Editorial

La medicina de la moderación salarial

Los empresarios españoles –a través de CEOE– han respondido con notable rotundidad a la propuesta realizada por Ignacio Fernández Toxo, líder de CC OO, en materia de moderación salarial. Toxo abrió una verdadera caja de Pandora el pasado martes al defender la posibilidad de romper el acuerdo sobre contención de salarios firmado hace año y medio entre sindicatos y patronales. El objetivo de esa ruptura, según CC OO, sería doble: aumentar el poder de compra de los trabajadores y reactivar el consumo. Una postura compartida por UGT y que, de llevarse a cabo, supondría quebrar un acuerdo cuya vigencia expira en 2014.

El II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, firmado hace año y medio por CC OO, UGT y CEOE-Cepyme, está cumpliéndose con firme disciplina, tal y como reflejan los últimos datos de los convenios colectivos registrados hasta junio, que arrojan el menor avance salarial pactado hasta ahora en la historia de la democracia: un 0,6%. Desde la organización empresarial se argumentaba ayer contra la propuesta de Toxo en dos direcciones, ambas perfectamente válidas, pero de distinta relevancia. La primera es la obligación de respetar los acuerdos firmados, un principio básico en cualquier relación sea o no contractual. A ello ha respondido con contundencia UGT al asegurar que el pacto ya ha sido quebrado por incumplimiento de la patronal y defender que no ha moderado ni los beneficios empresariales ni los precios en el último año y medio, tal y como se comprometió.

Sin embargo, el segundo motivo que esgrime CEOE es el que tiene mayor peso a la hora de defender el mantenimiento de la contención salarial. A estas alturas, cuando los datos que anticipan la recuperación comienzan ya a consolidarse, levantar el pie del freno en materia de salarios podría poner en peligro todos los esfuerzos y sacrificios realizados hasta el momento. La patronal remite a lo ocurrido en 2011, cuando se hizo una lectura en extremo optimista de ciertos datos económicos positivos que finalmente no se consolidaron.

Buena parte de los signos de mejora que se han ido sucediendo en los últimos meses son fruto del ajuste de gastos salariales. Ello constituye un factor de primera magnitud para reconstruir la maltrecha competitividad de nuestra industria, atraer inversión extranjera y permitir a la economía española competir en igualdad de condiciones con sus vecinos más fuertes. Es cierto que ese ajuste no se ha trasladado todavía suficientemente a los precios. Pero también lo es que la moderación salarial de hoy forma parte de la medicina de un país en el que hasta hace muy poco el empleo se destruía a la par que los sueldos seguían creciendo.

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