Análisis

Robots financieros, los nuevos señores del corto plazo

Los sistemas automáticos copan más del 60% del negocio bursátil mundial en medio de una creciente controversia sobre su capacidad para desestabilizar al mercado.

Robots financieros, los nuevos señores del corto plazo
Robots financieros, los nuevos señores del corto plazo

La capacidad de las manos fuertes del mercado para dictar el curso de los acontecimientos está quedando fuera de toda duda a medida que avanza el año. Irlanda está en una situación muy delicada, con un déficit público que ronda el 30% del PIB y una deuda acumulada que rebasa el 100%. Todo el deterioro se ha construido a velocidad de vértigo. Pero no estaba en la mente de Dublín solicitar ninguna clase de ayuda financiera internacional, máxime cuando en mayo había sido alabado por "hacer los deberes", eufemística expresión que comprende, principalmente, un recorte sustancial en el gasto público. Adicionalmente, Irlanda ya había pasado la fiebre del ladrillo, con un ajuste del 30% en los precios del sector inmobiliario, respecto a los niveles previos al estallido de la burbuja. Irlanda parecía un alumno aplicado y los díscolos eran otros como España, Portugal, Italia o Grecia. Sin embargo, tendrá que pedir el rescate.

En septiembre anunció la necesidad de aportar otros 25.000 millones para rescatar a la banca, y poco después entró en la ecuación de las estrategias de las grandes firmas de inversión. En dos, la prima de riesgo de los bonos irlandeses ha crecido un 50%, acercando el rendimiento exigido en el mercado secundario al bono soberano a 10 años a un insostenible 8,8%. La tensión del mercado se ve acrecentada y exacerbada por la operativa de programas de ingeniería matemática diseñados para introducir órdenes en milésimas de segundo y que ostentan una fuerza de arrastre imbatible. Son los robots financieros, los amos del corto plazo, y están generando mucha controversia. En este complicado negocio, el pequeño inversor también tiene bazas que jugar.

No se trata, obviamente, de autómatas tecleando en un ordenador. Los robots financieros son programas de software que permiten ejecutar órdenes bursátiles a gran velocidad y combinando multitud de estrategias. Hay debate sobre su incidencia real en el mercado. Respecto a su importancia global, las cifras varían entre el 50% y el 70% de todo el volumen bursátil, sobre todo a través de HFT (High Frecuency Trading). Colt Telecom, una multinacional especializada en servicios de telecomunicaciones se confirma que la operativa automatizada representa "más del 60% de las operaciones que se realizan en el mundo" y su importancia será creciente. "El uso de los sistemas automatizados va a vivir una explosión en los próximos años", asegura David Galán, director de renta variable de Bolsa General, cuya compañía está precisamente en el proceso de desarrollar sistemas.

La transformación del mercado

"Es un hecho incuestionable que los robots financieros han transformado el mercado para siempre, dominan el corto plazo y han provocado que los últimos tres años estén siendo los más difíciles de la historia para los pequeños inversores", afirma José Luis Cárpatos, un experto en operativa de corto plazo. Una de las consecuencias de esta operativa masiva informatizada, en la que todos los programas se posicionan en la misma dirección con el objetivo de adelantarse al resto es lo que se llama flash crash. Se trata de bandazos espectaculares en valores en cuestión de segundos, como el que sucedió en mayo pasado cuando Procter & Gamble perdió un 37% en cuestión de segundos.

Los sistemas HTF son los grandes jugadores de la robótica financiera. Su desarrollo cuesta millones de dólares y están solo al alcance de unas pocas grandes firmas de inversión, que Cárpatos cifra en unas 15 en todo el mundo. El grado de competencia es tal que ahora la batalla está en colocar los servidores HTF lo más cerca posible de los servidores de las plataformas donde transcurre la negociación. Ya no es una cuestión de segundos, sino de milésimas.

Otra de las habilidades de estos programas es su capacidad de aprendizaje. Están programados para detectar incrementos de volumen en un sentido y batir a los rivales. Pablo del Barrio, gestor de cuentas en X Trade y gran defensor de los robots financieros, lo reconoce: "En mi anterior destino, trabajaba en una mesa de negociación y era increíble, cada vez que tomabas una posición, un robot financiero tomaba ventaja y se posicionaba mejor que tú. Si le superabas, él volvía a superarte al instante".

Contra una fuerza de semejante calibre es poco o nada lo que puede hacer el inversor de a pie. Por eso la inversión a corto plazo debe hacerse cada vez con más cautela. Las máquinas son capaces de romper los niveles técnicos y fundamentales de cualquier valor, lo que multiplica el riesgo de que los inversores se queden atrapados en una inversión más lenta de lo debido.

La oportunidad para los minoristas

Pero de todo se puede aprender y conseguir alguna ventaja. Los robots también son accesibles para los inversores minoritarios y algunas firmas de valores ofrecen sistemas de automatización de órdenes, aunque obviamente no tan desarrollados como los de la gran banca. "Permiten parametrizar una estrategia y ampliar el abanico de análisis, tanto en número de valores, como en tiempo, porque un sistema puede estar en funcionamiento las 24 horas, mientras que un ser humano necesita descanso", expone Pablo del Barrio.

Para el experto de X Trade, un buen sistema debe cumplir tres premisas básicas: "Que dé rentabilidad en el periodo analizado, que implique el menor riesgo posible y que además sea consistente en el tiempo. Es decir que se vaya repitiendo en el futuro". En cualquier caso, la recomendación del experto de X Trade es diversificar y no apostar por un único sistema automatizado. "Diversificando se reduce el draw down o pérdida máxima posible mientras se mantienen los beneficios esperados individualmente".

El robot proporciona mayor rapidez gracias a su ejecución en fracciones de segundo y una mayor objetividad en la toma de decisiones, sobre todo en el momento en el que aparecen las señales de compra y de venta, porque elimina el componente emocional. "Los robots no tiene sentimientos, no sienten pánico, no tienen miedo, no dudan, no se cansan... La psicología del trading desaparece y tampoco hay cansancio. Se puede parametrizar cualquier estrategia basada en las matemáticas. Las posibilidades son infinitas", razona David Galán. Aunque también expone algunos de los inconvenientes: "Existen muchas variables que los sistemas matemáticos no pueden interpretar. Hay momentos de mercado en los que conviene detener la estrategia y eso el programa no lo hace automáticamente", advierte Galán.

Un sistema requiere la alianza de informática y análisis bursátil, fundamentalmente de carácter técnico, que es analiza las fuerzas de oferta y demanda de un valor y cuál ha sido su comportamiento histórico. Los analistas técnicos parten de que la fijación del precio se produce por desajustes de la oferta y la demanda. Analizando el gráfico y con elementos estadísticos como los osciladores estocásticos, se pueden llegar a hacer proyecciones. El análisis técnico vale para analizar empresas, bonos, índices y cualquier producto de inversión.

Una de las claves a la hora de sentar una estrategia automatizada es hacer lo que se llama Back Testing. Consiste en probar la estrategia una y otra vez antes de ponerla en marcha con dinero real. El objetivo es asegurarse de que funciona adecuadamente y responde a las expectativas. El Back Testing debe durar al menos un mes.

Una de las variables que se medirá en estas pruebas es la capacidad del inversor para soportar una racha prolongada de pérdidas, una eventualidad que solo es posible evitar con los sistemas HFT. El objetivo es, en definitiva, incorporar la gestión de riesgo. Es decir, vigilar y activar mecanismos como los stop loss (límites de pérdidas) para delimitar la asunción de riesgo en función del capital disponible para ello. Optar por sistemas automatizados como estrategia de inversión no significa que el inversor pueda olvidarse de vigilar el mercado. Desarrollar una estrategia que funcione requiere mucha preparación por parte de los inversores. Los robots han incrementado la liquidez del mercado y lo han transformado, aunque su capacidad de incidencia se centra primordialmente en el corto plazo. Las grandes tendencias de largo plazo aún escapan a su control.

"No tienen sentimientos, no sienten pánico, no dudan, no se cansan..."

"Una estrategia de sistemas amplía el abanico del análisis y además puede funcionar las 24 horas del día"

La clave está en la velocidad

El tiempo de decisión de las entidades financieras para operar en los mercados financieros depende de tres claves: "La capacidad de computación para realizar un análisis lo antes posible, la velocidad de transmisión de la información y la capacidad del mercado financiero para ejecutarla", explica el responsable de mercado en España de Colt Telecom, Cristián López.

En este sentido, esta compañía ha desarrollado para las firmas de inversión aplicaciones que reducen al mínimo el periodo de latencia a la hora de la ejecución de las órdenes, agrupan las redes de comunicación para evitar dispersión y retardos en la transmisión de órdenes y soluciones para buscar el alojamiento más cerca al centro de datos donde se producen las operaciones, un tema que es fruto de una enorme competencia entre las firmas de inversión.

La directiva Mifid, que ha abierto a la competencia las plataformas de negociación, hasta ahora en manos de las Bolsas tradicionales, es uno de los grandes factores que ha impulsado la negociación algorítmica, según Colt Telecom. El principio de "mejor ejecución" que establece la Mifid obliga a comparar al menos dos mercados financieros para obtener para el inversor el mejor precio posible. Para llevar a cabo esta operativa en tiempo y forma que sean competitivos con el resto de intermediarios, es preciso el desarrollo de programas informáticos y de telecomunicaciones que permitan realizar la operativa a la mayor velocidad posible.

Uno de los casos más célebres en la lucha por el milisegundo es el que padeció Goldman Sachs en el año 2009, cuando el ex empleado Serguey Aleynikov robó parte de los códigos informáticos que se emplean en los programas automáticos de inversión del banco.

Aleynikov había trabajado durante dos años en Goldman Sachs como programador de alta frecuencia (HFT) y pretendía establecerse por su cuenta. Terminó siendo detenido por el FBI en julio del año pasado en el aeropuerto de Newark. Aleynikov se presenta como un antisistema y ha solicitado ayuda económica a la comunidad internauta global para afrontar los costes de un juicio que comienza ya y que el Departamento de Justicia ha solicitado que sea a puerta cerrada, para evitar que se filtren los secretos operativos de Goldman Sachs.

ventajas e inconvenientes

A favor

Sin miedo. Una estrategia automática elimina todo el factor psicológico en la operativa.

Permanente. Los programas tienen la capacidad de estar en funcionamiento las 24 horas.

Capacidad. La capacidad para procesar datos, hacer operaciones y estrategias es extraordinaria.

En contra

Distorsión. Las máquinas tienen la capacidad de distorsionar los precios del corto plazo.

El análisis. Las variables no matemáticas escapan al análisis de los sistemas para minoritarios.

Seguimiento. Invertir con sistemas no significa olvidarse de hacer seguimiento del mercado.

Los sistemas

Seguidores de tendencia. Tratan de capturar la tendencia de un valor y sacar ventaja. Deshacen la posición cuando termina la tendencia. Son los sistemas automatizados más empleados.

Sistemas Scalpers. Se trata de abrir y cerrar muchas posiciones en un plazo de tiempo muy corto, siguiendo patrones repetitivos de comportamiento del mercado.

Cíclicos. Se basa en aprovechar los ciclos que tienen lugar en todos los mercados cotizados, empleando tendencias que se han repetido históricamente, como, por ejemplo, las recuperaciones bursátiles al final de cada ejercicio.

Roturas de tendencia. La filosofía es precisamente la opuesta a la de los seguidores de tendencia. Lo que se trata es de, empleando el análisis chartista o de gráficos, anticipar los momentos en los que un valor va a romper la tendencia que mantiene hasta entonces para posicionarse y aprovechar ese cambio que va a producirse.