TRIBUNA

Lo que de verdad necesita la industria farmacéutica

El sector farmacéutico trabaja con una visión a largo plazo, pues está sujeto tanto al desarrollo de proyectos de investigación duraderos y vinculados a la producción de medicamentos innovadores como a procesos de comercialización igualmente costosos en tiempo y recursos.

Es por ello que precisa de un marco legislativo fiable y estable, que le permita planificar convenientemente su futuro y crecer de forma continuada, pues de ello también depende la inversión en I+D del sector, que es el que más contribuye a esta partida en España. Sin embargo, en los últimos dos años, las medidas adoptadas desde la Administración, con la pretensión de racionalizar el gasto sanitario, han provocado un descenso de la facturación de la industria farmacéutica de cerca de 5.000 millones de euros, el 30% de sus ingresos, según cálculos de la patronal.

Además del riesgo que esta inestabilidad supone para miles de puestos de trabajo, preocupa la desorientación que genera, tanto en las empresas farmacéuticas nacionales como en las matrices de las multinacionales, que deben asimilar lo que ocurre en España y actuar en consecuencia, encajando en su estrategia global, la que se ven obligadas a implementar aquí.

Ante esta tesitura, habría que encontrar fórmulas que, tal y como se viene demandando desde el sector, eviten nuevos recortes y, por el contrario, doten al sistema público de salud de más recursos económicos que acaben con su histórica insuficiente financiación, logrando ahorros mediante una mayor eficiencia. No debe entenderse, con ello, que todo deba resolverlo la Administración: la pluralidad de actores que participamos en la sanidad (Administración, industria, distribución, prescriptores, pacientes y ciudadanos en general) estamos afectados por el problema de la financiación y, en consecuencia, debemos aportar soluciones.

Igualmente, tampoco se puede buscar la salida a todos los problemas en la propia industria farmacéutica, esencial tanto para la economía como para la sanidad y a la que, de hecho, se adeudan 5.400 millones de euros que, inevitablemente, también están dejando de destinarse a la creación de empleo o a proyectos de investigación y desarrollo. Ahora bien, este planteamiento no debe llevarnos a eludir nuestras propias responsabilidades, máxime en un momento en el que la coyuntura económica en general, y la inestabilidad legislativa española en particular, nos obligan a un cambio de modelo de negocio en el que las palabras clave van a ser polivalencia y flexibilidad.

El mantenimiento de los puestos de trabajo pasa, en efecto, por flexibilizar las organizaciones mediante la creación de una cultura de capacidades y empleados polivalentes, maximizando los conocimientos de cada uno y poniéndolos en común para que se enriquezcan y complementen. Así, los empleados participarán en equipos y proyectos que, sean temporales o permanentes, tendrán un objetivo específico, incorporándose, una vez alcanzado este, a otros equipos y proyectos de parecidas o diferentes características. Traducir este empuje común en resultados será el siguiente paso, para lo cual habrá que tener siempre en mente al cliente externo, entendiendo por tal no solo al médico, al farmacéutico o a una institución determinada, sino, sobre todo, al paciente, que es el destinatario final del producto. De esta forma, las organizaciones se centrarán inevitablemente en el medio y largo plazo, que es el que hace posible tanto la innovación como el servicio y el compromiso social. Esto conllevará no perseguir el negocio a corto plazo, sino la sostenibilidad de la organización a largo. Y por supuesto que tendremos que trabajar en pos de la rentabilidad para asumir los costes de producción, comercialización, recursos y otros, pero también deberemos seguir invirtiendo en I+D, en un entorno altamente regulado y sin demasiadas facilidades.

En definitiva, todos tenemos la obligación de intentar trabajar mejor (no necesariamente más) para lograr la excelencia, la cual, unida a un liderazgo capaz de facilitar la movilización intelectual y la consecución de objetivos, así como a un marco legislativo como el reclamado anteriormente, permitirá a las organizaciones farmacéuticas ser mucho más flexibles y adoptar el modelo de evolución permanente que necesitan para seguir creciendo, crear empleo e innovar en sus investigaciones.

Mario Rovirosa. Director General de Chiesi España