Renovables

La meta de la industria limpia

Las renovables se forjaron en la búsqueda de una alternativa a la carestía del petróleo

Cuando en 1979 el joven ingeniero Enrique Alcor tocó el primer panel fotovoltaico que veía en su vida, no sabía para qué servía. Su jefe lo había traído de una feria profesional en Washington: "Lo llevé al coche, enchufé una bombilla y se encendió. Desde entonces no he dejado de dedicarme a la fotovoltaica". Eran los años de la segunda crisis del petróleo, el empleo escaseaba y Alcor se lanzó a montar la empresa Elecsol, que luego se convertiría en Atersa, hoy el fabricante de paneles solares más importante en España.

La compañía importaba paneles de Estados Unidos para llevar electricidad a las viviendas en modo aislado, sin conexión a la red. "Ahora parece lejano, pero España contaba entonces un censo de 200.000 viviendas sin electrificar. La fotovoltaica llevó luz a familias que no habían tenido electricidad en varias generaciones", recuerda Alcor.

En los ochenta casi nadie de aquellos pioneros utópicos pensaba que en apenas veinte años las energías renovables apuntalarían una alternativa a la importación de gas y crudo y se convertirían en un sector industrial.

La energía limpia aporta el 33% del 'mix' de generación eléctrica

"A raíz de la crisis del petróleo siempre hubo apoyo de los sucesivos Gobiernos porque España es una isla energética y las renovables aportaban recursos propios", comenta Alberto Ceña, un histórico de la eólica en España que estuvo en el origen del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Este organismo entonces funcionaba como una empresa que invertía, "un concepto muy innovador en aquella época que fue muy necesario para arrancar", explica Ceña, hoy director técnico de la Asociación Empresarial Eólica (AEE).

Tarifa vio levantarse el primer prototipo de aerogenerador, una máquina de 100 kilovatios de potencia que financió el Ministerio de Industria en 1981, un alcance mínimo si se compara con los 3,6 megavatios de potencia que ya generan las turbinas actuales y el 16% que aporta la eólica a la demanda de electricidad en España hoy.

El avance de las renovables se debió al empuje emprendedor de quienes creían en las energías limpias en un momento en el que, como ahora, no había trabajo, y al apoyo de determinadas figuras políticas. De hecho, la conexión de los paneles solares fotovoltaicos a la red eléctrica llegó en un real decreto de 1998, entre otras razones porque la entonces directora general de Política Energética y Minas del Gobierno del PP, Carmen Becerril, "creía en ello", cuentan en la industria.

Pero no fue hasta 2004 cuando la fotovoltaica despegó como sector, aunque sin instalarse prácticamente ningún panel por falta de silicio, el material que sirve para fabricarlos. "Alemania también estaba en pleno desarrollo de su industria y demandaba mucho silicio, así que se empezaron a hacer proyectos, pero no se materializaban porque era carísimo", recuerdan en el sector.

El continuo apoyo que con altos y bajos había recibido la industria de las renovables desde los ochenta se quebró en 2010, dos años después de que estallara el desordenado crecimiento de la fotovoltaica tras la normativa que en 2007 dio luz verde a generosas primas y desbocó un sector que hasta entonces se había preparado para crecer a fuego lento. "Al cierre de 2006 había instalados 160 megavatios. Un año después, casi 700, pero es una pena que cuando ya es competitiva, se esté destruyendo", explican en el sector.

"Ha habido un cambio en la política hacia el otro lado; había una industria, aquí está la cadena de suministro, y se está desmantelando", concluye Ceña. Tras veinte años de éxito tecnológico y con un tejido industrial creado, las empresas ahora se marchan a buscar negocio fuera por el recorte continuo de los incentivos económicos, la falta de un marco normativo claro y el parón legislativo de medidas como el autoconsumo, que permitiría al usuario verter a la red el excedente de la electricidad limpia que genere.

Una España a media luz

Cuando la solar fotovoltaica arrancó en España a finales de los setenta, el censo nacional contaba aún unas 200.000 viviendas sin electrificar, la mayoría en zonas rurales. La llegada de esta tecnología sacó de la penumbra a familias que no habían conocido la electricidad en sus casas.

La primera turbina eólica en España se instala en Tarifa

1981. La crisis del petróleo de los setenta animó la búsqueda de fuentes de energía alternativas. La eólica encontró su primer hueco en la costa de Tarifa, donde los vientos son especialmente favorables. El primer prototipo de turbina se instaló en 1981, con una potencia de 100 kilovatios, lejos de los 3,6 megavatios que 32 años después se están instalando. La eólica fue la primera tecnología renovable que se convirtió en industria, pero la crisis económica y las dudas políticas sobre su futuro han puesto en jaque al sector.

La energía solar fotovoltaica entra en la red eléctrica

1998. Tras mucho pelear ante la Administración las bondades de sumar la energía del sol al gas, al carbón y al petróleo en la red eléctrica, en 1998 llegó el primer real decreto que reguló la conexión de la solar fotovoltaica al sistema eléctrico. Ahora esta tecnología quiere dar un paso más, para permitir al usuario que instale paneles solares en su vivienda. Volcar a la red el excedente de la electricidad que genere. La normativa que daría luz verde a este autoconsumo está pendiente de aprobación por Industria desde el verano de 2011.

¿Paneles o productos financieros?

2007. En el sector se conoce como el 661, el real decreto aprobado en 2007 que asentó las condiciones económicas para desarrollar la solar fotovoltaica. La medida generó una avalancha de nuevos operadores que en pocos meses construyó una burbuja y convirtió el panel solar en un producto a veces solo financiero. Ese año la industria fotovoltaica cerró con cerca de 700 megavatios de potencia instalada. En 2006 contaba con 160 megavatios de potencia.