Actualidad

La industria se une a Europol contra el ‘farmacrimen’

Los medicamentos falsos, que pueden causar la muerte, mueven hasta 68.000 millones

La industria se une a Europol contra el ‘farmacrimen’

El pasado año, una falsificación del antitumoral Avastin del laboratorio Roche afectó a 19 prácticas clínicas en EE UU. Este es un ejemplo que pone la Organización Mundial de la Salud (OMS) de casos en que medicamentos espurios pueden llegar a los pacientes.

Afortunadamente, en esa ocasión, el producto simplemente carecía de principio activo y no llevaba ningún ingrediente tóxico. Pero no siempre es así.

La OMS considera como falsos a aquellos productos en cuyas etiquetas se incluye, de manera deliberada y fraudulenta, información falsa acerca de su identidad o procedencia. Algunos tienen “un aspecto tan similar al producto genuino que logran engañar a los profesionales sanitarios”, aseguran desde la OMS, y “pueden provocar fracasos terapéuticos e incluso la muerte”.

Los laboratorios han lanzado la reciente Iniciativa de la Industria Farmacéutica para la Lucha Contra el Crimen (PIIC, en sus siglas en inglés), en la que participan 29 compañías, entre ellas la española Almirall. Además, en Europa, esta alianza se ha unido a la agencia policial Europol para colaborar en la detección de estos medicamentos.

Los Gobiernos están implantando una nueva directiva de la UE

“Las compañías tienen sus propios detectives privados, que buscan las plantas donde se fabrican estos falsos medicamentos. Por eso, en muchas ocasiones, son ellas las que nos avisan de los casos”, explica Chris Vansteenkiste, director de la unidad de los delitos contra la propiedad de Europol.

“Con la colaboración de la Interpol y las autoridades locales, conseguimos localizar y cerrar algunas fábricas. Pero en países como China es complicado acabar con estos delincuentes porque cambian de localización de forma rápida”, añade.

Es complicado cuantificar cuánto dinero mueve este mercado negro. La OMS ha dado varias estimaciones: hasta 68.000 millones de euros o un 10% de las unidades que se comercializan, sobre todo en países sin sistemas públicos que financien los productos.

Las aduanas europeas, según su último informe correspondiente a 2011, detectaron 27 millones de unidades en 2.494 decomisos. El lugar de origen de esos envíos señala claramente a un país, China, del que procede el 68,2% de las falsificaciones. Le sigue India, con el 28,2%, y la excolonia británica Hong Kong, con un 1,5%.

Dentro de la Unión Europea se está implementando la Directiva 62/2011 de Medicamentos Falsificados, “que impondrá a las compañías la obligación de incorporar medidas de seguridad e identificación en los envases de medicamentos, para su posterior verificación en el punto de dispensación”, apunta Icíar Sanz de Madrid, directora de internacional de la patronal Farmaindustria. “El modelo se basa en la trazabilidad de principio a fin”, añade.

Este control se hace cada vez más crucial porque los falsificadores, incluso, elaboran el principio activo (la molécula) que intentan vender a laboratorios en Europa para fabricar el fármaco.

La responsable de Farmaindustria explica que la importación de estos ingredientes desde países de fuera de la UE “es uno de los puntos clave de la directiva”, que introduce nuevos requisitos.

Solo podrán importarse principios activos de países con normativa de fabricación similar a la comunitaria (de momento solo Australia, Japón, Suiza y EE UU), y de otros en los que las autoridades incluyan un informe que garantice las buenas prácticas de producción (las conocidas como normas GMP).

“El canal de entrada por excelencia es el correo postal, que responde a las ventas ilegales por internet”, aclara Sanz de Madrid. Una práctica que confirma el responsable de Europol, y que en muchos casos está ligada al tráfico de drogas.

Opina que aún más peligroso es el caso en que los fármacos “entran a venderse en la red oficial de distribución en farmacias y hospitales”. Ese fue el conocido como caso Gillespie, por el traficante que consiguió vender productos espurios en embalajes de origen francés.

Y actualmente, Vansteenkiste asegura que se está trabajando en un caso similar en Europa, que no se puede desvelar, “pero que no afecta a España”.

No solo en el caso del Viagra

La industria se une a Europol contra el ‘farmacrimen’

El caso más conocido de falsificación y tráfico ilegal es el del Viagra. Numerosas webs venden de forma ilícita imitaciones de la pastilla, lo que pone en peligro la salud de los pacientes.

Pfizer, fabricante de Viagra, acaba de lanzar Noseascobaya.com, una web con el aval científico de la Asociación Española de Andrología, para concienciar a los pacientes con disfunción eréctil de que acudan a canales de distribución seguros.

Por ejemplo, revela la compañía, “entre los ingredientes de algunos supuestos medicamentos se ha encontrado pintura, tinta de impresora –empleada para dar a las pastillas su característico color azul–, anfetaminas, cafeína o polvo de talco”.

Desde la empresa se asegura que quien compra de forma online lo hace por ahorrar tiempo y dinero o porque le da vergüenza contar a su médico el problema que tiene, especialmente en los casos de disfunción eréctil.

Sin embargo, en España está prohibida su venta por internet. Los medicamentos de prescripción solo se pueden comprar en la farmacia con su receta correspondiente. En este caso, además, el tema se agrava ya que se busca el ahorro porque es un fármaco no financiado por la sanidad pública.

La OMS calcula que el 50% de los medicamentos vendidos por internet son falsos. En España, es la Policía y la Guardia Civil, en colaboración con la Agencia del Medicamento, la encargada de velar por la autenticidad.

En 2011, de 125 webs analizadas, se iniciaron 73 expedientes de cierre.
Pero “no se trata de un problema que solo afecta a las drogas recreativas, tales como Viagra, que a menudo se mencionan como los medicamentos falsificados más populares”, explica un portavoz de OAMI (la agencia comunitaria que vela por la propiedad intelectual).

“Los falsificadores también han entrado en la cadena de medicamentos terapéuticos, produciendo fármacos falsificados y peligrosos contra la malaria, antibióticos, medicamentos para tratar el colesterol, antidepresivos y fármacos contra el VIH”, concluye.

Normas