TRIBUNA

Seguridad de suministro energético

La Comisión Europea ha aprobado recientemente la propuesta del Gobierno de España a través de real decreto para prorrogar las ayudas al carbón nacional hasta 2014. Los partidarios de esta ampliación del plazo sostienen, entre otros argumentos, que los subsidios a la producción de carbón nacional son necesarios para garantizar la seguridad de suministro energético en un mundo en el que España y la UE en su conjunto son cada vez más dependientes de los combustibles importados. La respuesta de la Comisión Europea a este argumento es que la pérdida de seguridad derivada del fin de las ayudas al carbón nacional, algo que más tarde o más temprano acabará sucediendo, será compensada por un mayor desarrollo de la generación renovable: la generación hidráulica, eólica y la solar proporcionan energía sin necesidad de importar combustibles primarios.

En mi opinión, se trata de un debate en el que ambas partes están sobrestimando sus argumentos. Por un lado, terminar con los subsidios a la producción de carbón nacional no pondría en peligro la seguridad de abastecimiento energético: los principales problemas a este respecto se refieren al gas natural y al petróleo, y no al carbón. Por otra parte, los beneficios de la generación renovable sobre la seguridad de suministro son limitados. Desde una perspectiva de seguridad, existen otros instrumentos tan efectivos como la renovable con los mismos niveles de emisiones de CO2.

En cuanto a la generación de energía eléctrica, en Europa, la garantía principal frente a un problema de suministro se centra en el gas natural. En España la situación es diferente debido al rápido desarrollo de las plantas de regasificación, y que cuenta con una cartera de contratos de gas muy diversificada en orígenes. En la generación de electricidad, el petróleo ya no se consume en cantidades significativas y el gas natural se ha convertido en el combustible de referencia. Las centrales que consumen gas en Europa representan el 75% del total de la nueva capacidad de generación construida desde el año 2000.

Respecto a la generación renovable, hay que subrayar que ésta no es la panacea para la dependencia de la importación de gas. La mayoría de la generación renovable tiene una naturaleza intermitente ya que dependen del viento y del sol. Por lo tanto, requieren generación de respaldo que en su mayoría debe ser proporcionada por una generación de electricidad flexible con centrales de gas. Además, otras tecnologías limpias son al menos tan eficaces como la generación de renovables en la promoción de la seguridad del suministro. La eficiencia energética es la opción más atractiva: la energía más segura (así como la más limpia) es la energía que no se consume. Asimismo, las tecnologías de almacenamiento y captura de CO2 (CAC) y la energía nuclear pueden contribuir a la seguridad de suministro en mayor medida que las energías renovables.

La Comisión tiene razón, tanto en lo económico como en lo medioambiental, en exigir el fin de las ayudas estatales a la producción de carbón nacional a partir de 2014, por mucho que esto sea un duro golpe para las comunidades afectadas. Pero la decisión de promover la generación renovable tiene que sostenerse por sus propios méritos económicos y medioambientales. Las subvenciones a las energías renovables podrían ser una herramienta importante en la transición a un sistema de generación bajo en emisiones, pero de ninguna manera son una condición necesaria y suficiente para garantizar la seguridad del suministro.

Boaz Moselle. 'Managing director' de LECG