Educación

Un campus para despertar vocaciones científicas

La fundación Fecyt y La Caixa organizan cursos de corta duración en el verano para acercar a los mejores alumnos de secundaria a la I+D+i

Ser investigador durante una semana. Eso es lo que están haciendo cientos de chavales de secundaria y bachillerato en sus días libres gracias a los Campus Científicos de Verano. Una manera diferente de pasar unos días de vacaciones mientras se despierta un interés por el trabajo de laboratorio.

En los campus cada estudiante participa en un proyecto científico diseñado por profesores universitarios en colaboración con docentes de enseñanza secundaria. Durante los proyectos los participantes conocen los principios de la labor investigadora: el método científico, las técnicas de trabajo, o la obtención y el análisis de los datos. En la edición de este año participan 1.800 jóvenes de cuarto de secundaria y primero de bachillerato, un 50% más que el año pasado.

Para ser elegidos como un científico júnior (se recibieron 7.427 solicitudes), deben superar un examen online de conocimientos y disponer de un expediente académico excelente. "Se notan que son muy buenos. Están muy interesados en todo lo que les cuentas y quieren aprovechar al máximo la oportunidad", asegura Araceli Sanchís, profesora del departamento de Informática de la Universidad Carlos III de Madrid. Ella ha impartido a los jóvenes un curso sobre robótica. "Les explicamos las posibilidades que ofrecen los robots. Con pequeñas lecciones pueden disfrutar enseguida", afirma.

Robótica, química en productos cotidianos, twitter geológico, investigaciones criminalísticas, bioenergías, gastronomía con una pizca de ciencia, criptografía, mundos virtuales, descubrir el universo, oceanografía y biomedicina son algunos de los seminarios que se desarrollan durante este mes de julio en 16 campus universitarios con sello de excelencia internacional: Cádiz, Sevilla, Granada, Oviedo, Las Palmas de Gran Canaria, Salamanca, Rovira y Virgili, Politécnica de Cataluña, Vigo, Santiago de Compostela, Complutense, Carlos III, Autónoma de Madrid, Murcia, País Vasco y Valencia.

"Se les abre una ventana a un mundo desconocido. Tienen una semana para acercarse a la universidad y saber algo más sobre una posible carrera que normalmente eligen a ciegas", asegura Sanchís. Durante una semana abandonan sus hogares, viajan a otra ciudad y reciben los cursos. Por las mañanas con clases teóricas y prácticas y por las tardes y noches con talleres lúdicos o sobre creación de empresas, por ejemplo, y de inteligencia emocional. El programa incluye visitas a museos y centros tecnológicos, cine fórum, conferencias, encuentros con científicos o divulgadores, además de otras experiencias de ocio. Los seleccionados pagan de matrícula 90 euros y tienen cubierto el alojamiento, la manutención y las actividades.

Los campus científicos están organizados por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt). El presupuesto para este programa es de un millón de euros, de los cuales el Ministerio de Educación aporta 450.000 euros, la Secretaría de Estado de I+D+i, alrededor de 150.000 euros, y la obra social de La Caixa otros 300.000 euros. "Este proyecto es un ejemplo de colaboración público-privada, en el que participan dos ministerios y además cuenta con el apoyo de una entidad privada", destaca José Ignacio Vera, director general de Fecyt.

Esta es la tercera edición de los cursos. Y parece que son un éxito entre quienes los realizan. "El 96% de los niños quieren repetir y dicen que aconsejarían a sus amigos hacerlo", explica Ignacio López, subdirector del área de ciencia, investigación y medio ambiente de la obra social de La Caixa.

"Lo valoran de forma muy positiva. Aprenden una visión que en el instituto no tienen y se despiertan vocaciones por las carreras tecnologías, algo crucial porque en los últimos 10 años ha caído de forma alarmante el interés de los alumnos por estos estudios", señala José María Armingol, profesor de Ingeniería de Sistemas y coordinador del campus en la Universidad Carlos III.

"Sabemos que es necesario despertar el interés de los más jóvenes por la ciencia. Nuestro país se enfrenta al reto de alumbrar una generación de científicos y tecnólogos punteros en el mundo", asegura Carmen Vela, secretaria de Estado de I+D+i.

Otra buena noticia es que las chicas, normalmente más reticentes a elegir una carrera científica y tecnológica, son mayoría en esta edición. Sorprendentemente, el 59 % de los participantes son mujeres. Por comunidades autónomas, la mayoría de los estudiantes proceden de Andalucía (28,3%), Valencia (14,1%) y Madrid (9,3%).

Y para terminar su experiencia, el último día de su estancia, los adolescentes deben presentar en público y en grupo lo que han aprendido al resto de participantes alojados en la misma universidad, por lo que todos ellos se llevan a casa una visión amplia de la ciencia.

IRENE ARELLANO. "Si quieres destacar hay que trabajar mucho"

Irene Arellano viajó desde su Avilés natal a Madrid a participar en los campus científicos de verano en la Universidad Carlos III. Nació en 1995 y acaba de terminar primero de bachillerato. "Me recomendaron hacer el curso en mi instituto y nos advirtieron de que era difícil que nos seleccionaran".

Durante los días que ha permanecido en Madrid, ha participado en un curso de robótica. "Sí me ha gustado", reconoce. "Me ha dado una oportunidad de conocer gente y aprovechar los conocimientos. A veces en clase todo lo que aprendemos es muy teórico".

También encuentra algunas diferencias con su instituto. "Me he dado cuenta de que hay gente muy preparada. Todos son muy buenos y quieren aprender. Si quieres destacar hay que trabajar mucho. En el instituto, sin embargo, ves que hay gente que está por estar".

Confiesa que aún no tiene claro qué va a estudiar en la universidad. Quizá Matemáticas o una ingeniería. Tiene por delante todo un segundo curso de bachillerato. Y asegura que la experiencia le ha impactado porque ha visto de forma real el mundo universitario y cómo son los profesores. "Me parece algo bonito. Sobre todo si ves que lo que investigas tiene una salida productiva. Debe de ser reconfortante".

JUAN ARIAS. "Vemos al científico como a un loco"

Es un joven brillante, de buenas notas. Pero Juan Arias, como la mayoría de los de su edad, no sabe qué carrera elegirá en la universidad. Actualmente estudia bachillerato en Mérida (él nació en Cáceres en 1995), mezclando asignaturas de tecnología y de ciencias de la vida. "No sé si hacer algo biosanitario o alguna ingeniería". En el campus ha participado en un curso de seguridad en las redes, del que ha aprendido para su uso cotidiano en internet. ¢Los profesores nos han hecho las clases muy entretenidas", cuenta, "con teoría y práctica. Asegura que el hecho de que todos los compañeros son buenos estudiantes se nota en que se preocupan más por los estudios, son más responsables y tienen más curiosidad. No sabe si en un futuro se dedicará a la ciencia: "Es muy difícil con los tiempos que corren". Ni el curso tampoco le ha aclarado lo que estudiará en la universidad. Pero sí le ha cambiado su visión sobre los investigadores. "Vemos al científico como a un loco, en bata y marginado social. Yo lo pensaba. Pero la realidad cambia bastante. Son chicos jóvenes, normales y preocupados por muchas cosas".