COLUMNA

El modelo demoeconómico vasco

El País Vasco afronta la segunda década del siglo XXI en una posición demográfica y económica privilegiada, tanto en el contexto estatal como europeo: es la posición que ha sabido ganarse por su historia, por su secular iniciativa empresarial y por su capacidad para salir de todas y cada una de las crisis del siglo XX fortalecido: su dinámica, moderna y competititiva estructura empresarial, su cultura emprendedora, el apoyo institucional y su singular política fiscal foral se lo ha posibilitado. Sin embargo -no hemos de olvidarlo-, su crecimiento económico sostenido, su expansión urbana y su desarrollo territorial ha sido posible, también, merced al potencial demográfico que la emigración del resto del Estado le proporcionó, década tras década, a lo largo de la pasada centuria.

Pues bien, heredera de esa inmigración reciente, a la que se ha sumado en la última década la inmigración extranjera -cifrada en la actualidad en 120.000 inmigrantes-, es la dulce etapa demográfica por la que atraviesa. El País Vasco nunca va a tener menos personas dependientes por la cúspide de la pirámide de población, nunca va a tener menos población joven en su base de la pirámide ni tanta población potencialmente activa en su cintura como en el momento actual. Y ha sido la segunda generación de la inmigración del siglo pasado la que ha hecho posible este positivo ciclo demográfico, este singular dividendo demográfico, que comparte con Madrid y con Cataluña, regiones, también, tradicionalmente migratorias.

Y es que aunque se ha escrito sobre el coste económico de la no-España en el País Vasco, está por escribir el ensayo sobre las consecuencias demográficas que históricamente habría tenido la no-España en los tres territorios históricos en diferentes momentos históricos: más temprano en Vizcaya, más reciente en Álava.

A pesar de estos hechos, el futuro demográfico del País Vasco -podríamos decir- no es lo que era, dado que tendrá que enfrentarse en medio plazo a las consecuencias derivadas de un proceso de envejecimiento profundo y relativamente rápido, consecuencia del final del largo ciclo migratorio estatal, de la sostenida caída de la fecundidad desde finales de los años ochenta y del alargamiento de la esperanza de vida, que es en la actualidad una de las más altas en todo el mundo (78,3 años los varones; 85,6 las mujeres).

La población vasca conocerá una falsa o engañosa estabilidad demográfica en los próximos 10-15 años. Esta, cual si de un juego de suma cero se tratase, será igual de numerosa pero presentará estructuras mucho más envejecidas. Algunos datos significativos: a lo largo de la presente década va a perder 51.300 personas con edades entre 25 y 34 años, y va a ganar 110.000 de 65 y más años, hechos estos que llevan al Rostocker Zentrum en su trabajo Mapping zur Erforschung des Demografischen Wandels Regional/Demographic Changeand Regional Demographic Location Risk in Europe, publicado en 2008, a incluir el País Vasco en el grupo de regiones que habrá de hacer frente en las próximas décadas al estancamiento o al crecimiento más lento y al envejecimiento más rápido del continente.

El mayor crecimiento económico del País Vasco, que avanza a un ritmo superior que el del conjunto del Estado (en el año 2010, un 1% frente al 0,3%), tal vez sea insuficiente para hacer frente a un envejecimiento que podría afectar, si no se abordan con suficiente antelación, a la sostenibilidad del sistema de bienestar (pensiones, dependencia, sanidad, educación...). Un sistema de bienestar que se presenta como uno de los más avanzados y eficientes del Estado.

El País Vasco deberá, por tanto, apostar por el empleo de calidad, generador de mayor productividad y de mayor valor añadido, deberá seguir apoyando la innovación, la investigación básica y aplicada, en suma, la educación en su más pleno y amplio sentido, deberá seguir potenciando su estructura científico-tecnológica, para lo que podría necesitar -ya lo está necesitando- de técnicos y científicos foráneos, como está ocurriendo en otras sociedades avanzadas como la alemana, y deberá seguir elevando la competitividad de sus empresas, tanto las orientadas a la exportación y a los mercados internacionales -que lo están en mayor medida- como las orientadas al mercado interior, que no lo están tanto.

Este territorio ha demostrado, está demostrando en la actualidad y, sin duda, seguirá demostrando en el futuro que es glocal por definición y en esencia, esto es, ha sabido desarrollar estrategias que han permitido que lo global penetre y se asiente en lo local y reestructurar lo local para afrontar los nuevos desafíos globales. En otras palabras, ha sabido pensar globalmente y actuar localmente, y en esa línea ha de mantenerse en el futuro si quiere hacer frente a los retos a los que su singular modelo demoeconómico le impele.

Pedro Reques Velasco. Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria