Universidades

Cómo escalar posiciones en los 'rankings' internacionales

Ni públicas ni privadas. Las universidades españolas no aparecen u ocupan posiciones muy bajas en los rankings donde figuran las mejores del mundo. En la medida en que estas clasificaciones desempeñan un papel cada vez más relevante en el mercado internacional, esta ausencia preocupa a los responsables de los centros de enseñanza superior de nuestro país.

"Las universidades de vanguardia se mueven en un mundo global, y si bien las clasificaciones tienen, en ocasiones, un carácter un tanto superficial, no cabe duda de que las mismas, y sobre todo los mecanismos subyacentes de elaboración de indicadores y rendición de cuentas, van a hacer que las universidades se diferencien cada vez más", asegura José María Sanz Martínez, rector de la Universidad Autónoma de Madrid.

Las instituciones que se encuentran entre las cien primeras son las denominadas world class universities, aquellas que tienen una gran presencia internacional y vocación para participar en el mercado global de la educación superior. Para ello disponen de importantes recursos investigadores y económicos, puntualiza Sanz Martínez. Por esta razón, "figuran en los primeros puestos las norteamericanas y británicas; el resto de los países europeos sitúan un número muy reducido de universidades de élite en estas posiciones".

En el caso español, "el sistema universitario es muy homogéneo y con una buena calidad media, pero con muy poca diferenciación en recursos y financiación entre los centros", explica el rector de la Autónoma de Madrid. "No hay universidades con vocación internacional que puedan estar entre las primeras. Sí existe un número importante, unas diez, que se encuentran entre las 500 primeras. Lo que da idea de su calidad, teniendo en cuenta que en el mundo hay unas 17.000 universidades".

Los rankings son un criterio interesante para valorar la calidad, pero no figurar en ellos no significa necesariamente que una universidad no sea buena o incluso magnífica; al menos esta es la opinión de José Luis Piñar, vicerrector de relaciones internacionales de la Universidad San Pablo CEU. "La mayoría de estas clasificaciones se elaboran en función de criterios que no siempre encajan con la realidad de la universidad española o incluso de la europea en su conjunto". Por ejemplo, un elemento muy valorado es que haya premios Nobel entre el profesorado. En este aspecto, Europa está en clara desventaja respecto a Estados Unidos. Otro aspecto importante es la aportación de fondos privados, algo que en el modelo español apenas se produce.

A Daniel Peña, rector de la Universidad Carlos III, le sorprendería que la situación fuera diferente. "Sería milagroso, teniendo en cuenta que en los últimos 15 años ningún Gobierno ha hecho prácticamente nada para incentivar a las universidades y situarlas en una posición de prestigio". Es cierto, resalta, que se han dedicado recursos a grupos de investigación, y España está bien situada como una potencia en ese aspecto. Pero, según Peña, el problema es que en nuestro sistema de financiación no hay relación entre el dinero que reciben las universidades públicas y su calidad. Es decir, "en función de no se sabe qué criterios," muchas de las universidades que aparecen mejor posicionadas en los rankings están peor financiadas que otras que se encuentran al final. "Por tanto, hasta que no cambie este modelo de financiación, que en mi opinión es perverso, será imposible que ninguna sobresalga", afirma.

Peña destaca el profesorado como uno de los principales activos de las universidades españolas. "Es joven, motivado y con un gran potencial. Teniendo en cuenta los recursos, la calidad de nuestra universidad es buena y esto significa también tener buenos sistemas de organización, que sea competitiva. Es decir, que esté abierta al exterior y que trate de competir en el entorno global".

La mayoría de las clasificaciones internacionales se basan en el modelo anglosajón, que ciertamente no es el nuestro, apunta María Pilar Vélez, rectora de la Universidad Nebrija. "Nuestro problema es que el sector está completamente regulado; nos falta flexibilidad, a las públicas mucho más que a las privadas. Un ejemplo es la selectividad, que limita la admisión de alumnos extranjeros", dice Vélez. No obstante, subraya que no debemos olvidar que muchos titulados españoles van a trabajar sin ningún problema a Alemania, Reino Unido..., a Europa en general. "Lo cual quiere decir que son muy buenos. Y en investigación ocupamos el noveno lugar en producción científica", asegura.

¿Qué se debería hacer para que nuestras universidades tengan visibilidad en esas listas internacionales? Pedro Lara, vicerrector de calidad e innovación de la Universidad Europea de Madrid, manifiesta sus reservas sobre la necesidad de escalar en rankings, y pone en duda que aporte algo a la calidad. A su juicio, se debería crear una lista nacional con directrices marcadas por la definición clara del modelo de universidad que necesita España. "Teniendo en cuenta nuestras aspiraciones internacionales, pero centrándonos en las fortalezas y en lo que queremos mejorar", afirma Lara, a quien, en términos generales, le preocupa que estas clasificaciones puedan desvirtuar el significado intrínseco de la calidad, convirtiéndola en un simple juego de estadísticas.

La principal fortaleza del sistema español está en una buena calidad media en la prestación del servicio público de enseñanza superior y en una base investigadora sólida sobre la que se puede progresar. "No hay que olvidar que más del 70% de la I+D+i española se realiza en las universidades", asegura José María Sanz Martínez. En su opinión, las carencias principales del sistema pueden estar, en primer lugar, en su complejidad, lo cual conlleva una difícil gobernanza y una enorme exigencia a sus profesionales. "Esto hace que la adaptación al nuevo marco cada vez más competitivo de la I+D+i a nivel global esté siendo complicada. En este sentido, es esencial instaurar una cultura de incentivación y rendición de cuentas, de tal manera que las universidades que respondan a los grandes retos de la internacionalización, a la competitividad con las mejores universidades y a la transferencia del conocimiento a la sociedad, sean apoyadas".

También sería necesaria una política activa de promoción del país como centro de referencia en la educación superior, según Salvador Carmona, rector de IE University. Para ello se deberían eliminar obstáculos como los requisitos de acceso a la universidad española para estudiantes de fuera de la Unión Europea. "Esto impide que alumnos brillantes puedan venir. Si se eliminaran barreras innecesarias, podrían hacer efectivas tasas superiores a las oficiales. Además, esto supondría una financiación adicional. Estos estudiantes serían embajadores de nuestro país".

Desde el CEU, José Luis Piñar puntualiza que, puesto que los rankings se están estableciendo cada vez con mayor empuje y es algo a lo que las universidades anglosajonas están mucho más acostumbradas que las nuestras desde hace tiempo, hay que estudiar "cómo posicionarse bien" sin cambiar radicalmente. "No es necesario. Eso sí, habrá que hacerlo mejorando en investigación, docencia y medios".

Sin embargo, el Gobierno ha anunciado que paraliza el programa Campus de Excelencia, cuyo fin es la internacionalización universitaria, en 15 comunidades, ya que no han cumplido el Plan de Estabilidad Presupuestaria. Solo Madrid y La Rioja recibrán fondos estatales.