singapur. Suiza es el número uno. Un franco suizo incómodamente fuerte no logra entorpecer a un país altamente cualificado, orientado a la innovación, con un gobierno y unas infraestructuras que funcionan como un reloj.

No todos los países pueden ser Suiza. Pero la mayoría de las economías emergentes podrían hacerlo mucho mejor. Los gobiernos tienen que hacer frente a ineficiencias e injusticias. El estudio del WEF les muestra dónde tienen que buscar.

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