El Foco

Aprovechando el ‘backsourcing’

Las protestas en Brasil y Turquía confirman que las clases medias y bajas de los países emergentes continuarán reivindicando una mejor gobernanza, servicios públicos eficientes y un mejor reparto de la riqueza. Las economías emergentes no podrán mantener a medio plazo su capacidad exportadora con salarios y estándares laborales y medioambientales bajos. Un estudio del FMI en 2010 llegó a la conclusión que, para mantener una tasa anual de crecimiento del PIB del 8%, China debería incrementar su actual cuota del 10% de sus exportaciones sobre el total mundial al 20% en 2020, una tasa inaceptable para sus socios. La nueva cúpula política china desea impulsar el consumo interno, frenar la sobreinversión en el sector inmobiliario, desarrollar un sistema de pensiones, invertir más en educación y sanidad, liberalizar el sistema financiero y reducir el clientelismo de las empresas estatales.

Los otros países emergentes se enfrentan a retos parecidos para alcanzar un modelo más equilibrado de crecimiento. El denominador común es que sus poblaciones no desean y sus instituciones y redes sociales no resistirán continuar ejerciendo de enormes fábricas que se aprovechan de un dumping social global. El activismo de las ONG ya ha obligado a conocidas multinacionales a mejorar estándares o incluso replantearse inversiones.

Como consecuencia de estos factores –y del progresivo aumento de los salarios en los emergentes– se está produciendo un fenómeno de regreso de empresas occidentales que habían deslocalizado su producción o sus servicios informáticos o de atención al cliente a otras empresas. Es el denominado backsourcing. Firmas como Banco Santander, American Airlines y JP Morgan Chase han decidido recuperar el control sobre dichas actividades.

Si la sociedad española mantiene su empeño, saldremos adelante sin estímulos artificiales

Nos hallamos ante el inicio de un cambio de paradigma que permitirá a los países desarrollados competitivos exportar más bienes y servicios y captar más inversión extranjera. Alemania, bajo el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, adoptó duras reformas a partir de 2003 que han producido un segundo milagro económico alemán. Schröder eliminó las cotizaciones a la Seguridad Social para los empleos con una remuneración inferior a 400 euros y disminuyó las prestaciones por desempleo a los que rechazaran más de una oferta de trabajo razonable. Los sindicatos aceptaron una moderación salarial ejemplar –entre 2001 y 2010 el incremento medio anual de los salarios fue del 1,1% en términos nominales–. Disminuyeron los costes laborales unitarios y empresas alemanas que habían deslocalizado su actividad regresaron a Alemania. El paro en Alemania es del 5,4% y el juvenil del 8%. Las exportaciones –alentadas por los paquetes de estímulo de Estados Unidos y China– han aportado la mitad del crecimiento alemán en la última década. El superávit por cuenta corriente de Alemania (7%) es el mayor del mundo y su déficit presupuestario es del 0,3%.

Merkel repite incansablemente que la UE aporta el 7% de la población mundial, genera el 25% del PIB mundial y desembolsa el 50% del gasto social total. El crecimiento alemán durante la última década no ha sido espectacular. Sin embargo, su tasa de actividad ha alcanzado el 73%, y la apuesta de las multinacionales teutonas y del Mittelstand (pymes) por rebajar costes e invertir más en I+D+i y fabricar productos de máxima calidad se ha visto recompensada.

Los países emergentes continuarán reivindicando una mejor gobernanza y un mejor reparto de la riqueza

Mientras Alemania se ponía las pilas, el Gobierno de Zapatero no reformó ni diversificó un modelo insostenible basado en la construcción y el consumo y endeudamiento interno. Las reformas adoptadas por el Gobierno desde principios de 2012 nos están permitiendo recuperar el terreno perdido. En 2012 triplicamos nuestro superávit comercial con la eurozona y nuestras exportaciones registraron incrementos superiores al 10% en todos los continentes. En el primer cuatrimestre de 2013, las exportaciones han crecido un 7,5% (el ritmo más alto de la eurozona). La inversión extranjera también repuntó un 3,7% en 2012, ascendiendo a más de 21.000 millones.

El cambio gradual de paradigma de las economías emergentes es una oportunidad que España debe aprovechar. Debemos eliminar trabas a la inversión extranjera y potenciar un clima inversor más favorable con el restablecimiento de la unidad de mercado, la simplificación del calendario de festivos y de los requisitos para crear y gestionar una empresa. La reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social para contratos a jóvenes parados debe ampliarse a otros colectivos con dificultad de integración en el mercado laboral. La ley de emprendedores contiene diversos mecanismos que favorecen la internacionalización de las nuevas empresas que debemos crear. Hay que potenciar con deducciones fiscales el trabajo a tiempo parcial y conseguir un modelo de formación profesional como el alemán.

El mundo anglosajón critica el excesivo ahorro alemán y su fijación con la consolidación fiscal. Exige reformas estructurales y estímulos a corto plazo. La austeridad sin reformas estructurales lleva efectivamente a un callejón sin salida.

Pero España está acometiendo las reformas y no ha tenido que pedir un rescate. La gradual reducción de las compras de bonos por parte de los bancos centrales es inevitable para impedir futuras burbujas. Si la sociedad española mantiene su empeño, no necesitaremos estímulos artificiales de dudoso beneficio para salir adelante.

Alexandre Muns es profesor de la Escuela Superior de Comercio Internacionañ de la UniversIdad Pompeu Fabra

 

 

 

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