Chipre plantea nuevos desafíos

Claves para entender el último experimento de la zona euro

El impuesto a los depósitos plantea inquietud sobre el diseño de ayudas futuras

Los expertos ven una baja posibilidad de que Chipre abandone el euro, pero aconsejan cautela

Imagen de un euro chipriota
Imagen de un euro chipriota EFE

Chipre ha roto los esquemas esta semana de políticos e inversores. La gravedad de su crisis, con el país literalmente al borde de la quiebra, ha estallado de forma estrepitosa y ha puesto de nuevo en evidencia la torpeza de los líderes de la zona euro, hasta el punto que los problemas de un país que apenas supone el 0,2% del PIB de la eurozona han vuelto a abrir grietas en el arduo proceso de reconstrucción europea. El detonante ha estado en la decisión inédita de acordar un rescate en el que los ahorradores chipriotas contribuyan a pagar una factura de al menos 5.800 millones de euros, incluso los que tienen depósitos por debajo de 100.000 euros, la cuantía que hasta ahora parecía sagrada.

Chipre intenta dar marcha atrás en la penalización a los depósitos de los pequeños ahorradores, el elemento del rescate que más inquietud ha creado entre los inversores por lo que supone de precedente. Pero las próximas horas serán cruciales para conocer si se cumple la apuesta mayoritaria de los inversores: que Chipre accederá a las pretensiones de Bruselas y aceptará un acuerdo por el que el país aportará 5.800 millones a su propio rescate y evitará así la amenaza del BCE de cerrar el suministro de liquidez que evite la bancarrota. De lo contrario, la quiebra bancaria será el martes una realidad que acabará con la salida de Chipre del euro e inyectará dosis de incertidumbre impredecibles en el mercado.

 

 ¿Qué temor causa Chipre en los inversores?
La idea que más ha desestabilizado el mercado surgió del gobierno chipriota pero tuvo también el visto bueno de Bruselas: aplicar un impuesto del 6,75% a los depósitos inferiores a 100.000 euros. Caía así uno de los pilares que había permanecido intocable durante la crisis. “El rescate parece una innecesaria y peligrosa metedura de pata”, en opinión de HSBC, que encuentra paralelismos con la grave fisura que abrieron Merkel y Sarkozy en octubre de 2010, cuando plantearon en Deauville la opción de una quita a los acreedores que acabó aplicándose en el rescate griego y que sembró una desconfianza hacia la deuda soberana europea que aún perdura.

El nuevo proyecto de rescate para Chipre contempla la renuncia a esa penalización para depósitos inferiores a 100.000 euros pero, incluso aunque se enterrara la idea de forma definitiva, a juicio de algunos analistas el daño ya está hecho. Y con ello, el riesgo de que los bancos de otros países de la periferia europea sufran fuga de depósitos. Para Bank of America Merrill Lynch, lo sucedido estos días “contribuye a amplificar la percepción de que los procesos de reestructuración en la zona euro descansan en decisiones arbitrarias”. La entidad reconoce que el impacto a corto plazo será limitado pero apunta que sí puede dejar secuelas en el largo plazo.

Para Morgan Stanley, la decisión de que se cargue a cuenta de los depósitos parte del coste del rescate, aunque se exima finalmente a los pequeños ahorradores, abre un camino de contagio a otros países, teniendo en cuenta que el apoyo actual con que cuenta el rescate de Portugal termina en un año y el rescate griego podría necesitar cambios en cuanto a importe o duración.


 ¿Qué capacidad real hay de amenaza sobre el euro?
Los mismos ministros de Economía que aprobaron el diseño de rescate para Chipre y que luego han presionado para salvaguardar los depósitos inferiores a 100.000 euros han tenido que calmar estos días los ánimos de inversores y ahorradores. Luis de Guindos, ministro español de Economía, afirmó el viernes que el riesgo de un contagio de la situación de Chipre es “inexistente”.

Los nervios han saltado al comprobar la resistencia del parlamento chipriota a aprobar el acuerdo pactado inicialmente con Bruselas, que no apoyó en la votación ni siquiera el partido en el Gobierno. Pero, pese a esa negativa –que de prolongarse desembocaría en la salida de Chipre del euro–, la tesis mayoritaria es que no llegará la sangre al río.

Después de todo, para Europa podría ser mayor el daño de un abandono del euro que el coste de asumir el rescate de Chipre. Las ayudas que prevé conceder Bruselas son de 10.000 millones de euros –que se añadirían a los 5.800 millones que debe aportar el país–. Las necesidades totales que requiere Chipre equivalen casi al cien por cien del PIB del país pero quedan muy lejos de los 40.000 millones prestados a España para el rescate de su banca –equivalentes al 4% del PIB– o a los 85.000 millones de euros concedidos a Irlanda.

Europa debe sopesar qué es más gravoso, si asumir la pérdida de credibilidad al permitir el abandono de un país miembro o las consecuencias de asumir un nuevo rescate. Y en esta ocasión ha irrumpido con fuerza la dura postura de Alemania. La cercanía de sus elecciones, en el otoño próximo, ha presionado para un rescate que deberá ser asumido en casi un tercio por los propios chipriotas. Y su enorme base de depósitos, que supera en cuatro veces el PIB, es la vía más rápida y certera de la que obtener recursos. La salida del euro sería mucho peor que el pago de un impuesto para los ahorradores chipriotas, que tendrían que afrontar en sus ahorros el impacto de una fuerte depreciación de su nueva divisa, apunta Royal Bank of Scotland. El banco británico concede en todo caso una “baja probabilidad” a una quiebra de Chipre y su salida del euro.

En contra del compromiso de los socios europeos con Chipre juega en cambio que Bruselas aún no ha concedido ayudas al país, de modo que los socios europeos, a diferencia de lo que sucede en Grecia, aún no han comprometido recursos en un rescate de resultados inciertos. Y la banca europea apenas tiene exposición en la economía chipriota. Al menos no en la proporción del riesgo que tenía en Grecia y que sembró de pérdidas a buena parte de la gran banca francesa y alemana.


¿Qué efectos tendrá Chipre sobre la deuda?
Pese a todas la amenazas que ha puesto sobre la mesa el desafortunado rescate a Chipre, el mercado de deuda no se ha resentido apenas estos días. El Tesoro español ha emitido letras, bonos y obligaciones por más de 8.500 millones de euros sin ningún problema, a pesar de que España aparece como uno de los países más vulnerables a los efectos indeseados que provoca la crisis chipriota, como el riesgo de fuga de capitales en otros países de la zona euro. La prima de riesgo española quedó el viernes en los 347 puntos básicos, en línea con el viernes anterior, cuando aún no se conocían los términos de la ayuda a la isla mediterránea. “Como ya sucedió con las elecciones italianas, Chipre ha añadido volatilidad al mercado de deuda soberana, pero España ha demostrado fortaleza estos días y no se ha visto afectada”, apuntan en Société Générale.

“Chipre no desestabilizará el conjunto del mercado y nos mantenemos alcistas en high yield de la zona euro, en deuda sénior de entidades financieras europeas y también de la periferia”, añade Royal Bank of Scotland. Con la sola excepción de España. El banco también advierte ahora riesgos en la deuda subordinada de entidades financieras italianas y españolas. De hecho, el propósito de Bruselas es que en futuras reestructuraciones bancarias sean los acreedores, y no el Estado, los que asuman el coste de los rescates, si bien la crisis de Chipre ha intensificado la percepción entre los inversores de la posibilidad de futuras pérdidas antes de lo esperado.


¿Qué impacto tendrá sobre el rally bursátil?
La Bolsa ha acusado en mayor medida que la deuda soberana los últimos acontecimientos en Chipre, en especial los valores bancarios, si bien su caída también está condicionada por el intenso rally que acumulan los índices desde el verano. Fue cuando Mario Draghi anunció un programa de compra de deuda soberana, con petición de rescate previo. Y su mero planteamiento ha bastado para contener la presión sobre la periferia europea, incluso en días en que vuelven a aparecer las debilidades de la unión monetaria.

“Fue una suerte que la crisis de Chipre haya encontrado a la Bolsa en los actuales niveles, con Wall Street en máximos”, señala Luis Benguerel, responsable de renta variable de Interbrokers. En su opinión, las caídas tienen mucho de corrección y distan de los derrumbes vistos en otros episodios de crisis, en los que no existía el pararrayos actual del BCE. Así, el Dax alemán se derrumbó en el verano de 2011 desde los 7.500 puntos a los 5.500 en apenas mes y medio.

“El impacto en la Bolsa está siendo contenido. El peso de Chipre en la zona euro y la cuantía del rescate son muy pequeños. Además, Chipre, Rusia y Alemania, los tres protagonistas de esta crisis, están condenados a entenderse”, afirma Nicolás Fernández, director de análisis de Banco Sabadell. Y respecto al Ibex, Fernández añade que “la mejora en la percepción de los inversores hacia España es ya irreversible. Todo el potencial de mejora en resultados está por llegar, la Bolsa ahora es el activo por excelencia”. Aun así, los expertos también reconocen las incertidumbres que plantea Chipre. “Hay cierto grado de complacencia en el mercado. Ya fue sorprendente la resistencia mostrada ante el caos político que aún persiste en Italia. Y lo sucedido en Chipre no deja de ser un experimento”, advierte Patricia Alonso, experta de Norbolsa.

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