Perspectivas 2011. Economía española

Un año perdido para sentar las bases del futuro

El cumplimiento del objetivo de déficit y las reformas estructurales, claves para calmar a los mercados.

Un año casi perdido para la actividad y el empleo, pero fundamental como rampa de salida para una nueva fase de crecimiento sostenido. Los expertos y los organismos internacionales coinciden en vaticinar un panorama macroeconómico todavía muy débil en el año entrante, en el que el crecimiento del producto interior bruto ni siquiera llegará al escaso 1,3% dibujado por el Gobierno en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado. De hecho, las previsiones más recientes de la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional dejan el avance en un magro 0,7%, casi la mitad del proyectado por el Ejecutivo, mientras que la OCDE (el organismo asesor de la treintena de países más industrializados) apenas espera dos décimas más.

Los principales centros privados de análisis económico españoles también manejan previsiones menos optimistas que las del Gobierno. Así, el último consenso del panel de Funcas, que agrupa a 17 de los anteriores, sitúa igualmente el crecimiento del PIB para 2011 en el 0,7%. Esa expectativa se basa en una ralentización del consumo de los hogares, que crecería nueve décimas, y un deterioro de 1,1 puntos en el consumo público, hasta hace bien poco la red que evitaba un desplome aún mayor de la actividad. Aunque la inversión moderaría su caída hasta un tercio de la del año anterior, quedando en 2,5 puntos, todos esos efectos todavía llevarían a un descenso de dos décimas en la demanda nacional. Con todo, esas previsiones globales ocultan una diversidad notable, desde el tímido optimismo de Intermoney (avance del PIB del 1,2%) hasta el escepticismo de Caja Madrid o el Instituto Flores de Lemus (0,4%).

Donde sí coincide el grueso de los análisis es en la moderada aceleración del perfil del crecimiento a lo largo del ejercicio, que, con todo, apenas servirá para crear empleo. De hecho, casi nadie espera que la tasa de paro baje del 20%, de forma que, dependiendo de la evolución de la población activa, podría incluso superar el nivel actual. Es en este sentido en el que cabe hablar de 2011 como de un año perdido, aunque no por eso va a resultar menos importante para el futuro económico de España.

La ratificación de la salida de la crisis solo será una realidad si el país consigue dejar atrás las dudas de los mercados, que han atenazado a la deuda soberana y disparado las primas de riesgo. Los ejemplos de Grecia e Irlanda, que han tenido que reclamar el salvamento de la Unión Europea y el FMI, tienen poco que ver con los de España (el Gobierno heleno mintió respecto a sus cuentas, mientras que Dublín carga con unos fallidos bancarios que han disparado su déficit público hasta el 32% del PIB). Pero eso no ha evitado seguir bajo la lupa de los inversores, lo que conlleva costes evidentes y exigencias de ajustes adicionales que ponen en solfa la esperada recuperación de la mayor crisis en 80 años.

Así las cosas, la clave de bóveda para el ejercicio entrante será el cumplimiento del objetivo de déficit público establecido por el Gobierno en el Programa de Estabilidad. Todo indica que 2010 se cerrará en línea con el 9,3% previsto en ese documento remitido a Bruselas, de manera que la nueva cifra de referencia es el 6% de 2011. En este punto, las previsiones del FMI (6,9%) y el panel de expertos agrupado por Funcas (6,6%) quedan sensiblemente por encima del objetivo. Más cerca se encuentran el 6,3% de la OCDE y el 6,4% de la Comisión Europea. Esas diferencias se deben a las menores expectativas de crecimiento de PIB, que lógicamente generarían menos ingresos fiscales y más gastos en protección contra la lacra del desempleo.

De cualquier modo, hay que tener en cuenta que estos pronósticos fueron realizados entre octubre y noviembre, es decir, antes del último paquete de medidas de ajuste aprobado por el Ejecutivo el pasado 3 de diciembre. Ese día, la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado, anunció la transformación de la entidad pública empresarial Loterías y Apuestas del Estado para crear un regulador independiente, adscrito a su Ministerio hasta que se constituya la futura Comisión Nacional del Juego. En la práctica, el cambio más relevante será la privatización del 30% de una de las empresas públicas más rentables, lo que podría suponer un ingreso de cerca de 5.000 millones de euros. Adicionalmente, el Gobierno anunció la reforma del modelo de gestión aeroportuaria con la creación de una sociedad estatal que asumirá la gestión de los 47 aeropuertos que ahora dirige AENA. Igualmente, se permitirá la entrada de capital privado en un porcentaje minoritario todavía por determinar. A la obtención de recursos con esas dos privatizaciones parciales se sumarán las subidas de los impuestos sobre el tabaco, que aportarán 780 millones de euros adicionales a las arcas públicas. Todo ello servirá, según los planes del Gobierno, para arañar esas posibles décimas de desvío sobre la previsión inicial y limitar el déficit presupuestario al deseado 6% del PIB.

La importancia de ese objetivo presupuestario no es en absoluto menor. El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, señaló en su reciente visita a Madrid que el cumplimiento de los planes de ajuste resultará "crucial" para superar de una vez por todas las fatídicas presiones de los mercados.

Reformas estructurales

Pero el presidente del organismo emisor no limitó sus recomendaciones al déficit. En un mensaje específicamente dirigido a España, afirmó que se necesita "profundizar en la reforma laboral" (lo que sugiere que la recientemente aprobada por el Congreso no será suficiente) y reformar el sistema de pensiones. Si el control del déficit lanza un mensaje de estabilidad inmediato a los mercados, las reformas estructurales emiten otro de sostenibilidad financiera a largo plazo, igualmente relevante. El Gobierno ya ha puesto fecha a la reforma de las pensiones, con o sin acuerdo (28 de enero), y espera que el desarrollo reglamentario de la reforma laboral llene algunas de sus lagunas. En este capítulo de reformas, los organismos internacionales y los centros de análisis reclaman que se vaya más allá de las líneas dibujadas por el Ejecutivo (sin ir más lejos, la OCDE acaba de afirmar que retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años no será suficiente).

El tercer foco de atención afecta a la savia de la economía: la financiación. La reestructuración de las cajas, gravemente afectadas por el pinchazo inmobiliario, ha dado pasos decisivos gracias a las fusiones y al FROB, aunque no es descartable un impulso público adicional. En la misma línea se aprobó este año la reforma de la Ley de Cajas que, junto al saneamiento progresivo de los balances bancarios, debería contribuir a una mejora de la circulación del crédito.

Mejora competitiva

Al margen de la evolución del déficit y las reformas, una buena noticia para la estructura económica del país (más discutible para los trabajadores) es la continuación de la mejora competitiva. El dramático ajuste del empleo de los últimos dos años ha disparado los antaño escuálidos avances de la productividad. Durante el último año (y, previsiblemente, también en el próximo), esa evolución se ha visto acompañada por la fuerte moderación salarial. Los dos movimientos llevaron a una caída del 0,9% en los costes laborales unitarios, y la Comisión espera otra del 0,3% durante 2011.

El exterior como tabla de salvación

Si el colapso de la demanda interna no ha significado un deterioro aún mayor del producto interior bruto que el registrado en los últimos años (algo menos de cinco puntos de caída en el conjunto de la recesión) ha sido por el papel del sector exterior como tabla de salvación. La Comisión Europea cuenta con un menor vigor exportador en el próximo año, a la vista de la moderación de la demanda global y la "limitada corrección de las pérdidas de competitividad pasadas". Con todo, Bruselas cree que los exportadores españoles lograrán mantener su cuota en los mercados mundiales. De lograrlo, España se consolidaría como uno de los dos únicos países desarrollados europeos (junto a Alemania) que han conseguido mantener su trozo de tarta en el comercio mundial a lo largo de los últimos diez años, coincidentes con la vorágine de la globalización.

En cuanto a la aportación neta del sector exterior al crecimiento económico, todavía será positiva, gracias a la consolidación de la debilidad de las importaciones: la Comisión entiende que el redimensionamiento a la baja de la demanda interna surgido en la crisis está aquí para quedarse (fundamentalmente, por el menor tamaño de la construcción residencial), lo que llevará a que las importaciones sigan siendo menores que las exportaciones durante 2011. Sin duda, un alivio, aunque la atonía de la demanda interna no permita engrosar un crecimiento global sano. Será un año para sentar bases.

Palos en las ruedas de los países ricos

Aunque el pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha castigado especialmente el empleo en España, las perspectivas de actividad del país no difieren en exceso de las de la mayoría de los países ricos. El conjunto de la zona euro afronta un panorama casi plano después de sufrir el año pasado la mayor caída de PIB de su historia (4,1%). La crisis de los mercados de deuda, que se ha llevado por delante parte de la soberanía de Grecia y Portugal, se presenta como el gran condicionante de la recuperación europea. Los mercados exigen ajustes, y las restricciones de gasto público limitan el crecimiento de la actividad, con su consiguiente impacto en el empleo. Las expectativas de crecimiento de la zona euro se basan, ahora más que nunca, en la locomotora alemana. Si la economía centroeuropea consigue afianzar el 3% de avance de este año y los mercados se tranquilizan, el resto de la zona podría registrar un crecimiento mayor que el escuálido 1,5% que prevé el FMI.

Sin sufrir hasta ahora las mismas presiones de los mercados, tampoco Estados Unidos puede echar las campanas al vuelo. Con la iniciativa perdida desde las elecciones legislativas, el Gobierno de Barack Obama tendrá que hacer equilibrios de malabarista para estimular la economía y hacerla crecer más que el pronosticado 2,3%, si quiere recortar una tasa de paro disparada en el 10%.

Pese a la atonía de los países ricos, la actividad del conjunto del planeta sí apunta a la recuperación: el FMI espera un avance del PIB del 4,8% para este año, y tasas superiores al 4% en los inmediatamente siguientes.

Se afianza la excepción emergente

Las severas dificultades por las que están pasando los países avanzados contrastan radicalmente con la rápida recuperación del grueso de los emergentes. En este sentido, la mayor recesión global posterior a la Segunda Guerra Mundial presenta una extraña característica no solo cuantitativa, sino también cualitativa: a diferencia de los esquemas habituales (los más recientes, las crisis de los dragones asiáticos, Rusia o México), la crisis financiera internacional surgió en los países ricos y afectó fundamentalmente a estos últimos.

El ejemplo de China es aquí revelador. En los peores momentos de la recesión global, cuando la actividad de Estados Unidos o la Unión Europea se desplomaba cerca del 5%, el producto interior bruto del gigante emergente se ralentizó hasta crecer un 9,1%. Un ritmo vertiginoso para cualquier estándar, y que ya ha sido ampliamente superado hasta el punto de que las preocupaciones de Pekín pasan hoy por controlar las tensiones inflacionistas y la amenaza de burbuja inmobiliaria. Algo parecido ha sucedido con India, que después de una moderada desaceleración del PIB hasta el 5% cerrará este año muy cerca del 10%.

Más allá del Océano Pacífico, aunque un escalón por debajo de China e India, también Brasil da muestras de una envidiable fortaleza económica. El año pasado, la caída de los precios de las materias primas y del comercio mundial llevó a un estancamiento de su PIB, pero este ejercicio crecerá más del 7%, según el FMI, que vaticina registros superiores al 5% en los años siguientes.