TRIBUNA

China y el modelo europeo de integración

No cabe duda de que el ascenso de China como superpotencia internacional constituye el cambio más importante que marcará las relaciones económicas y políticas a lo largo de todo el siglo XXI. Por primera vez, el mundo no estará gobernado solamente por potencias occidentales sino que las grandes decisiones se tendrán que tomar teniendo en cuenta lo que pueda hacer o dejar hacer el gigante asiático.

Sin embargo, desde Occidente solemos analizar China como si fuera un país emergente más, o como mucho, como un gigante económico que es necesario guiar hacia la senda del desarrollo y del progreso. Por el contrario, China quiere ser dueña de su destino y aunque es consciente de que tiene muchos problemas aún por resolver (en materia de democratización, respeto de los derechos humanos, búsqueda de un modelo de crecimiento sostenible desde el punto de vista medioambiental y social), los cambios se adoptarán de forma paulatina y buscando en todo momento mantener la estabilidad y la cohesión internas.

Es en este punto donde China ha mostrado gran interés en estudiar el modelo europeo de gobernanza. Con más del doble de población y superficie que la UE, China ve en el modelo europeo de integración un ejemplo paradigmático de gobernanza a múltiples niveles que le puede brindar enseñanzas en la búsqueda de un modelo propio. Así, es evidente que la centralización extrema no puede funcionar en las escalas chinas.

Tampoco la descentralización es una solución ya que esta siempre conlleva el riesgo de escisión. Por ello la UE constituye, desde la percepción china, un modelo político lo suficientemente flexible como para mantener la unidad interna a la vez que se potencia el mercado interior y se introducen, paulatinamente, mecanismos democratizadores que legitimen en lo político el éxito económico alcanzado en las tres últimas décadas.

Las relaciones diplomáticas UE-China comenzaron oficialmente en los años setenta y desde mediados de los ochenta se rigen por el Acuerdo de Cooperación Económica y Comercial de 1985. En los años noventa, y de forma paralela a la introducción de la Política Exterior y Seguridad Común, se establecieron diálogos sectoriales y, desde 1998, cumbres periódicas al más alto nivel. El éxito en materia de intercambios es claro cuando ambos son, respectivamente, el principal socio comercial el uno del otro.

Desde 2003, sin embargo, se ha avanzado más allá de las cuestiones económicas. El Partenariado Estratégico UE-China busca consolidar unas relaciones que siempre se han visto amenazadas por la recurrente bilateralización (China-Francia, China-Reino Unido, China-Alemania). Esta debilidad europea ha llevado a que China tenga la impresión, tal vez acertada, de que Europa es un gigante comercial pero, a diferencia de Estados Unidos, un enano político fácilmente atomizable.

A pesar de ello, tal como se discute estos días en el Congreso Hacia una asociación más cercana entre China y Unión Europea: buscando ventanas de oportunidad, organizado por el Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo, la Unión Europea guarda todavía la fuerza de su modelo.

Profesores invitados al evento de la Universidad de Renmin (Pekín) y Fudan (Shanghái) han destacado en este foro el gran interés que despierta en China el proceso de integración europea como un modelo alternativo de gobernanza mucho más adaptable a los desafíos actuales.

Por lo tanto, la consolidación de la Política Exterior Europea, que ahora cuenta con un Servicio Europeo de Acción Exterior, y la tibia pero claramente perceptible apertura de las instituciones chinas a cambios en lo político, pueden llevar a una más estrecha colaboración entre la UE y China, especialmente en ámbitos que desborden lo puramente económico.

Finalmente, no cabe duda de que la exportación de al menos algunas características del modelo europeo de integración facilitaría el entendimiento mutuo en la resolución de los grandes desafíos globales (cambio climático, protección de la biodiversidad, reequilibrio de las balanzas comerciales) y contribuiría a la restauración de Europa como actor de peso en la escena internacional.

Justo Corti Varela. Investigador del Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo