Una de las marcas lecheras más reconocidas

El adiós de Clesa: una historia láctea de éxito y polémicas

Hoy en liquidación, pasó por manos de Tallada y Parmalat, pero no sobrevivió a los Ruiz-Mateos

El adiós de Clesa: una historia láctea de éxito y polémicas
El adiós de Clesa: una historia láctea de éxito y polémicas

Marzo de 1987. El Fórum Filatélico de Valladolid vencía al Clesa Ferrol en el play off de descenso de la Liga de Baloncesto (hoy ACB) y lo enviaba a la segunda división. Un play off que pone de relieve el peligro del patrocinio deportivo: permanece en la memoria 25 años después, a pesar de que las dos empresas han desaparecido fruto de gestiones más que dudosas. Dejando a un lado el culebrón de Fórum Filatélico, la caída de Clesa también parece una novela por capítulos.

El origen de la empresa láctea hay que buscarlo en una explotación ganadera de la localidad burgalesa de Lerma. Pero no fue hasta 1943 cuando la compañía se rebautizó como Centrales Lecheras Españolas, cuyo acrónimo ya era Clesa. Nueve años después se instaló en Madrid y, poco a poco, fue convirtiéndose en una de las marcas lecheras más reconocidas gracias a sus botellas de cristal. El marketing de la época nada tiene que ver con el actual. Basta recordar el lema de uno de sus principales competidores en el Madrid de la época: "Leche Collantes, que hace a los niños gigantes".

En la década de los setenta, Clesa comenzó extender su red por la geografía española. Compró la catalana Letona, dueña de la marca Cacaolat, y dio el salto a León y Galicia. El artífice de su crecimiento fue Arturo Gil, exvicepresidente de la patronal CEOE y expresidente de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB).

A finales de la década de los noventa, Clesa comenzó a ocupar titulares a su pesar. En 1998, su rival Puleva, entonces presidida por Javier Tallada, se convirtió en su primer accionista tras adquirir el 22% del capital. Hoy, Puleva está en manos del grupo francés Lactalis, pero entonces Tallada tenía intención de encabezar un gigante lácteo español, a lo que Arturo Gil se opuso frontalmente.

Y en plena disputa local llegó el inesperado movimiento de Parmalat. El entonces todopoderoso gigante lácteo italiano se hizo con el 51% del accionariado de Clesa a través de la compra de dos sociedades propiedad de Gil, que se mantuvo en la presidencia.

En aquel momento se llegó a valorar Clesa en 25.000 millones de pesetas (unos 150 millones de euros), una cifra impensable en el mercado lácteo español que tradicionalmente se ha caracterizado por la división regional y la ausencia de liderazgo.

En 1999, Puleva tiraba la toalla vendiendo su participación a Caja Madrid por 4.000 millones de pesetas (24 millones de euros). Finalmente, Parmalat -siempre de la mano de Arturo Gil- aprovechó el revuelto río lácteo para hacerse con el 100% del accionariado de Clesa, perfilándose como líder del mercado ibérico. Prueba de sus pretensiones: su fracasado intento de crear una red de heladerías por todo el país bajo la marca italiana.

Pero no hubo tiempo. Parmalat saltó por los aires en 2003 en la mayor quiebra de la historia de Italia tras desvelar un agujero contable de 4.000 millones de euros. Precisamente, Parmalat comparte hoy dueño con Puleva: la francesa Lactalis.

En España, Clesa encontró una tabla de salvación bien distinta: los Ruiz-Mateos. En 2005 comenzaron su ofensiva por la filial ibérica de Parmalat aprovechando que ésta quería centrarse en el mercado transalpino. Y dos años después lo consiguieron. La operación se valoró en 188 millones de euros.

Una cifra superior a los ingresos de la empresa láctea, cuyas ventas en 2006 fueron de 183 millones y su resultado bruto (ebitda) arrojaba unos números rojos de casi un millón de euros. Pero a la familia Ruiz-Mateos no le importaba. Clesa ofrecía unas considerables sinergias para la división alimentaria de Nueva Rumasa y podía ser el soporte, por ejemplo, para sustentar sus emisiones de pagarés.

Pero las sinergias nunca llegaron y solo cinco años después Clesa ha iniciado su liquidación. Con un pasivo de 1.112,3 millones, es el mayor concurso de acreedores en España de una compañía no inmobiliaria, si se exceptúa Afinsa y Fórum Filatélico. Quién lo hubiera imaginado en 1987.

Solución final para los acreedores

Clesa tiene actualmente un déficit patrimonial de 600 millones de euros, según explicaba la semana pasada Iure Abogados, que considera que la compañía láctea no va a poder hacer frente a los pagos a los acreedores ordinarios. En estos últimos meses, los administradores concursales han puesto en marcha la venta de activos. En concreto, de la fábrica de Clesa en Madrid (vendida por 1,5 millones de euros) y del ganado vacuno de Granja Bascones, por el que se ha ingresado 675.000 euros. Además, se podrían lograr fondos adicionales a través de la venta de la maquinaria y del mobiliario y negociar con diferentes entidades de crédito para evitar las ejecuciones hipotecarias sobre los inmuebles de Clesa. Esto, según Iure Abogados, permitiría a los acreedores ciertas perspectivas de cobro. En este sentido, apuntan que se van a solicitar responsabilidades patrimoniales a la familia Ruiz-Mateos para que respondan a la deudas de Clesa con su "patrimonio presente y futuro".