Empresarios

Socio fundador: profesión de riesgo

La rentabilidad de iniciar un negocio y abandonar la seguridad de la nómina

Alegan motivos similares, razones de peso personales y profesionales. Un poco de cada una es lo que les ha llevado a plantear el futuro fuera de la gran empresa, sin nómina fija, sin jefe, otras responsabilidades. Han decidido que ha llegado el momento de emanciparse: son exdirectivos que un día dejaron el despacho y emprendieron un proyecto propio, su empresa.

on dilatada experiencia profesional, agenda y contactos, se mueven motivados por un "necesito algo más". o "quería trabajar para mí". Otros reivindican aspectos más intangibles: "Deseaba ser dueño de mi tiempo" o "era la única forma de trabajar feliz".

Opiniones para todos los gustos, pero con un denominador común: la independencia profesional. Un alto exdirectivo de Telefónica, hoy en labores de formación académica en una universidad de Boston, señala que "el que huye de una empresa porque quiere perder al jefe de vista se equivoca, porque cuando no es una persona física, el jefe adopta forma de mercado, clientes o consumidores. Siempre hay un jefe o algo parecido".

Para demostrar que todo tiene un límite, Biz Stone y Evan Williams, cofundadores de Twitter, decidieron dar un giro a sus carreras y abandonaron la red social que les hizo famosos. Ahora trabajan codo con codo en reorganizar un viejo negocio de Evan, antes de la etapa de Twitter. De nuevo, un caso de exdirectivos que se lanzan a emprender nuevos negocios: "Nuestros esfuerzos irán dirigidos a resolver problemas que mejoren el mundo".

"Yo era gestor de consultoría estratégica en proyectos de alto nivel en

McKinsey, vivía en función de los clientes y de los aviones; no era dueño de mi tiempo", y decidió acabar con esa "dinámica perversa" en 2006. Así fue como Meinrad Spencer puso fin a poco más de un lustro en la consultora internacional y, en compañía de un amigo y la financiación de un fondo de capital privado, puso en marcha la operadora de telefonía móvil Másmovil.

Spencer, de formación jurídica, austriaco de 36 años que llegó a España en 1998 para aprender español en Andalucía, es en la actualidad el máximo responsable de la operadora, socio fundador y tercer accionista. Necesitaba formación empresarial, algo que en su opinión pasaba por cursar un máster ?el Internacional MBA de IE Business School?. "Se me abrió todo el mundo de la empresa. Por primera vez evalué la creación de una compañía, elaboré un plan de negocio, comprobé que el empresario es una persona normal y que no es necesario una idea brillante para poner en marcha una empresa. Con ideas ya existentes, además de esfuerzo y pasión, se pueden emprender muchos negocios".

Hay más casos similares. "Había cumplido cuarenta y tantos años, contaba con la experiencia suficiente como para empezar a volar por mi cuenta; quería empezar a trabajar para mí", recuerda Eusebio Martínez de la Casa, exdirectivo de Correos, que hace unos años se lio la manta a la cabeza y apostó por él mismo. Como Spencer, Martínez de la Casa contó con un amigo y capital privado del fondo N+1 para poner en marcha su empresa: æpermil;mfasis Billing & Marketing Services, una compañía de soluciones integrales de comunicación, una gran imprenta digital con bases de datos.

Ninguno de los dos exdirectivos citados muestra el menor síntoma de arrepentimiento. "Volvería a hacerlo, y no solo porque el balance es positivo". El negocio va viento en popa, asegura; la compañía crece en ventas un 10% al año y un 30% en actividad, cuenta con 350 empleados y 6 millones de euros de Ebitda. En el apartado de formación, también hay cierta coincidencia entre los dos emprendedores. Martínez de la Casa obtuvo la licenciatura de marketing en el ESIC, y recuerda que, posteriormente, fue en la escuela de negocios IESE donde adquirió la visión general de la empresa. "Porque quería dar un salto a la dirección general". Con el máster bajo el brazo, se lanzó a aplicar algo que le quedó bien grabado en la escuela de negocios: todo tiene un número. Así que manos a la obra,Se volcó en ponerle sentido a las cifras, y la empresa empezó a caminar.

En otras ocasiones, los directivos sienten que han tocado techo y sospechan que a partir de ahí no les espera nada nuevo. En resumen, convencidos de que hay que tomar una decisión porque el tiempo pasa, montan su propio negocio, convencidos en muchas ocasiones de que aportan más a la empresa de lo que reciben, señala un profesor de una gran escuela.

"Ganar dinero puede ser un incentivo, es razonable, pero es raro tener éxito cuando se elige este criterio para decidirse a emprender", comenta Spencer, que recuerda que "gestionar una empresa joven es acostumbrarse a vivir los primeros años en pérdidas, gastos, avales... Me he olvidado de un sueldo elevado, de los coches de empresa de alta gama y de sede social espectacular: hay que optimizarlo todo"., es un resumen de su filosofía de gestión.

El ejecutivo de Másmovil destaca tres aspectos que fueron clave para tomar la decisión de cambiar de empresa y profesión: "Me sentí capaz de llevar a cabo la aventura; veía potencial de mercado y una demanda en el sector al que me iba a dirigir insatisfecha". Y dio el salto. Spencer subraya que la base de una empresa que ningún emprendedor debe perder nunca de vistaes "crear cultura de empresa, trabajar mucho y atraer a los mejores para que te acompañen".

El calor de una nómina, la seguridad de una gran empresa multinacional, incluso la existencia de tentadores bonus, siempre se pueden compensar con >encuentran compensación -aseguran queotros aspectos como el tiempo, la satisfacción, la realización personal y, también, lo económico: "El dinero acaba llegando, tarde o temprano. Es una cuestión de trabajo", afirman rotundos los emprendedores.

Martínez de la Casa destaca el riesgo de la aventura. "Sabía que el salto conlleva riesgo y sacrificios, y también vértigo, como cuando hay que ir al notario y luego al banco a pedir dinero para invertir lo que no se tiene". Se piensa en la familia, los amigos, la vida, en la temporada previa a la puesta en marcha, el tiempo que precede a la apertura de las puertas del negocio. "Pasan por la memoria multitud de imágenes, familia y deudas incluidas", comenta el emprendedor, "y al final te conviertes en socio fundador, algo que no pueden decir otros".

Hoy día, metidos de lleno en la nueva fase de la crisis económica, Meinrad y Eusebio aseguran que repetirían, sin lugar a dudas, y teniendo en cuenta que "se trata de escenarios en los que desciende el número de creación de empresas y se multiplican los cierres: nadie quiere arriesgar más de lo debido". Conservan sus objetivos y, con su anterior ocupación casi en el olvido, no pierden de vista el futuro que para unos es crecer en volumen y para otros cotizar en el mercado de valores.