Ni uno ni dos, sino decenas de mercados de CO2

El mayor logro de la cumbre del clima de Doha que se celebró en diciembre pasado fue estirar el Protocolo de Kioto hasta 2020, aunque las obligaciones del único acuerdo mundial vinculante para reducir las emisiones de CO2 que existe hasta la fecha ya solo comprometen a la Unión Europea, Australia, Noruega y Croacia.

Sin China ni Estados Unidos, los países más contaminantes, en el pacto mundial y después de que Japón, Noruega y Rusia se cayeran en la cita de Doha, los expertos auguran una lucha contra el cambio climático a varias velocidades de la mano de múltiples mercados de emisiones, emulando el que la UE creó en el año 2005.

"Kioto nació con vocación de ser un mercado mundial y que los países que estaban dentro de sus compromisos se fueran ampliando, pero ahora es aún más pequeño de lo que era antes, se ha quedado en un esquema prácticamente europeo con Australia", según Kepa Solaun, socio director de Factor CO2, empresa especializada en los mercados de carbono.

"En el futuro veremos múltiples regiones conectadas en red a varias velocidades más que un sistema global", dice Kepa Solaun director de Factor CO2

Kioto establece un tope de emisiones para cada país firmante, que elige cómo respetar la cuota asignada. Europa repartió parte de ese esfuerzo entre las empresas con las actividades más contaminantes, creando un mercado de emisiones previa asignación a cada compañía de una cantidad determinada de derechos.

En ese esquema, las empresas que superen su asignación deben comprar CO2, y si se han mantenido por debajo, pueden vender su excedente. El invento hubiera sido la herramienta más eficaz contra el cambio climático si el precio de la tonelada se hubiera mantenido en los 20 euros de media que la Comisión Europea calculó para disuadir a las empresas de contaminar, una premisa que no se cumple con la tonelada a 6 euros. Eso y que Bruselas repartió demasiados derechos gratuitos, de ahí que en la segunda fase de este mercado, que arrancó en enero de 2013, el Ejecutivo comunitario recurriera a un sistema de subastas por el que espera remontar el precio del C02. "Si no hay una intervención política de la Unión Europea, el precio tenderá claramente a cero", según conocedores de este sistema.

Mientras Europa decide qué forma dará a su mercado de CO2 para reducir el 20% de emisiones en 2020, el objetivo más ambicioso de los países industrializados, su fórmula empieza a ser imitada por otras regiones, que sin entrar en el paraguas mundial de Kioto, y aunque oficialmente mantengan su presencia en las lentas cumbres del clima, han entendido que la reducción de emisiones pasa por poner precio al CO2. "El futuro ya no será de arriba abajo, sino a partir de múltiples iniciativas que se van a ir agrupando una vez que existan, una especie de federalismo a varias velocidades, con regiones conectadas en red más que un sistema global", matiza Solaun.

La UE y Australia dieron el verano pasado el primer paso en esta dirección, con el anuncio de que ambas regiones unirán sus mercados de carbono en 2015, esto es, a partir de esa fecha las empresas australianas podrán comprar derechos en la UE, y en 2018, cuando ambos sistemas estén integrados totalmente, las compañías de la UE comprarán en Australia. Por su parte, el Parlamento de Corea del Sur aprobó en mayo de 2012 un sistema de comercio de emisiones que inaugurará el mismo año del tándem UE-Australia. Europa también está negociando con Nueva Zelanda.

China, que ya es el país más contaminante del mundo, está probando mercados piloto en las principales ciudades y negocia con California desde octubre del año pasado unir sus mercados de carbono. La región canadiense de Quebec, Camboya y Vietnam también prevén crear sistemas de comercio de CO2.

La pregunta ahora es si estas múltiples alianzas regionales elevarán el precio del CO2 haciendo más realista la lucha contra el cambio climático, que de todas formas necesita a su lado a los grandes emisores, Estados Unidos y China, y a los países emergentes, Brasil e India. "Resultará difícil conseguir curvar las emisiones antes de 2020 a través de iniciativas dispersas en distintos lugares que nacen con una óptica voluntaria. Sin duda será un esquema mucho más complicado sin un mecanismo

Ahora se trata de adaptarse a las emisiones

temperatura de entre dos y cuatro grados por siglo que prevén los 2.500 científicos que integran el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPPC) de la ONU.

Pero cada vez más voces entonan la ineficacia de la maquinaria de las cumbres del clima para fijar cualquier tipo de compromiso vinculante que marque objetivos de reducción de emisiones. Sin embargo, las empresas empiezan a tomar medidas para adaptarse a los efectos que el aumento de temperatura ya está teniendo en sus actividades.

Algunas compañías de la industria vitivinícola han empezado a comprar tierras más al norte debido al cambio en el sabor, el color y la textura en determinadas cepas por las elevadas temperaturas, que hacen difícil mantener la misma calidad en sus caldos.

Por su parte, el sector eléctrico es uno de los que más atención está prestando a los efectos que el cambio climático tendrá en las centrales hidroeléctricas, en el rendimiento de una caldera o en las plantas desalinizadoras, situadas cerca del mar.