Los tesoros preincaicos de la costa norte de Perú se afianzan como la alternativa perfecta a Machu Picchu.

Los moches 'desafían' la supremacía de los incas

En las paredes de la Huaca de la Luna dejaron grabadas figuras de esclavos, guerreros y deidades de rostro felino.

Huaca de la Luna
Figuras de guerreros en alto relieve que los Moche dejaron grabadas en las paredes de la Huaca de la Luna. Los restos pueden visitarse en Trujillo.

Machu Picchu es el máximo atractivo turístico de Perú. Pero quizá pronto un letrero como este cuelgue a la entrada de la ciudadela: "Aforo completo. Visite el norte".

El Gobierno está promocionando otros de los muchos destinos del país para evitar la saturación del complejo inca, que hace poco se salvó de entrar en la lista de "patrimonio mundial en peligro" de la Unesco.

Una alternativa interesante es la llamada Ruta Moche. Se trata de un recorrido por las regiones norteñas de La Libertad y Lambayeque tras las huellas de los moches o mochicas, un pueblo de pescadores, agricultores, artistas y guerreros que floreció en esta zona de la costa peruana entre el 100 a. C. y el 800 d. C., cientos de años antes que los incas.

Señor de Sipán ampliar foto
Emblema del Señor de Sipán.

El eje vertebrador de esta ruta es la tumba del Señor de Sipán, un gobernante que fue enterrado con toda su corte (jefes guerreros, sacerdotes, esposa, hijos y sirvientes) en una plataforma de adobe formada por varios edificios superpuestos.

El complejo fue descubierto en 1987 por un modesto equipo de arqueólogos del Museo Brüning de Lambayeque, que intentaba preservar el sitio del constante saqueo del que era objeto.

Junto con los restos de los personajes se encontraron ricas ofrendas y ajuares mortuorios de oro y plata, por lo que el valor arqueológico del hallazgo ha sido equiparado en importancia con el de Tutankamon.

La revista National Geographic dedicó al tema 50 páginas en la edición de octubre del año de su centenario y Newsweek tituló "Hazte a un lado, Tut", en alusión a la famosa tumba del faraón egipcio.

Los tesoros se exhiben en el Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán, inaugurado en noviembre de 2002. El edificio, que emulando el diseño de los templos mochicas tiene la forma de una pirámide truncada, se encuentra a 10 minutos en taxi de la ciudad de Chiclayo (750 kilómetros al norte de Lima). La entrada cuesta 10 soles, que equivalen a unos 2,5 euros.

Pero si viene de la capital, antes deberá pasar por Trujillo, una ciudad fundada por los conquistadores españoles en cuyo casco antiguo se conservan antiguas iglesias y casonas coloniales que destacan por la belleza de sus balcones y ventanas de rejas.

A 20 minutos del centro está el balneario de Huanchaco, donde todavía los pescadores mantienen la costumbre mochica de internarse mar adentro en los caballitos de totora, balsas hechas de tallos y hojas de totora cuya punta es aguda y curvada hacia arriba, mientras que la parte posterior es más ancha.

Algunos las utilizan también para coger olas como si de una tabla se surf se tratase.

Huanchaco
Caballitos de totora en el balneario de Huanchaco.

En un desvío del trayecto hacia la playa puede visitarse Chan Chan, denominada la ciudad de barro más grande del mundo, que aunque no es un vestigio de los moches sino de los chimúes (una civilización posterior), bien merece la pena conocerse por la decoración en altorrelieve de sus muros, la mayoría de los cuales representan aves y peces.

Muy cerca de Trujillo también, en el pueblo de Moche, están las Huacas del Sol y de la Luna, dos templos piramidales construidos con adobe en el lugar donde debió ubicarse la capital del reino. Actualmente solo está abierta al público la segunda de ellas.

En las excavaciones se han encontrado muchas piezas que revelan el dominio que los mochicas tenían de la cerámica, con la que recreaban personajes y escenas de su vida cotidiana. Son famosos, en este sentido, sus huacos retratos y huacos eróticos.

En las paredes del recinto dejaron grabadas también figuras de animales, plantas, esclavos, guerreros y dioses de rostro felino, destacando entre estos últimos el temible Aiapaec, conocido como El Degollador.

Recomendaciones para el viajero

Ají de gallina
Ají de gallina, plato típico de la cocina peruana.

Cómo ir. Las aerolíneas Lan, Taca y Starperú ofrecen uno o dos vuelos diarios desde Lima a Trujillo. El trayecto en avión tiene una duración de 45 minutos. En autobús serían unas 10 horas. De Trujillo a Chiclayo el traslado puede ser en avión, con las mismas compañías, o por tierra (cuatro horas).

Dónde dormir. El hotel de la cadena de lujo Libertador ocupa una casona colonial en plena Plaza de Armas de Trujillo. Si prefiere un lugar más apartado, puede hospedarse en El Gran Hotel El Golf, el único cinco estrellas de la ciudad. En Chiclayo, el establecimiento más recomendable es el Costa del Sol.

Dónde comer. A los moches se les atribuye la creación del cebiche, así que si le gusta este plato hecho a base de pescado, habrá llegado al sitio idóneo para probar su versión más tradicional. En general, todos los restaurantes son buenos, pero quizá por su encanto (terraza con vista al mar), el Big Ben de Huanchaco sea el mejor. Ají de gallina (en la foto) y cabrito a la norteña son otros dos platos típicos de la zona muy apreciados.