Fin de la gran reconversión vivida por el sector desde 2008
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Últimos coletazos de la crisis de la banca

El sector comienza a presentar síntomas de recuperación.

Cinco años para unos –los que toman como referencia 2008– y seis según las cuentas de otros, se han necesitado para que la banca española comience a dar signos de recuperación. O por lo menos en eso han coincidio los banqueros en las últimas presentaciones de resultados del sector del pasado mes de julio. Francisco Uría, socio responsable del sector financiero de KPMG en España, coincide con la opinión de estos ejecutivos, y añade que con “las subastas de Novagalicia y Catalunya Banc, que se adelantan las exigencias de Bruselas al celebrarse en los próximos meses, no hay razón objetiva para que el mercado desconfíe del sector. La banca española ha hecho los deberes”.

Sí. El sector financiero ha hecho sus deberes, una de las razones que explican que nada tenga que ver con el sector existente en 2007, incluso con el que operaba hace menos de tres años. Entidades tan emblemáticas como Caja Madrid, Banesto o un sin fin de marcas regionales de cajas han desaparecido. Han sido devoradas por la crisis. Además, no solo ha sido necesario pedir a Bruselas el rescate del sector de las cajas, sino que se ha tenido que crear un banco malo, denominado Sareb, de cuya constitución renegaban inicialmente tanto el Gobierno como el Banco de España.

La voz de alarma llegó el 9 de agosto de 2007, cuando el mercado interbancario se cerró a cal y canto en todo y para todo el mundo. “Estaba de vacaciones y convoqué lo más rápido que pude consejo extraordinario para ese mismo día. Nunca había sucedido algo igual”, recuerda el presidente de un banco. La banca española, pese a sufrir la clausura de los mercados, aún no daba signos apreciables de debilidad, aunque ya había incubado la enfermedad. Había logrado esquivar las hipotecas basura provenientes de Estados Unidos y seguía presumiento de ser la más fuerte del mundo, aunque la burbuja inmobiliaria comenzaba a mostrar síntomas de preocupación, pero nadie quería pinchar la euforia predominante en el país. El crédito seguía batiendo récord de crecimiento –a tasas superiores al 20%–, los beneficios bancarios rompían trimestre a trimestre barreras al alza, lo mismo que el mercado de hipotecas, y las cajas seguían inundando de oficinas las esquinas de las ciudades. La morosidad seguía agazapada. No llegaba al 1%. Hoy supera el 11,2% y eso que en el banco malo hay créditos de promotores y activos inmobliarios por un valor actual de unos 50.000 millones.

Ahora todo aquello parece parte de un espejo roto cuyos cristales han saltado a todos. Al sector, al contribuyente, al Gobierno y a Europa. Han desaparedico bancos, pero también constructoras, promotoras, pymes...

El sector financiero a junio de 2013:

Beneficios: Al cierre del primer semestre de este año los seis principales bancos –Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Popular y Sabadell– han ganado en conjunto 6.266 millones. En 2008 Santander superaba con creces él solo este beneficio. El pasado año esta media docena de bancos presentó números rojos por 757 millones por las abultadas pérdidas de Bankia.

Activos: Desde 2010 hasta ahora la dimensión media de las antiguas cajas hoy convertidas en bancos ha pasado de los 30.000 millones de euros a los 85.000 millones.

Desde mediados de 2010 hasta ahora se han extinguido unas 43 entidades financieras de las 55 existentes –sin contar con las cooperativas de crédito–. Y han pasado o pasarán por los juzgados cientos de conocidos y un día algunos de ellos incluso prestigiosos ejecutivos que se sentaban en los consejos de las cajas de ahorros y que hoy comparten banquillo en los juzgados. Además, se han destruido 66.000 puestos de trabajo en el sector, si se tiene en cuenta los que están previstos aún. Desde 2008 y hasta el primer trimestre de este año se han cerrado 8.613 sucursales, un 18,7%. Y se espera la clausura de otras 5.000. Casi la mitad del sistema financiero, con predominio de las cajas de ahorros, han necesitado ayudas públicas. Unos 67.000 millones, de los que 40.000 millones provienen de la UE a través de una línea de financiación que ha traido consigo unas duras imposiciones al sector. Esta inyección de ayudas europeas era impensable años atrás. Lo mismo que la caída de un gigante del sector, Bankia. Aunque nació ya con pies de plomo en 2010. Su tamaño, considerado sistémico, ha evitado que la entidad sea subastada y se espera que en 2015 vuelva a la rentabilidad y pueda venderse en Bolsa la participación del Estado.

La crisis, de hecho, ha puesto fin a las cajas de ahorros, alguna con más de 300 años de historia. Solo Caixa Ontiyent y Caixa Pollença, dos pequeñas entidades, han logrado mantener su estatuto de caja. Las demás han desaparecido por fusión, ha sido intervenidas –CAM, CCM, Cajasur, Bankia, Novagalicia, Catalunya Banc, y alguna filial como Banco de Valencia y Banco Gallego– o se han transformado en bancos. “La reestructuración está en su recta final. Las subastas de Novagalicia y de Catalunua Banc son los coletazos”, explicaba recientemente el consejero delegado de Santander, Javier Marín.

El crédito, tras su época de bonanza, sigue sin fluir. Según los últimos datos del primer semestre, los seis principales bancos españoles –Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Popular y Sabadell– han reducido su volumen de crédito más de un 8% en un año. “No hay demanda solvente”, defienden todos sus directivos.

El derrumbe de gran parte del sector ha derivado en un sinfín de cambios en la regulación bancaria que tienen su punto álgido la supervisión única europea por el BCE. Será entonces, según la gran banca, cuando las entidades europeas se rijan por las mismas reglas y se “verá que la banca española está más saneada que sus homólogas internacionales”, señala el consejero delegado de un gran banco.

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