COLUMNA

Política contra la especulación

Que conste que no comparto del todo la acusación de mera especulación para explicar el deterioro del mercado de deuda pública europeo (y de la deuda privada, no nos olvidemos) en lo que llevamos de verano. La inversión siempre tiene algo de especulación, tanto cuando el mercado sube como cuando baja. Además, siempre debe existir un caldo de cultivo adecuado para que veamos movimientos tan bruscos en los mercados. Pero, por otro lado, es evidente que la nueva fase en que ha entrado la crisis de deuda pública europea afectando ya a países grandes y rozando el pánico en Bolsa supone un exceso de mercado que requiere una respuesta inmediata y contundente.

La prohibición de las posiciones cortas abiertas en Bolsa sobre la banca de algunos países no ha sido suficiente. Pero ha sido positiva. Me temo que las conclusiones de la reciente Cumbre franco-alemana tampoco lo será. Con todo, debo admitir que la mayor cohesión política de los dos principales países del euro suena muy bien. Supone un avance fundamental hacia el Gobierno económico que muchos economistas demandamos. ¿Más burocracia? Es posible. Pero también más control en las finanzas públicas nacionales, lo que conlleva un nuevo paso hacia una política fiscal común. En este sentido, la petición de una fiscalidad uniforme para las empresas tiene el mismo objetivo. No será fácil, como nos ha recordado el Ministro de finanzas irlandés. Pero, ¿alguien duda de que la solución a la crisis no pasa por acelerar el paso en la UE? Con todas sus consecuencias. Este necesario control sobre las finanzas públicas nacionales también queda reflejado en la petición de la Cumbre de que la Constitución recoja el límite al tamaño de deuda pública. Y se alude de nuevo al 60 % del PIB como objetivo a medio y largo plazo. El resto de las medidas acordadas, como el establecimiento de un impuesto sobre transacciones financieras, resulta más complejo de entender. ¿Se intenta castigar a los especuladores? Lo cierto es que todos al final resultaremos castigados.

La escasa reacción del mercado a todas estas medidas da bastante que pensar. Por un lado, estoy de acuerdo con la opinión de algunos economistas de que el mercado realmente necesita: por un lado, poner en funcionamiento los acuerdos alcanzados en la Cumbre Europea de julio y por el otro, aumentar la capacidad de respuesta ante nuevos conatos de crisis. En definitiva, más efectividad en la actuación del EFSF incluyendo aumentar su tamaño. En la práctica ha sido el ECB el único que ha tomado medidas efectivas para contraponer la espiral alcista en las primas de riesgo europeas. En estos momentos esta es la cuestión de fondo: detener la subida explosiva de las primas de riesgo.

El riesgo país ha pasado de ser un indicador de solvencia de la deuda pública a convertirse en un verdadero lastre de la recuperación económica. Imposibilidad de financiación del sector privado, rebajas de rating, desconfianza y volver a empezar. La tensión se retroalimenta. Pero intervenir el mercado puede que ya no sea suficiente, salvo que el ECB no tenga límite en el saldo de deuda pública que puede comprar. Además, es preciso continuar con el ajuste fiscal. Y todo ello en un entorno de mejora de las perspectivas de crecimiento. ¿Lo ven complicado? Lo es, no les quepa ninguna duda. Y a muy corto plazo pueden ser objetivos contradictorios. En mi opinión, estabilizar la prima de riesgo ofrece un tiempo preciso para que los gobiernos nos convenzan de la firmeza del ajuste fiscal. Pero quizás necesitemos más tiempo del esperado en principio para lograr una mejora incuestionable del entorno económico. ¿O quizás podríamos dilatar el ajuste fiscal para hacerlo compatible con la recuperación de la economía? En este punto tendría sentido el avance en el Gobierno económico. La credibilidad de un país quedaría absorbida por la propia credibilidad del área.

En estas condiciones, a la larga sería factible emitir eurobonos. ¿Demasiado tiempo? Bueno, piensen que los mercados viven de expectativas sobre el futuro. Simplemente hay que convencerles de que este futuro es factible. La realidad es que no hay soluciones a corto plazo para problemas de solvencia, incluida la reestructuración de la deuda. Más bien parches, soluciones temporales hasta que otras circunstancias, de mercado y económicas, propicien que se adopten medidas definitivas. Pero sí se pueden tomar medidas efectivas para remediar un problema de liquidez. Perder la confianza del mercado es fácil; recuperarla ahora pasa por una combinación de medidas a nivel nacional y europeo. Ahora les toca a las autoridades convencernos de que el proceso es inexorable.

José Luis Martínez Campuzano. Estratega de Citi en España