ârdago a la Unión Europea

Una recesión aún mayor

La rebelión de Grecia a las exigencias de Bruselas provocaría su salida del euro, con graves consecuencias económicas para el país y también para la Unión Europea

El tiempo se agota para Europa. La decisión de Grecia de someter a referéndum el segundo rescate de la UE abre una grave brecha en la crisis de deuda soberana al acercar el país a la quiebra desordenada y la salida del euro, precisamente los dos escenarios que la clase política europea ha tratado de evitar en los últimos meses por sus peligrosas consecuencias.

El descontento popular en Grecia, país en plena recesión y sometido a unas recetas de austeridad tan severas que alejan la recuperación, no se puede obviar. Desde 2010 el país ha sufrido 14 huelgas generales (seis este año y ocho en 2010), lo que hace muy previsible una negativa si finalmente se somete a votación el último plan de rescate. De hecho, el 60% de la población ha expresado ya su rechazo en una encuesta reciente. ¿Qué consecuencias acarrearía?

"Incrementaría el riesgo de una suspensión de pagos soberana forzada y desordenada y (...) de una potencial salida de Grecia del euro", advirtió ayer Fitch en un informe. Escenarios, ambos, con "implicaciones financieras severas para la estabilidad financiera y la viabilidad de la zona euro", añadió ayer.

Fitch advierte sobre las implicaciones para la viabilidad de la zona euro

El desplome de las Bolsas y la escalada de las primas de riesgo ayer ya dieron un primer aviso de la sacudida que podría sufrir Europa, especialmente en un momento como el actual en el que el muro de contención de la crisis no es sólido, después de que el plan anticrisis de la UE dejara más incertidumbres que respuestas la semana pasada.

¿Qué se puede esperar si Grecia quiebra o sale del euro? Los efectos para Grecia serían devastadores pero la sacudida económica en el resto de la región sería de calado. Grecia para empezar sufriría una fuerte depreciación de su nueva moneda, una fuga de capital y la previsible quiebra de su sistema financiero sin que el país tuviera recursos para afrontarla.

Grecia volvería al dracma pero a un cambio muy inferior al de su ingreso en la UE. Esta fuerte devaluación provocaría una mejora de su competitividad exterior, quizá la única ventaja si ello le permitiera reflotar la economía vía exportaciones y salvaguardar los derechos sociales en plena fase de recortes en la actualidad, pero también traería acompañado un proceso inflacionista. La recuperación del dracma, además, condenaría al país a una recesión prolongada, probablemente superior a la derivada de los esfuerzos de austeridad impuestos por Bruselas. Credit Suisse comenta que históricamente las quiebras desordenadas han provocado caídas del PIB del entorno del 9%.

El efecto más negativo, sin embargo, se lo llevaría el endeudamiento exterior y su posibilidad de financiarlo. Al estar el endeudamiento y los intereses denominados en euros, el peso de la deuda sobre PIB sería muy superior al actual, al estar en la nueva moneda devaluada (el dracma). La salida del euro, por tanto, haría difícil reembolsar en una nueva moneda en caída libre y desprestigiada, con el consiguiente efecto para sus acreedores. Eso sin mencionar el elevado coste que exigiría el mercado por la nueva financiación, una puerta que probablemente tendría cerrada durante años.

No hay duda que Grecia lo pasaría fatal, pero la UE también, puesto que se abriría una nueva fase de inestabilidad. Con Grecia fuera del euro, el mercado se preguntaría qué país sería el siguiente. Eso sin mencionar el efecto devastador que supondría una quiebra en los tenedores de deuda helena. Goldman Sachs calcula que la banca europea cuenta con 83.000 millones en deuda griega, de los que la banca gala tiene unos 10.000 y la germana 7.000 millones. El default griego pondría contra las cuerdas a las grandes entidades alemanas y francesas y lastraría también al BCE por las compras de los últimos meses. ¿Y si se suman los efectos de impagos de deuda privada? Los efectos devastadores se multiplicarían y una quiebra del sistema financiero europeo terminaría afectando a la economía mundial.

Desafío multiplicado para Draghi en su estreno

El estreno de Mario Draghi ayer al frente del BCE se produjo en un entorno de lo más convulso, marcado por el escepticismo sobre la capacidad de Europa de solucionar la crisis de endeudamiento.

Draghi inició su mandato horas después de que el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, anunciara que someterá a referéndum el segundo programa de rescate a Grecia. Una noticia que desató una tormenta en los mercados financieros de Europa. El papel del BCE en un momento de inestabilidad tan elevada como el actual cobra especial relevancia. Las compras de deuda por parte de la autoridad monetaria desde agosto han servido para anclar algo las primas de riesgo de Italia o España y está por ver cómo evoluciona esta política con Draghi al frente de la institución. A tenor de sus últimas declaraciones todo indica que continuará con las compras, especialmente hasta que se clarifique el funcionamiento y la capacidad efectiva del fondo de rescate, vehículo que previsiblemente podrá compartir o sustituir al BCE en esta tarea estabilizadora.

En cualquier caso, con las primas de riesgo disparadas y la de Italia coqueteando ya con los 450 puntos básicos, barrera cuya superación desembocó en los rescates de Irlanda y Portugal, el papel del BCE se vuelve más determinante que nunca. Los economistas piden una y otra vez medidas contundentes para acabar con la crisis. Un Tesoro único, una mayor unidad fiscal y ya hay quienes piden abiertamente que el BCE se embarque en compras de deuda masivas al estilo de la Reserva Federal pese a su efecto en la inflación. Quizá sea pronto para Draghi pero en la reunión del jueves del BCE tendrá su primera oportunidad para imprimir su sello.

En qué consiste el plan

El nuevo plan de rescate a Grecia pactado por la UE costará 130.000 millones de euros, que se añaden a los 110.000 millones de euros aprobados en mayo de 2010. El acuerdo contempla que los acreedores privados acepten una quita del 50% de su cartera de deuda griega, algo que aún no está cerrado, lo que permitirá al país reducir su deuda en casi 100.000 millones de euros.

El acuerdo va acompañado de grandes sacrificios que previsiblemente generarán rechazo en el referéndum. Entre las medidas más impopulares se encuentra un recorte de las pensiones de empleados públicos, la eliminación de complementos a los funcionarios, además del despido de unos 30.000 trabajadores del Estado en 2012.

El segundo rescate incluye 30.000 millones para incentivar que los acreedores privados acepten la quita. La partida se utilizará para garantizar parte de los nuevos bonos griegos a través de fondo de rescate.