¿Qué hacemos con el sector inmobiliario?

Una nueva vivienda con cimientos sólidos

El duro ajuste que se ha producido en el sector inmobiliario ha sido uno de los elementos diferenciadores de la crisis en algunos países europeos, como España, porque también fue su desequilibrado crecimiento anterior el factor principal de lo que tan erróneamente se vino en llamar el milagro español. No era sostenible iniciar 700.000 viviendas al año, que los precios llegaran a subir por encima de los dos dígitos o que el crédito ligado a la vivienda creciera a tasas superiores al 15%. Tampoco lo era poder edificar en prácticamente todo el territorio nacional. Algunas consecuencias de aquellos excesos se van superando, los precios han bajado un 23% en términos reales y el stock empieza a absorberse, pero lo principal es que demos por definitivamente superado aquel viejo modelo económico.

El sector inmobiliario ha de cumplir con los dos objetivos que definen o deberían definir su razón de ser: dotar de viviendas dignas a las familias que las necesitan y a precios asequibles y contribuir al crecimiento económico y a la creación de empleo pero de forma proporcionada y sostenible y, por lo tanto, sobre unos cimientos sólidos. En ellos hemos estado trabajando duramente en los últimos años.

El primero es el crecimiento urbano sostenible que asentamos a través de dos líneas (por citar solo algunas de las más relevantes): la nueva Ley de Suelo que, a diferencia de las anteriores, considera el suelo no solo como un recurso económico, sino también como un recurso natural y no renovable, cuya utilización racional es esencial; y el reforzamiento de todas las medidas contra la corrupción y la especulación urbanística y a favor de la transparencia y la seguridad en las transacciones inmobiliarias.

La segunda base firme en la que debe asentarse el sector inmobiliario es un equilibrio estable entre la compra y el alquiler, la vivienda libre y la protegida y la nueva construcción y la rehabilitación. A ello han ido encaminadas buena parte de las medidas normativas, fiscales y presupuestarias que hemos adoptado a lo largo de la legislatura y los datos empiezan a consolidar ese equilibrio. El número de hogares que viven en alquiler se ha incrementado hasta el 16%, las obras de rehabilitación concentraron el 25% de los proyectos visados en 2010 y las viviendas calificadas representaron cerca del 50% de las viviendas iniciadas el año pasado. No se trata de salidas coyunturales ante la crisis, sino de un cambio estructural.

La rehabilitación dinamiza el mercado generando actividad para los fabricantes de materiales y para las empresas e industrias auxiliares del sector; tiene un gran potencial de creación de empleo ya que necesita más mano de obra y más cualificada que la nueva construcción o la obra civil, y nos permite avanzar hacia un modelo urbano más cohesionado.

A esto se une la relativa antigüedad de nuestro parque de viviendas, en el que la mitad de ellas tienen más de 30 años y en torno al 20% superan los 50 años. El impulso de la rehabilitación ha sido una de nuestras grandes prioridades, diría incluso que obsesiones, en estos años, como también lo han sido el fomento del alquiler, que permite a las familias adaptar su hogar a sus circunstancias vitales de cada momento y facilita la movilidad geográfica, y de la vivienda protegida, que hemos convertido en uno de los pilares del Estado del bienestar

El tercer gran pivote es el de la innovación aplicada a la construcción, lo que implica también el uso de energías renovables, de nuevas tecnologías y métodos constructivos y la mejora de la eficiencia energética tanto en las nuevas viviendas como en las ya construidas. El Código Técnico de la Edificación marcó un punto de inflexión y es un camino que no tiene marcha atrás porque la I+D+i es además una nueva vía de actividad, negocio y creación de empleo.

El último cimiento imprescindible para el correcto funcionamiento del sector inmobiliario es un sistema financiero sano que aporte el crédito necesario y suficiente y el sector solo se estabilizará cuando el crédito vuelva a fluir de manera razonable, con un debido control del riesgo.

Cuatro sólidos cimientos, por lo tanto, para un renovado sector inmobiliario. Prescindir de los mismos nos abocaría a repetir los errores del pasado y ni las familias españolas viven en castillos de naipes ni la economía de nuestro país se puede permitir nuevas burbujas.

Beatriz Corredor. Exministra de Vivienda