Los expertos ven a las cajas atadas de manos para vender participadas

Las cajas se apresuran a hacer acopio de fondos para cumplir con los mayores requisitos de capital que les va a imponer el Gobierno. Pero los tiempos no acompañan. Los expertos de GBS Finanzas consideran que las entidades están atadas de pies y manos para desprenderse de sus participadas. Muchas generarían problemas de solvencia o liquidez, o carecen de atractivo en el mercado.

Las cajas deben echar la mano a las alhajas de la abuela para salir adelante. Varias entidades de ahorro han comenzado a desprenderse de algunas de sus inversiones industriales más llamativas con el fin de cumplir con los endurecidos requisitos de capital que les impondrá previsiblemente esta semana el Gobierno. Su capital de primera categoría deberá representar entre el 8% y el 10% de sus activos ponderados por riesgo, según coticen sus bancos o no.

En las últimas semanas se han producido desinversiones importantes como las salidas de Catalunya Caixa de Repsol (1,63%), de Unicaja de Abertis (0,69%) o de Caixanova de Brisa (2,2%) y EDP (1,2%). En cambio, el margen de maniobra con otros paquetes accionariales es muy limitado.

"Las entidades tienen prisa por hacer caja, pero muchas participadas no son vendibles o el hacerlo les perjudica. Deben realizar un encaje de bolillos para que la desinversión cuadre en términos de liquidez, core capital y resultado", explican desde GBS Finanzas. Esta firma difundió ayer un estudio que repasa el potencial de la cartera industrial de las cajas. Las entidades de ahorro están presentes en cerca de 40 cotizadas españolas y otras dos portuguesas. Su valor de mercado ronda los 25.000 millones de euros, si bien la mitad de este dinero corresponde a la cartera de La Caixa, una de las poquísimas entidades de ahorro que no se siente especialmente apurada para desprenderse de nada.

Desde el punto de vista de GBS, "en la mayoría de las cajas ha existido una política inversora expansiva, sin un foco claro. Varias participaciones tienen connotaciones políticas, al estar ligadas al tejido empresarial de su región de origen, y muchas presentan una baja rentabilidad". Los expertos de esta boutique financiera consideran que las cotizadas que presentan unas condiciones de desinversión más cómodas se cuentan con los dedos de una mano. Serían Enagás, Elecnor, BME, Pescanova y, tal vez, Ence. El resto plantea importantes minusvalías, al haber sido adquiridas en los años de bonanza económica, o puede perjudicar su posición de liquidez.

Compañías no cotizadas

En GBS destacan que solo las inversiones en cotizadas pueden contribuir a reforzar el core capital y resultan atractivas en el mercado. Las inversiones no bursátiles suelen carecer de un valor suficientemente significativo como para ser una alternativa a las ayudas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). Además, habitualmente se trata de participaciones en sociedades inmobiliarias para las que "hoy por hoy no hay solución. Antes se resolvían con tiempo e inflación, pero como la obsesión del BCE es combatir la subida de precios no queda más solución que dejar pasar los años hasta que solares y pisos se recuperen".

Otro de los desafíos para desprenderse de sus carteras industriales es la falta de potenciales compradores. Su presencia en firmas cotizadas es casi siempre minoritaria por lo que la operación solo cuadraría a un socio ya presente en el capital de dicha compañía, pero este puede carecer de interés o dinero. Entre tanto, los family-offices han escarmentado de sus inversiones en Bolsa.

Un último reto es la falta de recursos humanos. Las cajas carecen del suficiente personal especializado para llevar adelante varias ventas simultáneas.

La cifra

25.000 millones de euros es el valor de la inversión en cotizadas de las cajas. La mitad de este dinero corresponde a la cartera de La Caixa, un grupo sin apenas prisas por vender.