Investigación

Por qué ascender por sorteo sería mejor que escoger según méritos

Investigadores de la Universidad de Catania ganan el Premio Ig Nobel por certificar con estadísticas el principio de Peter.

Un buen día queda una vacante directiva en su empresa. Así que el consejero delegado saca una urna, coloca un papelito con los nombres de los empleados y extrae un ganador que recibe de inmediato un ascenso. Una idea absurda, pero que según un trío de investigadores y profesores de estadística de la Universidad de Catania, en Sicilia, resultaría más productiva que escoger al candidato aparentemente más preparado.

El trabajo, que fue publicado en una revista científica, acaba de recibir el Premio Ig Nobel, que se concede en la Universidad de Harvard anualmente a las investigaciones más extrañas y chocantes. Como corresponde a la ocasión, que ya goza de un prestigio de décadas, Cesare Garofalo, Alessandro Pluchino y Andrea Rapisarda se desplazaron a Boston para recogerlo.

La idea de llevar a cabo esta investigación surgió de su lectura del libro El principio de Peter (en castellano en Debolsillo), en el que el psicólogo canadiense Lawrence J. Peter desarrolla su famoso axioma: "Todo miembro de una organización jerárquica asciende en ella hasta alcanzar su nivel de incompetencia". Es decir, se trepa en el escalafón hasta un puesto en el que se hace mal y, en consecuencia, ya no se asciende más.

Una base sólida

"Empezamos como diversión a trabajar en simulaciones informáticas para ver si podíamos corroborar numéricamente las ideas de Peter. Y pronto nos dimos cuenta de que tenían una base sólida y seguimos investigando más seriamente", explica el profesor Rapisarda, de vuelta de su viaje a Boston.

Tras una labor de meses, el veredicto del trío de investigadores es claro, según Rapisarda: "Un método meritocrático simple que promueve a los mejores al siguiente nivel de mando no da buenos resultados a las empresas. Te arriesgas a elevar a un excelente empleado a un rol nuevo, donde es posible que se requieran distintas cualidades y no rinda, mientras que se ocupa su antigua posición con otra persona que quizá tampoco la haga tan bien. Se corre el riesgo de una pérdida doble. En cambio, la promoción al azar tal vez lleve a un empleado que no esté especialmente cualificado para su puesto a otro lugar donde quizá se desenvuelva mejor".

El texto de los investigadores, titulado El principio de Peter revisado: un estudio computacional, se complementa con una aplicación en Java, disponible en la red, en la que es posible hacer simulaciones en una pirámide organizativa prototípica en seis niveles, que viene a confirmar sus conclusiones.

Por otra parte, Rapisarda señala que, de hecho, sus aparentemente ilógicas conclusiones se contrastan con innumerables experiencias cotidianas que todos conocemos. "Por ejemplo, ves el caso de buenos científicos investigadores que no tienen capacidad para la enseñanza o el trabajo administrativo. Sin embargo, cuando se les premia, es para apartarles de la labor que hacen bien", apunta, para comparar en cambio con la eficacia que muestran los procesos naturales de la evolución: "Cuando una especie desarrolla una característica especial que le facilita la supervivencia, ésta no se cambia (lo que vendría a ser el ascenso), sino que se refuerza (se le daría más dinero para que permanezca rindiendo en el mismo puesto)".

Cuando se le pregunta cuán seriamente proponen que los ascensos sean aleatorios, Rapisarda es algo más prudente: "Nuestro modelo es puramente teórico por ahora, pero creemos que instructivo, y no incluye factores que pueden ser importantes, como los efectos psicológicos sobre los trabajadores al aplicar estas medidas. Estamos abiertos a colaborar con empresas para realizar simulaciones más realistas, pruebas que son necesarias para verificar totalmente nuestros supuestos".

Los tres académicos viajaron a Boston para recibir su premio, que ven como una oportunidad: "Lo han recibido grandes científicos en el pasado y nos está proporcionando una mayor audiencia para nuestro trabajo."

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Galardones que primero hacen reír y luego, pensar

Los premios Ig Nobel reciben su nombre de un juego de palabras entre los galardones suecos y la palabra "innoble" en inglés. Nacieron en 1991 en la revista Annals of Improbable Research, dedicada al humor científico. Se entregan desde entonces en un local de la Universidad de Harvard, en Boston, que comparte los gastos de su organización.

Inicialmente, se consagraban a investigaciones "que no pueden, o tal vez no deben, ser reproducidas", aunque con los años ese eslogan se ha reconvertido a trabajos que "primero pueden hacer reír, pero luego pensar". En parte, porque algunos de los premios han resultado tener utilidad: por ejemplo, el que afirmaba que el mosquito de la malaria podía confundir el olor a queso con el de los pies humanos ha salvado vidas, al emplearse queso para evitar la transmisión de la enfermedad.

Numerosos premios nobel y casi todos los galardonados asisten a la ceremonia de entrega, y este año por primera vez se llevó un Nobel, el de Física, un Ig Nobel previo: el ruso Andrei Geim, que en 2000 firmó un artículo con su hámster.

Ejemplos. Otros Ig Nobel de economía

1992. A Ravi Batra, autor de El crac económico de 1990, por prevenirlo con la millonaria venta de sus libros.

1996. A Robert J. Genco, de la Universidad de Buffalo, por exponer la correlación entre los problemas financieros y las dolencias dentales.

2001. A dos investigadores estadounidenses que demostraron que las personas consiguen retrasar su muerte si así sus herederos pagan menos impuestos por la herencia.

2002. A los ejecutivos de Enron, entre otras compañías, por su aplicación de los números imaginarios a la empresa.

2005. A los emprendedores nigerianos que, a través de millones de correos electrónicos, han creado un amplio abanico de personajes a los que les bastaría conseguir una pequeña cantidad de dinero para acceder a enormes sumas que compartirán con sus benefactores.

2008. A un equipo de la Universidad de Nuevo México por confirmar que las bailarinas de striptease tienen más propinas durante la ovulación.

2009. A los responsables de los bancos islandeses, por demostrar que una diminuta entidad financiera puede convertirse en un coloso en poco tiempo, y viceversa.