El Foco

El desempleo no es inevitable

Siempre que baja el paro es una buena noticia. En el mes de abril, el desempleo registrado ha disminuido en 46.050 personas. Pero las expectativas de mejora están aún muy lejos. Por mucho que se diga desde fuentes gubernamentales que la salida de la crisis llegará más pronto que tarde, lo cierto es que las cifras se comentan por sí solas. España nunca ha tenido tanto paro: récord de 6,2 millones de desempleados, según la encuesta de población activa, con datos más precisos, ya que tiene en cuenta a las personas no registradas en el Servicio Público de Empleo. La cuestión financiera no es el problema real de España, es el paro. Nada nos debe hacer olvidar que el objetivo prioritario es combatir el desempleo.

El Gobierno manifiesta que hasta 2016 no se creará empleo y que, mientras tanto, España continuará inmersa en una grave recesión. Por ello, se presenta un plan para luchar contra el paro. En dicha fecha, según sus estimaciones, se espera crecer el 1,3%. Siempre se ha dicho que para crear empleo el PIB debe aumentar por encima del 2%, pero el Ejecutivo sostiene que la última reforma laboral posibilitará un crecimiento del empleo solamente por encima del 1%. Pero, ¿en cuánto crecerá el empleo? En concreto, en los próximos cuatro años, según previsiones del Gobierno, aumentará en 364.000 puestos de trabajo, y el desempleo habrá disminuido en 527.000 personas, hasta situarse en más de 5,6 millones de desempleados y una tasa del 24,8%. ¿Se puede decir que con estas cifras habremos salido de la crisis? En nuestra opinión y muy a nuestro pesar, la respuesta es negativa. Por lo tanto, qué plan económico es ese que, prácticamente, nos deja igual que estamos.

La austeridad no ha servido para reducir las tasas de paro ni el volumen de deuda pública

La pregunta que tenemos que hacernos es hasta qué cifra de desempleo tenemos que llegar para que el Gobierno aplique medidas expansivas para crear trabajo. Esperar a 2016 es demasiado tarde, ya que en esa fecha ni siquiera habremos salido de la crisis. Habrá que esperar a que pase más tiempo, si antes no se cambia de política económica. Pero como decía Keynes, a largo plazo estamos todos muertos. Solo con austeridad no se soluciona el desempleo. Hasta el momento no ha servido para reducir las tasas de paro ni el volumen de la deuda pública. Ni siquiera nos ha traído una mayor confianza para los inversores, sino más bien todo lo contrario, si no se crece, es difícil pagar las deudas.

En este sentido, y en pleno debate actual en Europa sobre la austeridad o estímulos a la economía, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ha manifestado: “La política de austeridad va demasiado lejos. El argumento que consiste en decir que la reducción de los presupuestos públicos permite que vuelva la confianza de los inversores es manifiestamente falso. Sin estímulos económicos acompañados de inversiones estratégicas, ninguna economía nacional se puede recuperar”.

Los datos nos demuestran que la apuesta por la austeridad a ultranza genera más paro. Los ajustes presupuestarios brutales nos conducen a un callejón sin salida. Pese a haber hecho una reforma laboral, no se puede decir que hemos salido de la crisis con tasas de paro por encima del 27%. Si no se adoptan medidas para estimular la economía no podemos crecer y crear riqueza y bienestar. Necesitamos una política que tenga en cuenta a las personas y al empleo como un bien social y no como una mercancía. En definitiva, es la economía real la que afecta y preocupa a las personas.

Según CEOE, en palabras de su vicepresidente: “Mientras no funcione la economía no funcionará la reforma laboral”. Hasta el BBVA ha manifestado que “sin medidas de estímulo no solucionaremos el desempleo”. De continuar así, ¿cuánto tendremos que esperar para pasar del 27% de tasa de paro actual hasta llegar al 12% de la media de la zona euro? Si no se toman medidas, más de 10 años. Después del crecimiento económico se produce la creación de empleo. Nada es más eficaz para crear empleo que el crecimiento económico.

Según un estudio de la OCDE publicado en 2010, “las políticas de equilibrio presupuestario tienden a reducir la actividad económica. Así, una reducción del déficit presupuestario de un punto porcentual del PIB implica una recesión del 0,7% de media”. Conclusiones lógicas, ya que, en 1987, en otro informe, llegaba a afirmar que el aumento del desempleo se debe principalmente a una desaceleración del crecimiento. Por lo tanto, no hay que extrañarse de que las políticas de ajustes conduzcan a una reducción de la actividad económica y, por lo tanto, aumenten el desempleo. No hay que olvidar que el empleo siempre es el último invitado al baile.

Las políticas presupuestarias restrictivas también reducen la demanda interna de importaciones

Por otra parte, nos parece contradictorio el comportamiento, por no decir cínico, de la Unión Europea y, sobre todo, de Angela Merkel, que continúan pensando que la austeridad no es el mejor camino, es el único. Por un lado, nos reclaman que apliquemos políticas de austeridad que provocan recesión y aumento del desempleo, mientras que por otra parte nos acaban de dar un tirón de orejas al afirmar que el desempleo en España es un drama inaceptable. Austeridad que nos ha llevado a una caída libre de nuestra economía. Pero tenemos que tener en cuenta que el ejemplo alemán no es válido. Nuestro país tiene una tasa de desempleo cerca de cinco veces superior a Alemania.

Además, las políticas presupuestarias restrictivas afectan no solamente a la demanda interna de un país determinado (en nuestra nación, las ventas del comercio al por menor disminuyeron en marzo un 10,9% interanual), sino que también reducen la demanda interna de importaciones. De este modo, las restricciones presupuestarias se transmiten vía comercio exterior a los demás países. Así, aunque un país no realice políticas de ajuste presupuestario, se ve afectado por las realizadas por otros al reducirse sus exportaciones.

Por todo ello, y en función de los datos tan demoledores provocados por la aplicación de políticas de austeridad excesiva, lo único que se consigue es empeorar la situación económica. Es decir, el remedio es peor que la enfermedad. Es semejante a la toma de ciertos fármacos que sus beneficios no superan a los riesgos asociados a su consumo. En este sentido, el economista inglés John Maynard Keynes argumentaba: “Las políticas de ajuste fiscal que intentan reducir los gastos públicos provocan una recesión mayor de la que pretenden solucionar”.

Vicente Castello es profesor de la Universidad Jaume I de Castellón

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