COLUMNA

Transformarse o morir

La situación de las aerolíneas tradicionales europeas es de considerable preocupación. La IATA prevé fuertes pérdidas para finales del 2012 y una caída de participación de mercado global del 20% para los próximos 10 años.

En 2012 la Association of European Airlines (AEA) estima que en este ejercicio sus asociadas perderán entre 1.000 y 2.000 millones de euros. En el primer semestre de 2012, las principales compañías de red (Lufthansa, Air France, Iberia y American Airlines) han acumulado pérdidas de casi 3.200 millones de euros.

A la constante subida de los precios del combustible (el combustible representa aproximadamente el 30% de los costes operativos) y el incremento de los competidores low cost (estos ya han capturado el 60,1% a septiembre de 2012 del market share de vuelos cortos en España), en Europa la situación es aún más complicada debido a la crisis y la recesión. Grupos multinacionales en diversos sectores (automoción, alimentación, tecnología) han hecho serios ajustes a sus previsiones de ingresos y beneficios en los próximos años en Europa ante la expectativa de una crisis de largo recorrido. También empresas públicas como Aena o Renfe están acometiendo planes de reducción de empleado o filialización de sus negocios.

Ante esta grave situación, los grandes grupos europeos del sector deben iniciar procesos acelerados de transformación para reconducir sus operaciones a una situación de viabilidad y sostenibilidad. Pero lo verdaderamente significativo de lo anterior es que no se trata de una situación coyuntural sino claramente estructural. Desde 2001 la evolución del ebit de las principales aerolíneas europeas ha experimentado constantes descensos de acuerdo a los datos de la AEA. No sería la primera vez que una línea aérea muere. Ya deberíamos recordar la historia cercana (solo en 10 años) de aerolíneas en suspensión de pagos o quiebra (Swissair en 2001; Sabena, 2001; Varig, 2007; Air Madrid, 2006; Air Comet, 2010; Spanair, 2011, y Málev en 2012).

A la vista de estos datos es evidente la necesidad de afrontar una decidida reestructuración del sector para evitar su inviabilidad económica, cosa que muchas aerolíneas han considerado y ya han puesto en marcha. La lección es muy clara: es transformarse o morir. Air France-KLM ha comenzado ya su proceso de transformación acelerada, un proyecto que ha sido llamado Transform 2015. El plan incluye reagrupamiento de las oficinas regionales, la extensión del modelo low cost, la reducción de las rutas de corto y medio radio, la renovación de la flota (aviones más eficientes) y la reducción de plantilla en más de 5.000 empleados. Un proceso doloroso pero necesario para garantizar la sostenibilidad del negocio. Uno de los elementos clave de estos procesos de transformación es equiparar la capacidad a la demanda. Eso implica reducir o eliminar rutas/vuelos, o dicho de otra manera, reducir la oferta de asientos. En Estados Unidos de América, y durante los dos últimos años, los cuatro grupos de aviación comercial más grandes (Delta, Continental, US Airways y American Airlines) redujeron su capacidad en un 14% de promedio. La disciplina de capacidad ha sido un factor crítico de éxito en la sobrevivencia de las aerolíneas americanas.

Trayendo este tema a nuestro país, la situación se presenta muy preocupante. En España, hay que añadir como factores críticos el fuerte aumento de las tasas aeroportuarias del 10,2%, el incremento del IVA y la extensión de las líneas ferroviarias de alta velocidad, una de las de las mayores y mejores redes de toda Europa. En su conjunto, todo lo anterior ha significado una importante merma para el tráfico aéreo.

Aunque todos los sectores son de igual importancia para una economía, la aviación comercial es de vital significado para España. España es el cuarto país del mundo y el segundo en Europa por tráfico de pasajeros (204 millones de movimiento de pasajeros en 2011). Según la Asociación de Compañías Españolas de Transporte Aéreo (Aceta), desde 2001 esta industria en España acumula pérdidas cercanas a los 30.000 millones de euros. El impacto de este sector sobre el turismo, el ocio y los negocios es de evidente trascendencia. Ante un hipotético descalabro de las aerolíneas españolas, España perdería mucho más que otra empresa cerrada. Es por ello que este sector debe ser parte del debate público. Su impacto en toda la economía, del país y de las ciudades, afecta a muchos más que los empleados o accionistas de ellas.

La sociedad debe ver con preocupación que en España, en 2012, además de la quiebra y desaparición de Spanair, diversas compañías como Air Europa, Air Nostrum o Binter Canarias hayan presentado ERE. O el caso de Iberia, cuyos resultados en 2011 fueron negativos y se prevén aún peores para 2012. Es imperativo cambiar las cosas para garantizar la sostenibilidad de un negocio que afecta a toda la economía. Esto requerirá el apoyo de todos los actores. La evidencia demuestra que para poder sobrevivir y competir las aerolíneas deben adaptar sus estructuras de costes y ser más eficientes. Vivimos en tiempos exponenciales donde un día perdido puede significar un año perdido, puede significar la diferencia entre sobrevivir o morir.

Oswaldo Lorenzo. Deusto Business School