Los expertos auguran un escenario de alza de tipos y derrumbe bursátil

Recesión y debacle en los mercados si EE UU no paga

Barack Obama
Barack Obama

Nadie quiere creer que Estados Unidos, la principal potencia del mundo, llegue a suspender pagos si finalmente republicanos y demócratas no acuerdan incrementar el techo de deuda. Las advertencias de los políticos dan una idea de la debacle que se desataría. El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, lo ha calificado de un default de autolesión con desenlaces desastrosos. El Fondo Monetario Internacional advierte de serias consecuencias para la economía mundial, el propio presidente Obama avisa de los severos daños que causaría a la nación y Geithner, el secretario del Tesoro de EE UU, lleva meses pintando un escenario catastrofista para los mercados. ¿Hablamos de la antesala a otra Gran Depresión?

"¿Cómo se puede explicar un proceso explosivo. Lo mejor es tirar la bomba y ver", ironiza Lorenzo Dávila, jefe de investigación del IEB. "Predecir el impacto es muy complicado. Teóricamente causaría un desplome de los precios de los bonos en EE UU -y como consecuencia fuertes subidas de los tipos de interés-, una depreciación salvaje del dólar, la huida del dinero a las monedas refugio, un encarecimiento brutal del precio del petróleo y el hundimiento de los emergentes ligados al dólar".

Los efectos en la renta variable también serían sonoros. El hundimiento de los mercados de EE UU contagiaría de manera automática al resto de Bolsas. "La interdependencia es tal que todos se verían impactados", comenta Fernando Hernández, responsable de gestión de Inversis Banco. Al tiempo que la retirada de dinero de los fondos por la pérdida de valor de los activos probablemente agravaría aún más el desplome de los mercados, generando así una espiral difícil de parar. La pérdida de valor de los activos y su efecto en las instituciones financieras también sería de calado, lo que hace a muchos economistas temer otra crisis financiera.

Efectos indeseados

Eso sin contar con otros efectos indeseados. "Afectaría a los tenedores de deuda de EE UU, principalmente China y Japón, a quienes repercutiría en términos de riqueza y valor, impactaría a las exportaciones chinas, encarecería los productos europeos si el euro responde como moneda refugio y provocaría también una reducción del comercio internacional, algo que causaría una recesión mundial parecida a la Gran Depresión porque una situación así llevaría al proteccionismo", advierte Dávila.

En definitiva, todo un cúmulo de consecuencias especialmente nocivas para EE UU pero que no tardarían en extenderse como la pólvora al resto de la economía mundial. Y es que si EE UU, país que sirve de referencia del activo libre de riesgo, tiene problemas para satisfacer determinados pagos, las primas de riesgo de todo el mundo aumentarán de forma significativa, algo que se notará con virulencia en los tipos de interés, limitando la capacidad de generar crecimiento.

El secretario del Tesoro de EE UU, Tim Geithner, ya ha advertido que una suspensión de pagos, reducirá notablemente el crecimiento del país y aumentará aún más el desempleo. Obama ha querido ser incluso más claro al avisar que un default equivaldría a una subida de impuestos para todos los americanos por el incremento de los costes de financiación en tarjetas de crédito, préstamos o hipotecas.

Al mismo tiempo la subida de los tipos de interés complicaría la vuelta a la sostenibilidad presupuestaria del país y reduciría los ingresos fiscales, lo que también implicaría una reducción de las inversiones en infraestructuras, educación o sanidad, más frenos para el crecimiento.

"Pensamos que el acuerdo se va a alcanzar porque el mercado no está preparado para algo así. Todo se arregla con un acuerdo parlamentario", comenta Pablo Guijarro, de AFI. Por ello, la hipótesis de la suspensión de pagos se descarta, pese a la cercanía del 2 de agosto, fecha límite para acordar los cambios. En el peor de los casos se espera algún parche. No se descarta extensiones de los créditos, una línea de crédito de la Reserva Federal o el retraso en otros pagos como los de la Seguridad Social.

El dólar pierde su valor refugio

1. Dólar. Uno de los efectos más temidos por los mercados es el impacto que pueda tener una suspensión de pagos de EE UU en el dólar. Una fuerte caída de la demanda de deuda estadounidense provocaría una importante pérdida de valor del billete verde frente a otras divisas. Una depreciación desordenada que abriría un importante interrogante sobre su hegemonía como reserva mundial. La volatilidad de la divisa probablemente la llevaría a perder esta cualidad. La depreciación impediría también a la Reserva Federal absorber todos los dólares con el consiguiente efecto en la inflación.

2. Oro. La huida masiva de los activos de riesgo que desataría una suspensión de pagos de EE UU dejaría pocos lugares en los mercados donde refugiarse. Los expertos prevén caídas tanto en Bolsa, bonos como materias primas y ven tan solo al oro como posible beneficiado en una situación de tensión extrema.

3. Deuda. De momento, la reacción de los inversores implica que pese al nerviosismo que suscita la falta de acuerdo político en EE UU, los mercados dan una probabilidad muy baja a una suspensión de pagos del país. La rentabilidad del bono a 10 años cotiza todavía en el entorno del 3%, un nivel similar al que mantiene desde el pasado mes de mayo y que dista mucho, por ejemplo, del 18% al que cotizaron los bonos a 10 años de Grecia la semana pasada cuando se temía que el país acabara suspendiendo pagos. Un tasa del 6% para la deuda de EE UU ya sería un termómetro de miedo ante un default.

Republicanos y demócratas aún están lejos de conseguir el consenso

La negociación sobre el déficit de EE UU sigue encallada. Republicanos y demócratas no consiguen ponerse de acuerdo para aprobar el aumento del techo del endeudamiento más allá del límite legal de 14,3 billones de dólares. Conforme se acerca el 2 de agosto, fecha límite para conseguirlo, destacan dos propuestas, una de cada partido.

El tiempo apremia y tanto republicanos como demócratas trabajan a destajo para recabar los apoyos suficientes sin que aún se perfile con claridad la cercanía del consenso. Los republicanos insisten en la necesidad de recortar gastos antes que subir impuestos, mientras que los demócratas, pese a estar dispuestos a ceder a la hora de reducir ciertos gastos sociales exigen también importantes aumentos de impuestos para las clases altas y empresas, algo que genera rechazo en el partido más conservador.

Los republicanos plantean un plan de dos pasos elaborado por el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, que aumentaría el límite de deuda en hasta un billón de dólares antes del 2 de agosto y luego en aproximadamente 1,6 billones de dólares el próximo ejercicio, al tiempo que exigiría mayores recortes de gastos.

La propuesta demócrata, elaborada por el líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, reduciría los gastos en 2,7 billones de dólares. Esto permitiría al gobierno de Barack Obama un incremento del techo de endeudamiento en la misma cuantía, que aseguraría así la financiación de Estados Unidos hasta las elecciones de 2012, sin necesidad de un nuevo acuerdo con los republicanos.

Las agencias de rating han advertido ya que si EE UU no aprueba también un plan creíble de reducción del gasto, el riesgo de afrontar una rebaja crediticia resultará muy elevado. En el mercado se calcula que la pérdida de la triple A podría costar otros 100.000 millones de dólares en pagos de intereses a EE UU.

Christine Lagarde, responsable del FMI, instó ayer a EE UU a alcanzar un acuerdo y advirtió que una suspensión de pagos del país o una rebaja de rating supondría un acontecimiento muy grave con efectos a nivel mundial.