TRIBUNA

La hora de actuar en el sistema educativo

En el último informe PISA, y a pesar de la leve mejoría en algunos datos, España ha bajado 12 puntos con respecto a la media del informe PISA 2000, que también se centró en la lectura, y se acentúan aún más las desigualdades entre comunidades autónomas. Los jóvenes españoles siguen estando por debajo de la media de la OCDE, contamos con muy pocos alumnos en los niveles más altos de resultados, los que corresponden a la excelencia, y -como indicador de la mala salud de nuestro sistema educativo- el porcentaje de repetidores sigue siendo el más alto de la OCDE con un 36%. Esto sin contar con el índice de fracaso y abandono escolar, una cifra insostenible que no ha sido objeto de este estudio. Los diagnósticos ya están hechos. Es la hora de intervenir con decisión en el sistema educativo.

Para que una evaluación permita solucionar lo que no funciona, y no quede en una mera descripción de los problemas, su lectura debe ser inconformista. No puede llamarse estabilidad a la situación en la cual nuestro país permanece inmóvil bajo la media europea en los informes internacionales sobre educación. Los resultados hay que analizarlos en su conjunto, por eso en el próximo informe deben participar todas las comunidades autónomas, sin excepción, porque la educación debe ser cuestión de Estado y no de territorio. Es injusto también hacer lecturas triunfalistas desde las comunidades autónomas porque garantizar la igualdad de oportunidades es una tarea de todos, y no se va a conseguir fragmentando el sistema educativo.

Una vez más, ANPE reclama una intervención inmediata para realizar los cambios y reformas que precisa el sistema educativo. En primer lugar, es imprescindible aumentar el gasto público destinado a la educación hasta al menos un 7%. Los Presupuestos Generales del Estado han reducido la inversión educativa más de un 8%, siendo aún mayor el porcentaje precisamente en las partidas relacionadas con programas de apoyo y refuerzo y con la estabilidad del profesorado.

Debemos también evitar la constante irrupción del debate político en la escena educativa, como hemos tenido ocasión de comprobar con el frustrado pacto por la educación. Exigimos una actuación a nivel de Estado que vertebre y cohesione el sistema educativo de manera que se eviten las desigualdades entre comunidades autónomas. Hay que atreverse a poner en marcha una reforma eficaz que partiendo del refuerzo a las materias instrumentales básicas en la enseñanza primaria, diseñe una nueva estructura para la Secundaria y el bachillerato y potencie las enseñanzas de formación profesional, valorando el esfuerzo individual y ofreciendo a todos la posibilidad de desarrollar sus capacidades al máximo.

Necesitamos un nuevo modelo educativo que se fundamente en la exigencia y el esfuerzo en el aprendizaje. Las limitaciones de la enseñanza comprensiva se han puesto de manifiesto claramente y los países que adoptaron este modelo educativo hace 20 años ya lo han abandonado. Como el estudio demuestra, al medir la comprensión lectora en formatos digitales, la inversión tecnológica por sí sola no es suficiente. Es preciso enmarcarla en un diseño pedagógico nuevo que desarrolle la autonomía organizativa y pedagógica de los centros y que apueste decididamente por el profesorado, factor clave en el sistema educativo. En ese sentido, es precisa una toma de postura clara de la Administración educativa a favor del profesorado, con un aumento de la valoración social de la tarea docente, con la verdadera renovación de su formación inicial y continua y con el diseño de una carrera profesional en un nuevo marco jurídico que regule su situación y atraiga a los mejores universitarios hacia la docencia.

España no puede seguir siendo ese país en el que nunca pasa nada, en el que nos hemos acostumbrado a las disfunciones y los problemas. No podemos hacer mejoras tibias y parciales en la educación, como las reformas de la ESO y la formación profesional que se esconden entre la letra pequeña de la Ley de Economía Sostenible. Es hora de intervenir en educación sin miedo, abordando en profundidad y en su conjunto los cambios que necesita la educación, para convertirla en la mejor apuesta para salir de la crisis.

Nicolás Fernández Guisado. Presidente Nacional de ANPE