TRIBUNA

'Et in Arcadia ego'

Mis quiosqueros de cabecera, Juanfra y Julia, son una pareja feliz. A pesar de todo, y de la que está cayendo, el negocio no les va mal; además, sus dos hijos están trabajando, todos disfrutan de una maravillosa nieta y el Madrid lidera la clasificación en la Liga de fútbol, aunque eso no parece importarle mucho a Juanfra, madridista de siempre, que con los años parece haber entrado en una especie de nirvana futbolero y, cada día más, relativiza las cuestiones balompédicas.

Mis amigos de la prensa y yo hablamos todos los días y, en este mes de diciembre, nos extrañamos de la desbandada general que, con los rumbos más diversos, se ha producido en toda España. Aprovechando el llamado puente de la Constitución/Inmaculada, la gente ha dejado de trabajar y, durante una semana entera, muchos se han ido al pueblo o a la gran ciudad, al extranjero (aviones repletos a China, a Vietnam, a las Américas...), a las playas del litoral y a mil destinos de los que uno pensaba que solo se visitan cuando llegan las vacaciones de verano y hay pasta en los bolsillos. Y eso no es todo: se anuncia la Navidad y, señoras y señores, la desbandada será total y hasta la Liga de fútbol se interrumpe. Como es tradicional, colegios y universidades cesan en su actividad docente y, me consta, en algunos hospitales públicos los servicios descansarán en las manos de los residentes y, si usted quiere hacer algo productivo, o algún negocio, o una gestión en alguna Administración publica, tendrá que aguantarse y esperar a que pasen los Reyes Magos. Hemos sido capaces de hacer el más difícil todavía y enhebrar un descanso de más de un mes. Y lo hacemos con una pasmosa naturalidad, hasta tal punto que algunos ciudadanos chinos, tan trabajadores ellos, se están apuntando al carro del dolce far niente. Esta claro que, como algunos sacramentos, este país imprime carácter...

Ahora, en pleno diciembre, teóricamente nadie tiene vacaciones y, aunque las tuviera, según dicen todos los que saben, el país no está para holganzas ni para esas alegrías y, mucho menos, para tamaños dispendios productivos. Hace falta arrimar el hombro y trabajar duro porque, en marzo, la profesora, señora Merkel (el señor Sarkozy, que también tiene que examinarse en marzo, a lo mejor ya no es ni su adjunto), nos pasará un riguroso examen y tendremos que aprobarlo si queremos seguir yendo a ese colegio tan bonito que se llama Europa, en el que durante muchos años tanto hemos aprendido y donde había ayudas para todos, que ahora menguan o desaparecen sin que quepa protestar por lo que hubo. Si levantas mucho la voz, te mandan a otra escuela peor o se olvidan de ti...

Algunos echamos en falta que nuestros gobernantes (pretéritos o futuros, tanto da) nos digan siempre lo que está pasando, nos cuenten la verdad y, tras ilusionarnos con un futuro mejor, nos pidan los sacrificios que hagan falta. La gente no es imbécil y se pregunta cuál es la razón por la que, por ejemplo, en España, tras un proceso electoral, se tarda tanto en formar Gobierno y en que las Cortes se constituyan. Servidor tuvo la fortuna de estar en Inglaterra cuando Tony Blair ganó sus primeras elecciones en 1997. Fue el 1 de mayo y, aunque no lo crean, el día 2, el señor Blair dormía con su familia en el número 10 de Downing Street, residencia de los premiers británicos, y se ponía a trabajar inmediatamente ese mismo día. Aquí, desde la convocatoria electoral del 20 de noviembre, ha pasado un mes sin que nadie nos ilumine, sin que el señor Rajoy se haga presente y nos diga algo, lo que sea, aunque -eso se comprende- haya tenido que guardar sus principales argumentos y propuestas para la sesión de investidura, y ya era hora porque en la campaña electoral, como la cosa estaba clara, fue más bien parco y jugó a no equivocarse, que era lo que garantizaba su brillante triunfo.

En fin, que hemos perdido un mes entero, el de diciembre, entre puentes y vacaciones, pensando que como el futuro pintaba negro, más valía disfrutar un poco. Hemos dejado de hacer cosas, de diseñar proyectos, de trazar estrategias y de desarrollar planes de actuación a la espera de lo que nos diga el Gobierno. Y ya va siendo hora de que, además de pedir ayuda a los políticos, aprendamos a hacer cosas solitos. Hace falta menos mangancia y más austeridad; más esfuerzo y menos vacaciones; menos políticos de aluvión y más profesionales bien formados y, en definitiva, más líderes, políticos o empresariales, que con verdadero espíritu de servicio nos marquen el camino y nos digan cómo recorrerlo. Y, además, necesitamos perentoriamente un compromiso solidario y responsable del conjunto de la ciudadanía para salir de esta.

Algunos no se enteran de que lo de la Arcadia, ese lugar donde reina la felicidad, la sencillez y la paz en un ambiente idílico, además de un rollo, es mentira. El futuro pasa por la cultura del esfuerzo, del trabajo y de la decencia, y eso no admite esperas.

Juan José Almagro. Doctor en Ciencias del Trabajo. Abogado