A fondo

El banquero se sienta en el diván

El sector bancario está triste. Se siente incomprendido. Algunos de su principales espadas se desahogaron ayer contra la mala fama que persigue a la banca en los últimos tiempos. Y lo hicieron con una profundidad y una desazón desconocida para estos profesionales. Como si se tratara de una sesión de terapia colectiva, varios directivos explicaron ayer por qué creen que la banca se ha convertido en la cabeza de turco predilecta.

Quien llegó más lejos en sus quejas fue María Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter. "Ha habido un programa de agitación y propaganda contra la banca y los banqueros", explicó, tras una pregunta del director de El País, Javier Moreno, sobre la mala imagen que tienen las entidades financieras. Dancausa señaló a los políticos como los principales responsables de haber situado a los bancos y cajas en el centro de la diana de las críticas de los ciudadanos. También mencionó a los medios de comunicación, que se subieron al carro "porque vende bien hablar mal de los bancos".

Dancausa también llegó a asegurar que parte del problema reside en "la visión atávica de los banqueros, que nos dibuja como señores muy ricos, sin escrúpulos, que hacen cualquier cosa para conseguir cobrar los préstamos. Tenemos una maldición encima de nosotros contra la que tenemos que trabajar". Su recomendación, para salir del paso, es intentar pasar desapercibidos.

La demonización del sector

Otros ejecutivos del sector, sin ir tan lejos como Dancausa, sí que compartieron con ella parte de su argumentación. Francisco Verdú, consejero delegado de Bankia (y afectado por la limitación de los salarios que el Gobierno ha impuesto en las entidades que han recibido algún tipo de ayuda pública), aseguró que "los banqueros han sido demonizados". No obstante, también reconoció que ha habido dos factores en los que la industria ha fallado. En primer lugar, el exceso de liquidez -"el opio de los banqueros"-, que ha conducido a políticas de préstamos muy laxas, y, en segundo lugar, "el cortoplacismo que ha reinado en el sector", y que ha llevado a muchas entidades a obsesionarse con los resultados trimestrales y a diseñar malos esquemas retributivos.

El consejero delegado de Banco Sabadell, Jaime Guardiola, compartió con Verdú la visión de que el sector bancario tiene cierta responsabilidad sobre la crisis económica del país. "En España nos hemos metido en la crisis solitos", apuntó. "Ojalá hubiera estallado antes la crisis financiera internacional para cortar con los excesos cometidos a la hora de otorgar financiación".

Sin embargo, la penitencia que está teniendo que asumir la banca le parece excesiva. Guardiola contó su experiencia personal cuando dirigía la filial de BBVA en Argentina. "Al estallar el corralito financiero, el presidente del país llegó a decir que 'los banqueros se habían llevado la plata', cuando lo que había sucedido es que los depositantes habían acudido en masa a retirar sus ahorros". Para Guardiola, es un recurso muy utilizado por los políticos el desviar el foco de atención hacia los bancos y los banqueros.

Roberto Higuera, vicepresidente de Banco Popular, Roberto Higuera, reclamaba ayer la necesidad de "volver a las buenas prácticas bancarias". Según explicó, los préstamos hay que basarlos en la capacidad de devolución, y no en la valoración de las garantías. No hacerlo así es uno de los factores que ha contribuido a provocar la burbuja inmobiliaria en España. En descargo del sector, Higuera relató que los inversores y los mercados presionaban sin parar a las entidades para que dieran más crédito y ganaran cuota de mercado.

Estas declaraciones ponen de relieve la tensión que viven los profesionales de un sector situado en el centro del huracán desde hace tres años, y donde las malas prácticas de unos pocos (o no tan pocos) daña la imagen de toda una industria.